Han pasado dos años desde que el vallenato perdió a uno de sus más grandes juglares modernos. Este jueves 21 de mayo se conmemora el segundo aniversario del fallecimiento de Omar Geles, rey vallenato profesional 1987, compositor prolífico, acordeonero virtuoso, cantante, productor y figura esencial para entender la evolución contemporánea del género.
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Aunque su partida dejó un vacío enorme en la música colombiana, su legado sigue vivo. No solo en clásicos que continúan sonando en parrandas, emisoras y conciertos, sino también en el talento de su hijo Daniel Geles, un joven de 23 años que decidió abrazar el mismo camino de su padre: cantar, componer, producir y tocar acordeón.
En diálogo con EL HERALDO, Daniel abrió su corazón para hablar de la herencia artística y humana que recibió del creador de canciones eternas como Los caminos de la vida, Tarde lo conocí y A blanco y negro.

“Soy un muchacho soñador, compositor, acordeonero y cantautor, así como lo fue mi padre. Ahora mismo estoy defendiendo su legado y llevando su música donde Dios me ponga”, expresó con serenidad.
Desde muy pequeño la música comenzó a manifestarse en su vida casi de manera natural. Daniel recuerda que su conexión con el acordeón apareció cuando apenas tenía 3 años. A los 11 años empezó a escribir canciones y poco a poco descubrió otra de las facetas que hicieron inmenso a su padre: la composición. Más adelante, el canto también tomó fuerza, impulsado precisamente por Omar Geles, quien alcanzó a escuchar y orientar los primeros pasos artísticos de su hijo antes de fallecer.
“Yo siempre cantaba porque los compositores acostumbran a cantar sus canciones. Pero antes de que mi papá falleciera tuve una conversación con él y fue él quien me impulsó a hacerlo”.
Innovar sin perder la esencia
Daniel reconoce que cargar el apellido Geles implica una enorme responsabilidad. Las comparaciones son inevitables, pero entiende que construir una identidad propia es parte del proceso. “Nunca faltarán las comparaciones y las similitudes, pero independientemente de todo es mi papá y tengo que parecerme a él en algo”.

Al hablar de su propuesta artística, asegura que busca conectarse con las nuevas generaciones sin abandonar la esencia vallenata que caracterizó a Omar.
“Soy un pela’o con muchas ganas, con cosas juveniles, pero sin descuidar el legado de mi papá. Él también fue un ejemplo de innovación. Se atrevió a hacer cosas muy avanzadas para su época y yo quiero seguir esa línea”.
Esa vena creativa ya empieza a abrirle puertas. Su primera oportunidad como compositor llegó cuando tenía 17 años, gracias al cantante Churo Díaz. “La primera persona que me grabó una canción fue Churo. El tema se llama Me voy a reír, una canción de despecho a la que le tengo mucho cariño”.
Desde entonces otros artistas vallenatos han interpretado sus letras. Ana Del Castillo grabó Nadie me gusta, mientras que Elder Dayán popularizó el hit Caricias nuevas, composición que Daniel escribió junto a su padre. “Esa canción la creamos los dos”, recordó emocionado.
Las enseñanzas de Omar
Más allá de la música, Daniel conserva intactas las lecciones personales que le dejó su padre. Consejos sencillos, pero que hoy se convirtieron en brújula para su vida y carrera. “Él siempre me decía que todo lo que hiciera lo hiciera con amor, con pasión y dedicación. Que cuando uno hace las cosas con amor, el éxito llega solo”, anotó.
Entre los recuerdos más especiales guarda los momentos en el estudio de grabación y las veces que pudo acompañarlo en conciertos. “Intentaba componer con él, lo acompañaba a los conciertos y tocaba acordeón a su lado. Esos son los recuerdos que llevo en mi corazón”.
También reveló cómo era Omar Geles en la intimidad familiar, lejos de los escenarios multitudinarios y los aplausos.

“Era muy cariñoso, muy amoroso, muy complaciente. Era el cómplice de todos en la familia”, dijo uno de los siete retoños de la fenecida estrella vallenata.
Daniel actualmente lidera su propio proyecto musical acompañado por el acordeonero Pipe Daza, joven músico de Villanueva, La Guajira, a quien define como “muy talentoso, carismático y versátil”.
Con Pipe ya ha llevado su música a escenarios de Estados Unidos y México, además de recorrer varias ciudades colombianas. Sin embargo, sabe que el verdadero desafío es mantener vigente la obra de su padre, uno de los compositores más importantes que ha tenido el vallenato. Al pedirle que resumiera en una sola palabra el legado de su padre, no dudó ni un segundo: “Inolvidable”.
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Y quizá esa sea la definición más precisa para un artista cuya obra sigue sonando en generaciones enteras y que ahora encuentra continuidad en un hijo que aprendió de él no solo la música, sino también la pasión por hacer canciones desde el alma.





















