Tatuajes: del rechazo a la moda estética

La marca en la piel pasó del tabú a la rebeldía y actualmente al arte. Tatuadores barranquilleros cuentan sus historias y la de sus clientes.
Jesús Rico
A Gabriel Amador la discapacidad de habla congénita con la que nació, no le ha impedido que realice su sueño de ser tatuador profesional. Jesús Rico
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Por: Daniela Eljach @daniellaeljach

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La marca en la piel pasó del tabú a la rebeldía y actualmente al arte. Tatuadores barranquilleros cuentan sus historias y la de sus clientes.

Lo que antes era exclusivo de marineros, presidiarios y prostitutas se convirtió en los 90’s en símbolo de la rebeldía contra el statu quo. Es así como artistas del mundo empezaron a poner sobre su piel tatuajes que reflejaran ese sentir. Desde entonces, hasta el día de hoy, estas marcas se convirtieron en una moda que no distingue categorías. Tatuadores de la ciudad explicaron ese proceso de cambio de estigma y dieron luces de cómo se han incorporado los tatuajes en los barranquilleros (ver galería).

Hablar de la historia de los tatuajes implica remontarse cientos de años atrás. La primera evidencia que se tiene de marcas en la piel se remonta a la era Neolítica, en un glaciar de la frontera entre Austria e Italia donde fue hallado el cazador Ötzi –conocido como el hombre de hielo-, a quien se le identificó cerca de 57 marcas de puntos, rayas y cruces en la espalda y las rodillas.

Siglos después, la práctica se relacionaba con navegantes. Cuenta la historia que en 1771 el tatuaje llegó a Europa a través de exploradores y marinos que emprendieron un viaje a lo largo del océano Pacífico con James Cook como capitán. Él, al llegar a las islas de Tahití, describió cómo las personas se realizaban ‘tatus’ -que traducía marcar o golpear la piel-.

El navegante lo transcribió a su idioma inglés como tattow; y la palabra se incorpora al español a través del francés tatouage, que después derivó en ‘tatuaje’. Desde ahí se estableció que todos los marineros debían llevar su historia en el mar grabada en la piel, como homenaje a los largos viajes que emprendían. 

Estudios antropológicos afirman que estas marcas servían como un eslabón para determinar ciertos rasgos sociales y culturales. Además, identificaban a los delincuentes, cuando los romanos y los nazis usaban los tatuajes como castigo. Y a las prostitutas, porque en Francia en el siglo XIX eran consideradas “un mal necesario”, y para registrarlas las tatuaban, por lo general, con las siglas de su amante o del tatuador.

Pero en la actualidad, aunque no se ha roto por completo el prejuicio sobre los tatuajes, se hacen de forma voluntaria y es símbolo de modernidad. Un estudio realizado por la Universidad Javeriana reveló que el 36% de las personas se tatúan para marcar una etapa de su vida, y el lugar en el que se lo hacen lo piensan meticulosamente para que se vea estético.

Entonces, los tatuajes pasaron de ser una marca negativa a un boom de la modernidad. Hoy en día ya es una industria que se ha popularizado por los cantantes, grupos de música y celebridades en general. Estas marcas han llegado a perfeccionarse de tal forma que exige un gran conocimiento, tatuadores de Barranquilla cuentan detalles de este proceso.

Tatuadores y tatuados en barranquilla. No existe una característica o rasgo en específico que determine quiénes son los encargados de realizar las marcar en la piel que se usan desde tiempos atrás, pero se puede afirmar que es una especie de talento que tienen solo ciertas personas, es el único arte donde el lienzo tiene vida.

Las personas que se dedican a este trabajo pueden variar desde estrato social, hasta profesiones de diferentes rangos. Ronald Horta, por ejemplo, es un tatuador reconocido a nivel nacional. Afirma que marcar la piel es un arte que se tiene desde pequeño, aunque el grupo de personas que se dedican a este oficio se ve disminuido por diferentes razones que los privan de trabajar en lo que realmente les apasiona.

“Desde muy joven me gustaba todo lo que tenía que ver con dibujos y tatuajes, de hecho mi primer tatuaje me lo hice a los 15 años. Pero no me podía dedicar a esto porque era mal visto por la sociedad y por mi familia, así que me dediqué a manejar mi moto, hasta que hace 6 años tomé la decisión y puse mi local, que gracias a Dios me ha llevado a ganar 18 premios a nivel nacional e internacional”, señala Horta.

Si bien no se tienen atributos determinados, se puede decir que la dedicación, la curiosidad y el pulso acompañan a cada uno de los tatuadores –dicen ellos-; mientras que los nervios, la confianza y la satisfacción son el reflejo de quien acceden a realizarse una de estas marcas permanentes.

La mayoría del lenguaje que se maneja en este ámbito es visual y sensorial, por lo que el problema auditivo que tiene Gabriel Amador, un tatuador de la ciudad, carece de importancia en su trabajo. Él padece de una enfermedad congénita que le dificulta la escucha y el habla, lo que ha futuro le garantiza una pérdida total de su sentido auditivo.

Sus clientes han ignorado esto y se concentran en la dedicación y la pasión que deja Amador en cada uno de sus diseños. Asegura que desde pequeño sentía deseo por saber más acerca de este mundo, pero no fue hasta hace 20 años que se dedica a tatuar; inició por conocimiento propio y hace siete años se convirtió en profesional.

Es amante de los tatuajes y dentro de su colección tiene uno hecho por uno de los mejores tatuadores del país y de Latinoamérica: un ataúd abierto con una grabadora adentro y unas flores en los costados, se lo realizó Simón Vélez, un colombiano radicado en Nueva York; y refleja la discapacidad auditiva que tiene.

Hader Otagri, tatuador y socio de Amador, indica que los tatuajes reflejan en muchas ocasiones la personalidad de las personas, ya que busca marcar en su piel las cosas que de una u otra manera ocupan un lugar de importancia en su vida, como nombres o rostros de familiares, dibujos de mascotas o frases relevantes.

“En estos días un cliente llegó y se tatuó un gallo y a pesar de que para nosotros fue chistoso, él nos aclaró que era un símbolo que hacía memoria a un hijo fallecido”, cuenta Otagri. Y agrega que hay otros que simplemente se tatúan porque les gusta la estética del tatuaje en su cuerpo.

Los clientes pueden ir desde los 17 años hasta edades adultas; incluso, hay ancianos que después de años de vida deciden hacerse uno, aunque ninguno le ha tocado a los tatuadores barranquilleros. 

La fiebre por la tinta es en la actualidad un elemento estético más que una esencia rebelde. Por eso, existen servicios de borrado que, pese a su permanencia se logran quitar de la piel. Por el momento, el cuerpo humano seguirá siendo el lienzo artístico sobre el cual muchos deciden grabar para siempre una memoria o momento especial de sus vidas –o simplemente una decoración-.

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