Si alguien pensó que Shakira ya lo había hecho todo a sus 49 años, la realidad vuelve a desmentirlo. Lejos de detenerse, sigue sorprendiendo como si apenas comenzara. Para muchos, con la energía de una artista de 20, volvió a demostrar por qué es una de las figuras más importantes de la música latina de todos los tiempos.
Esta vez, desde la playa de Copacabana, en Río de Janeiro, donde dos millones de personas la acompañaron este sábado en una noche encendida de ritmo, luces y una energía que solo ella es capaz de provocar.
Tras más de una hora de retraso debido a motivos personales, según la cadena Globo TV, el concierto arrancó a las 10:54 p. m. (hora local), mientras que en Colombia se registraban las 8:54 p. m. con una ‘Loba’ vestida de verde, amarillo y azul, en honor a la bandera brasileña.
Antes de que su voz se apoderara de la noche carioca, el cielo de Copacabana fue testigo de un espectáculo de drones.
Luego apareció Shakira con toda su energía. Abrió con La Fuerte, un arranque potente que puso a cantar y a saltar al público desde el primer momento.
La fiesta siguió con Girl Like Me, la canción que hizo junto a Black Eyed Peas. Después llegó un momento muy especial con Las de la intuición, que como en el resto de la gira se unió con Estoy Aquí.
Amor brasileño
La barranquillera vuelve a encontrarse con Brasil, un país que marcó sus primeros pasos internacionales. Hace más de tres décadas, cuando apenas empezaba, fue este público el que la recibió con los brazos abiertos fuera de Colombia.

“Que felicidad estar aquí. Millones de almas reunidas cantando, bailando. Esta noche somos uno”, fueron las primeras palabras de la artista en tarima.
Y es que cuando apenas empezaba a sonar con Pies descalzos, el país suramericano la acogió tanto que la artista decidió aprender portugués en tiempo récord, con apenas 18 años, para comunicarse mejor con quienes ya coreaban sus canciones.
Siguieron clásicos como Inevitable, para pasar al reguetón con TQG, la canción que hizo junto con la también colombiana Karol G, en una presentación en la que prevaleció la coreografía.
Pies descalzos, La tortura, Hips don’t lie, Ojos así y varias de las canciones de su último álbum, que le valió su cuarto Grammy, hicieron parte del repertorio de la artista.
La bicicleta, el tema compuesto a dúo con el también colombiano Carlos Vives, y otras canciones como Chantaje, La tortura y Hips don’t lie, en las que los ritmos colombianos fueron protagonistas, hicieron que la diva mostrara el sabor de su país natal, lo que hizo enarbolar varias banderas de la nación cafetera en medio de la multitud.
Pero fue Waka Waka el tema que más alborotó los ánimos de los espectadores casi al final del concierto, por la energía de su melodía y el despliegue de colores y coreografías en el escenario, que hicieron saltar y cantar al unísono a miles de asistentes.
Resiliencia femenina
Desde el inicio de su gira, Shakira ha dejado claro que su música va acompañada de la fuerza y la resiliencia de la mujer.
Desde el escenario, la barranquillera habló en portugués y puso sobre la mesa una realidad que conecta con millones en el mundo. “En este país, en Brasil, hay más de 20 millones de madres solteras. Sin ayuda, tienen que luchar cada día para sustentar a su familia. Yo soy una de ellas. Este show se lo quiero dedicar a todas las mujeres”.
Shakira no evitó hablar de su historia reciente. Tras su separación del exfutbolista Gerard Piqué en 2022 y su nueva vida en Miami junto a sus hijos, la artista reconoció que no han sido años fáciles.
“Es un sueño para mí estar viviendo esto. Ya saben que mi vida no ha sido muy fácil últimamente, estos últimos años. Lo que sé es que las mujeres, cada vez que caemos, nos levantamos un poco más sabias, un poco más fuertes, un poco más resilientes. ¡Porque las mujeres ya no lloran! Por eso, este show está dedicado a todas las mujeres”.

Más allá de los roles, resalta la esencia emocional y práctica de esa transformación. “Por encima de todo, mantiene el corazón en su lugar, ese que valora los afectos y los valores transmitidos a los hijos, que transforma la vida en danza, incluso en los días difíciles. Hace lo que hay que hacer. En este momento de la historia, eso no es un detalle. Es una forma de no perderse”.
Fue un momento emotivo para cada una de las mujeres que han encontrado en sus canciones un refugio para sanar.
Grandes invitados
Anitta, la primera invitada, apareció hacia la mitad del espectáculo para interpretar Choka Choka a dueto con la diva colombiana, el tema recientemente lanzado por las artistas, y con el que el público bailó sin parar.
Aunque era un secreto a voces, la presencia de la brasileña solo se confirmó cuando apareció en el escenario con un traje tan brillante como el de Shakira.
Le siguieron los hermanos Caetano Veloso y María Betania, dos de las voces más representativas de la música popular brasileña (MPB), con los que Shakira interpretó O leaozinho, un clásico del cantautor con el que trasladó al público a su infancia, y O que é, o que é, una canción de Gonzaguinha que exalta la vida y que la diva interpretó con la cantante bahiana.

La ronda terminó con Ivette Sangalo, una vieja conocida de la colombiana con la que cantó Um pais tropical, canción que ya habían interpretado juntas en 2011, en Rock in Río.
Con ella todos facturan
El impacto económico fue significativo: el concierto generó alrededor de 800 millones de reales (aproximadamente 160 millones de dólares) para la economía de la ciudad, superando ampliamente los registros de eventos anteriores.
Como era de esperarse, la logística de este megashow también marcó un hito en los eventos similares que se habían llevado a cabo en la ciudad.
De acuerdo con el equipo de la artista barranquillera, se construyó el escenario más grande en la historia de este tipo de eventos en la ciudad, con una plataforma de 1.500 metros cuadrados y una estructura elevada de 2,20 metros para mejorar la visibilidad.
El montaje incluyó 680 m² de pantallas LED, una pasarela de 25 metros que acercó a la artista al público. Toda una fiesta en la que ‘la Loba’ aulló a las orillas de su manada con el mar siendo testigo.





















