La champeta vuelve y se la juega en el Concejo de Cartagena. De nuevo busca que se le declare patrimonio cultural e inmaterial de la ciudad.
El año pasado, un grupo de artistas y gestores culturales salieron en defensa de esta música luego de que un grupo de concejales, entre ellos Antonio Salim Guerra, impulsó una iniciativa que buscaba prohibir los bailes sensuales de este y otros ritmos afrocaribeños entre los jóvenes, niños y niñas de las barriadas.
Tras años de ser señalada por diversos sectores de – entre otros 'pecados'– ser supuestamente agente conductor de la violencia, ahora la champeta busca su estatus en una sociedad a la que le ha costado trabajo aceptarla de buenas a primeras.
En octubre del 2001 se produjo un hecho sin precedentes hasta entonces. En vísperas de las festividades de la Independencia de Cartagena, el alcalde de la época, Carlos Díaz, decretó racionar el uso no solo del buscapiés (pólvora), sino de la champeta.
Aquello fue Troya. El mundo champetero se conmocionó. La determinación del mandatario de entonces se debió a los hechos de violencia ocurridos un viernes, en las prefiestas novembrinas y en medios de bailes de champeta.
Después de estos episodios recientes y pasados, el Concejo aprobó unánimemente una proposición del concejal William Pérez en la que se cita a la directora del Instituto de Patrimonio y Cultura de Cartagena, IPCC, Bertha Lucía Arnedo, para que explique la posición del Distrito frente a la champeta 'como principal producto de la cultura cartagenera', y si este instituto está diligenciando la presentación de un proyecto de Acuerdo que 'ratifique la declaratoria patrimonial de la misma'.
En el cuestionario propuesto para formular a la Directora del IPCC se indaga sobre si en el instituto a su cargo hay 'estudios acerca de la importancia, trascendencia y significación cultural de la champeta para Cartagena'. Si existen políticas públicas de fortalecimiento de este género.
Además, si se prevé la presentación de una iniciativa que enaltezca a la champeta como patrimonio cultural de la ciudad. El debate está propuesto para el 13 de junio.
Hace un par de semanas, en un acto autónomo, un grupo de artistas del género organizó una declaratoria extraoficial de la champeta como patrimonio de esta ciudad. Se fueron a la Plaza de la Paz, en la ciudad amurallada, dieron un concierto y, con el apoyo de los consejos comunitarios afrodescendientes de poblaciones como Bocachica e islas del Rosario, hicieron la declaratoria.
'Los champetúos nos sentimos orgullosos de lo que somos. Hemos querido estar aquí ante el pueblo cartagenero, celebrar el camino que hemos avanzado, hacer un concierto para nuestra gente', dijo esa noche Viviano Torres, uno de los máximos representantes de la champeta criolla, quien esa vez estuvo acompañado por otras estrellas como Melchor el Cruel; Cándido Pérez, Ito, el Intocable, entre otras. Estas estrellas de la champeta ciolla reconocieron que esta declaratoria es 'el sueño del género', que aún no se cumple.
La iniciativa de enaltecer a la champeta no ha tenido suerte en el Concejo. Las dos últimas veces que se intentó, naufragó. En 2014 fue el entonces concejal Andrés Betancourt quien presentó un proyecto en este sentido, pero no prosperó.
Y en abril de 2015, el IPCC aseguró que poseía un estudio sobre el valor cultural de la champeta en la ciudad para convertirla en patrimonio inmaterial, pero tampoco tuvo suerte y se archivó.





















