Medardo De Jesús Suárez, uno de los más representativos embajadores del sombrero fino vueltiao, por estos días está aislado de su vieja máquina de coser en la que le da los últimos retoques a la famosa prenda, debido a una bronconeumonía que lo mantiene internado en la pieza 15 del hospital San Juan de Sahagún.
Fue él quien elaboró el sombrero 23 pintas que los sacerdotes colombianos le entregaron en julio de 1996 al entonces sumo pontífice, Juan Pablo II, en su visita al país. Es natural de la vereda Bellavista o Los Jesules, en el resguardo indígena Zenú de San Andrés de Sotavento y Tuchín.
'Mi papá está mal, ha sido poca la mejoría desde que lo llevé al médico en Tuchín y de allí ordenaron que lo internaran en este hospital. Requerimos la ayuda de las instituciones gubernamentales y que tienen que ver con la cultura para que el tratamiento se siga haciendo mejor en Montería', indicó Yurlei De Jesús, una de las hijas del artesano.
Medardo tiene inconvenientes con el habla debido a la forma como se ha apresurado la enfermedad. Sin embargo, permanece bajo estricta observación médica en el citado centro asistencial, de la subregión del medio Sinú.
Actualmente es el presidente de la junta organizadora de la Feria del Sombrero Vueltiao, que cada mes de enero se realiza en el perímetro urbano de Tuchín.
El taller familiar en el que se elaboran además de sombreros, otros atuendos en caña flecha, por ahora está en manos de su esposa Juana Peña y del resto de la familia.
Con 75 años, De Jesús, sueña con mejorarse pronto para seguir contagiando al mundo de la nobleza aborigen de quienes hacen el sombrero en pueblos del resguardo, como: Cerro Vidales, Villa Nueva, Lo Verán, San Benito, Carretal, Nueva Esperanza, y por supuesto Bellavista, donde Medardo nació y se crió.
El embajador
De Jesús Suárez ha sido considerado un digno embajador del sombrero fino vueltiao, porque ha expuesto con altura la cultura Zenú en muchos rincones del mundo entre los que se encuentran: Brasil, en 1989; Jerusalén y Madrid (España), en 2001; República del Líbano, también en 2001; y Miami, en 2012.
Fue él además uno de los impulsores de la que es considerada la última moda del sombrero vueltiao, el de 31 pintas, que en su propio concepto es el más fino de todos y cuyo valor pude alcanzar hasta los 2 millones de pesos.





















