Sociedad

PIWI: el “genio” que cumple sus últimos deseos a niños

Luis Cortés, más conocido como Piwi, desde hace seis años se ha dedicado a cristalizar la última voluntad de menores con enfermedades terminales.

“Aves del mismo plumaje vuelan juntas”, esta es la frase que caracteriza a Luis Cortés, más conocido como Piwi, un relacionista público que se las ingenia con sus contactos y redes sociales para desarrollar lo que él considera que es su misión en la tierra: ofrecer momentos de alegría a niños que están a punto de morir.

María Camila fue el primer caso en el que Piwi ayudó a cumplir un sueño. Cortesía
Primer vuelo

La historia del trabajo social de Piwi empezó con una niña cucuteña llamada María Camila Mendieta. Por esas extrañas coincidencias del destino, la pequeña y el cartagenero cruzaron sus caminos en el aeropuerto internacional ‘Camilo Daza’ de Cúcuta hace seis años y desde esa tarde su vuelo tomó el mismo destino.

“Me le acerqué a la mamá porque me enamoré de ella. Le pedí los datos para mantenernos en contacto”. La sonrisa y la dulzura de la pequeña tocó el corazón del relacionista cartagenero.

En conversaciones con la madre de la menor de edad salían a relucir los deseos de ella. Entre la lista de sueños por cumplir tenía el de asistir a un show de la actriz y cantante Carol Sevilla, protagonista de Soy Luna.

“El concierto fue precisamente en Barranquilla, pero primero llegó a Cartagena donde la llevé a conocer el mar. También viajamos a Bucaramanga para volar en parapente”, recuerda Piwi.

En medio de todo ese proceso, los médicos ofrecieron una luz de esperanza para la enfermedad que aquejaba a la pequeña María Camila. A pesar de los diagnósticos, la niña estaba aferrada a dar la lucha, de hecho, siempre manifestaba que cada ser humano tenía una motivación para mantenerse de pie y el de ella era la vida.

Mientras estaban las esperanzas de que la niña se pudiera salvar del cáncer, se realizaron los preparativos para viajar a Disneylandia, y así fue. La pequeña disfrutó cada paseo al máximo, se tomó fotos con las princesas y descubrió aquel “mundo ideal” que veía en las pantallas de televisión.

Cuando regresaron de Estados Unidos tanto Piwi como la familia de la pequeña se dieron a la misión de obtener el tratamiento que podría salvar a María Camila de fallecer a tan temprana edad.

Por desgracia, al mes de haber cumplido su sueño de conocer Disneylandia su salud poco a poco empezó a decaer y Luis Cortés veía cómo la luz de la pequeña a la que ya consideraba como su hija empezaba a apagarse lentamente. “Lastimosamente empezó a postrarse y eso me dolió mucho. Los últimos dos meses perdió el habla, pero me escribió una carta en la que me decía que yo era su segundo papá y que había vivido los momentos más felices de su vida. Me confesó que jamás pensó que iba a tener la posibilidad de conocer Disney”.

Notablemente emocionado, Piwi narra que uno de los sueños que no alcanzó a cumplir la pequeña fue convertirse en una reconocida actriz y cantante. Leer esas líneas provocaron en Cortés un “carrusel” de emociones encontradas.

Afirma que se sintió triste porque ya sabía que en cualquier momento, María Camila cerraría para siempre sus ojos, pero a la vez se sintió feliz de saber que había cumplido el sueño de la niña cucuteña.

Y como el mismo destino lo anunciaba, María Camila perdió la batalla contra el cáncer, pero dejó en Piwi una huella tan imborrable que continuó su labor de cumplir los sueños de más niños con diagnósticos terminales.

Tiempo después se sumó a otra misión, la de una niña llamada Mary Sánchez, del sur de Bolívar. Esta le manifestó que quería celebrar sus 15 años, pero lastimosamente su familia no contaba con los recursos suficientes para organizar una fiesta para esa celebración especial.

Mary Sánchez bailando el vals con Piwi, quien le apadrinó con ayuda de varias personalidades su quinceañero.
Quinceañero

 Al igual que le sucedió con María Camila y como le ha pasado con muchos otros niños, Piwi sintió una conexión especial con la pequeña, de hecho le recordó un poco su infancia por “venir de abajo”. 

Mary Sánchez soñaba con verse como una princesa, y esa fue la tarea principal del cartagenero, hacer que ella se lograra ver como los personajes que veía en revistas.

“Me ayudaron muchos amigos, el vestido lo ofreció una amiga muy especial que es diseñadora acá en Barranquilla, conseguimos el maquillaje, la comida, mejor dicho, todo para que Mary se sintiera feliz”.

Y así fue: la pequeña bailó toda la noche, compartió con sus amigos, disfrutó con sus seres queridos y cumplió su sueño de bailar el vals como tanto lo añoraba.

Piwi fue uno de los que bailó con ella en una noche que considera inolvidable porque marcó la vida de una persona que para él fue muy especial. Pero el desenlace de esta historia fue el mismo. A los pocos meses Mary dijo adiós.

Luis Cortés junto a Jonathan el día que lo llevó a conocer el mar.
Conociendo el mar

Para quienes viven en la región Caribe, ir al mar puede ser un plan para disfrutar cualquier fin de semana; pero para el pequeño Jonathan, de Bucaramanga, no era algo tan sencillo.

La familia de este niño se enteró que él tenía cáncer tan sólo cuatro meses antes de morir. Todos en el núcleo se volcaron para brindarle amor y cariño al pequeño frente al devastador diagnóstico.

Recuerda de forma especial el caso de Jonathan porque su hermanita dejó de asistir al colegio para acompañarlo en sus últimos días de vida. El pequeño estuvo hospitalizado en Bucaramanga, pero al cáncer fue tan agresivo que los médicos le dijeron a sus padres que ya no había nada que hacer por él.

Cortés conoció de este caso y emprendió nuevamente la tarea de contactar a sus amigos y allegados para cumplir el sueño de Jonathan de conocer el mar. “Una amiga y yo nos encargamos de mover masas para conseguir los tiquetes, el hotel y todo lo que implica un viaje. Y así logramos cumplirle el sueño al niño, pero a los 20 días de haber visitado la playa, murió”.

Aunque ya son varias historias como estas las que se repiten en la vida de Luis Cortés, afirma que mientras Dios y la vida le sigan dando fuerzas continuará ofreciendo esta alegría a esos niños que por inclemencia del destino tienen que partir a temprana edad.

Por así decirlo, se acostumbró ver partir a estos pequeños, cada historia le deja una marca especial y un mensaje que considera poderoso: “Aprovechar cada minuto de la vida al máximo siempre tratando de dejarle un legado de felicidad a alguien”.

Pero en medio de todo, Piwi también tiene sus propios sueños, uno de ellos visitar la Casa Blanca y el otro es tener una conversación con el Papa Francisco, porque considera que el Sumo Pontífice y él tienen algo en común: su voluntad por ayudar al que más lo necesita.

“También tengo una pregunta, pero solamente el Papa puede respondérmela”, afirma. Por ahora seguirá haciendo uso de sus relaciones para seguir como una especie de “genio” que cumple los últimos deseos a niños enfermos.

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