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De izquierda a derecha, Johanna posa junto a su único hijo, Jesús Ernesto, de 12 años, y Tatiana junto a sus dos hijas, Emma Sophia y Ainhoa.
Hansel Vásquez y Orlando Amador
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Mamás y emprendedoras: productividad en dos frentes

Luego de un año de emprender en medio de la pandemia, dos barranquilleras cuentan cómo ha sido dedicarse a sus negocios y a su hijos.

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La pasión por la decoración del hogar y el diseño de mobiliario motivó a Johanna Rodas a emprender. Se animó luego de 14 años trabajando en la empresa familiar y, en 2020, le apostó a abrir su propia boutique de tapicería y decoración de hogar y oficinas. Tenía todo listo para inaugurar su local el primero de abril, pero la pandemia le paró sus planes y tuvo que cerrar al mes de inaugurarse. 

Con la cuarentena y las nuevas medidas tomadas por la Alcaldía, a Johanna no le quedó otra alternativa que cerrar y entregar el negocio. Eso incluyó el pago de la multa por la finalización del contrato. A pesar de este primer portazo, hoy día siente que tomó la mejor decisión pues un proyecto que recién empezaba no iba a sostenerse financieramente bajo esas condiciones económicas y sociales. 

Pero ella no se quedó quieta y gracias al apoyo de su familia trasladó su showroom al garaje de la casa de sus suegros. Tuvo que adecuar el nuevo espacio de trabajo, levantó el techo para tener más espacio y adaptó los muebles que tenía pensado ubicar en el primer almacén.  Se trajo gran parte de los materiales y muebles que había instalado en el local y lo demás lo guardó en la bodega de la empresa familiar.

Trabajar en medio de la pandemia ha sido un reto. Johanna invierte parte de su tiempo en dejar los catálogos y muestrarios de telas en las porterías de los edificios o casas de sus clientes, pues algunos temen visitarla para no exponerse al covid. “Ellos mandan las fotos de sus espacios y las medidas y con esos referentes puedo hacer el diseño y la propuesta”. 

A los que sí se atreven a visitarla trata de agendarlos con varias horas de diferencia para que no se crucen pero, en lo posible, intenta recibir nada más un cliente al día. 

 

Johanna muestra las telas decorativas que ofrece en su ‘showroom’. Hansel Vásquez
Ser mamá y empresaria

Cuando su único hijo, Jesús (12), nació, ella disminuyó su carga laboral para cuidarlo. Su niño “era un milagro de Dios” al que se dedicó “en cuerpo y alma” pues, junto a su esposo, llevaban mucho tiempo anhelando ser padres. Aún así no dejó de trabajar y logró acomodar su horario a solo medio tiempo, el restante lo dedicaba exclusivamente a criar a Jesús. 

Ahora que el niño está más grande, le permite desarrollarse profesionalmente sin tantas preocupaciones. Aún así, Johanna también cuenta con el apoyo de su esposo y el de su familia para salir adelante. Con la virtualidad se siente “dueña de su tiempo” y le gusta porque, aunque la noche llegue, puede seguir creando diseños en su computador mientras su familia duerme.

“Todo es que nos organicemos porque cuando sentimos amor y pasión por lo que hacemos nos alcanza el tiempo para todo. Yo tengo un solo hijo y a mí no me alcanza el tiempo, pero siempre estoy dispuesta”, dice a aquellas mamás que aún no se atreven a dar el paso, pues, según ella, la clave está en “encontrar el equilibrio sin dejar a un lado las responsabilidades como mamá, esposa, hija, amiga y empresaria”.

Los regalos sorpresas de Tatiana Vega

Tatiana Vega encontró en la pandemia una oportunidad para emprender. Tras el auge de los desayunos sorpresas, ella se animó a crear su propio negocio de ese estilo. Aprendió viendo videos tutoriales y ensayando con cada material que compraba para decorar. Así fue como poco a poco se fue surtiendo y mejorando la calidad de sus decoraciones. 

Su primera gran venta se dio el día del padre, en pleno pico de la pandemia logró despachar 40 desayunos cuyos precios estaban entre $30.000 y $120.000. Le costó trabajo, pues “la inexperiencia” casi le gana. Tuvo retrasos en las entregas, pero se sintió tranquila al final porque “no recibió comentarios negativos” de sus clientes. Y así se fue fortaleciendo un negocio que disfrutaba hacer y al mismo tiempo le generaba ingresos.

A Tatiana le toca trabajar de noche pues es el momento en el que sus dos hijas, Emma Sophia (5) y Ainhoa (1), duermen. En ese horario decora las cajas y a eso de las 11 de la noche infla los globos y, antes, los dejaba dentro de un cuarto con el aire acondicionado prendido para evitar que perdieran el brillo, ahora cuenta con un producto que los mantiene intactos. Así, con los arreglos listos, solo se levanta al día siguiente a preparar y terminar de empacar la comida. 

La mayoría de sus pedidos se generan gracias al voz a voz de quienes le compran. Sin embargo, tiene una cuenta en Instagram que le permite conectar con más gente. Actualmente está estudiando sobre el manejo de redes sociales para crecer en seguidores y solidificar su negocio en estas plataformas. 

La barranquillera cumplió un año de trabajar en la decoración de regalos sorpresa. Hansel Vásquez

Tatiana divide su tiempo en emprender y disfrutar de sus hijas. Dice que al principio fue duro organizarse, pues debía responder por todo ella sola. Ahora, cuando puede, se apoya en su esposo y otros miembros de su familia para que cuiden a sus niñas mientras ella trabaja. La mayor, Emma, es “un poco más independiente”, pero Ainhoa demanda más tiempo al ser tan pequeña. La define como “su compañera fiel”, pues es la que está siempre con ella al momento de decorar los regalos. 

“La chiquita me ha apoyado sin saberlo porque otra bebé se levanta y se pone a llorar, pero ella, dentro de su pequeña inocencia, ya entendía la conexión mamá e hija que yo necesitaba y era que se portara bien porque yo estaba trabajando porque necesitaba producir, entonces eso de verdad que sí me llena el alma”. 

Ahora es más práctica gracias a casi un año y medio de experiencia. Sus mejores ventas las hace en fechas especiales como el Día del Niño,  la Madre o del padre, entre otros. 

Dice que está orgullosa de lo que ha logrado hasta ahora, ya que detrás de cada esfuerzo hay una mujer que trabaja a diario por “ofrecerle siempre lo mejor” a sus hijas. Por eso, invita a las mujeres que aún no se deciden a emprender por miedo a fallar o a desconectarse de sus hijos a que los vean “como un motor” que las impulse a salir adelante pues, como madres, “siempre querrán verlos bien” y que no solo dependan de los ingresos del papá, sino demostrarles “que mamá también puede y se esfuerza para darles las cosas”.

 

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