Compartir:

Andaba calmado. Se estaba portando bien. Tranquilo y sin voz, Jonathan Risueño, entrenador del Deportivo Pasto, se movía de un lado a otro. Su asistente técnico le servía para transmitir sus indicaciones ante la disfonía que padecía.

Ni un reclamo al árbitro. Ninguna polémica con los adversarios. Todo transcurría apacible en el banco técnico del equipo que derrotaba 1-0 a Junior hasta que Guillermo Paiva anotó el gol del empate 1-1. En ese momento, cuando los aficionados rojiblancos gritaban alborozados la diana, la calma del español de 43 años se transformó en nerviosismo y desespero.

Y toda la paz se fue al demonio, paradójicamente, cuando Pasto concretó el 2-1 casi un minuto después de la igualdad. Risueño se volteó y pateó con fuerza una botella de agua que tenía en la zona técnica. Cayó en la tribuna. Incendió a la gente. La hinchada rojiblanca se indignó. Lluvia de insultos inmediata para el timonel extranjero. Le lanzaron algunos objetos.

JOSEFINAVILLARREALEl altercado que generó el técnico del Pasto ante los hinchas.

Risueño no se inmutó después de su ‘gracia’. Ni siquiera una lata que cayó a su lado lo espantó. Seguía celebrando reprimido. Ya se había excedido con la botella. José María Pazo, entrenador de arqueros de Junior, se le acercó. El ibérico le dio unas palmadas en las costillas tratando de darle un tono buena onda al cara a cara, pero algo se dijeron que Pazo lo señaló con el dedo índice derecho y el estratega apretó su mano.

Se separaron con hostilidad. Pazo le caminó, pero un asistente del club visitante y el cuarto árbitro intercedieron y evitaron un encontronazo peor. Risueño se retiró hasta el otro lado. Trataba de centrarse en lo que sucedía en la cancha. Demasiado tarde. Ya había armado el barullo y en la grada de occidental se lo querían ‘comer vivo’.

Hubo intervención de personal de la logística. Intentaban controlar a los fanáticos que disparaban guijarros. Se presentó pelea entre un fanático, sus acompañantes y un chico de la logística. Puño va, empujón viene. Intervino la Policía y también se dieron forcejeos, gritos, empellones y golpes entre los uniformados y el muchachito de la logística.

JOSEFINAVILLARREALLa pelea en la tribuna.

Esa situación continuó y se terminó de controlar fuera de la vista de los asistentes. Lo que todos siguieron viendo en vivo y en directo fueron las reacciones y controversias de Risueño. No pudo disimular su frustración por la remontada de Junior. Ya daba muestras de inconformismo. Ya se le acercaba al cuarto árbitro. Hasta se desesperó con su asistente y le lanzó el balón para que le prestara atención.

Raudo y muy molesto se metió en el banco cuando Canchimbo y Muriel consiguieron el cuarto y quinto gol. La afición se desgañitaba y le hacía gestos celebrando el gol. Le mostraban la camiseta. Lo insultaban. Lo azoraban. Ahora la dicha era rojiblanca. El fastidio hacía erupción en los volcánicos. Más después de la derrota 4-3.

Sin embargo, al final del juego, Risueño saludó y animó a sus jugadores uno por uno. Se dio un fuerte abrazo con Teófilo Gutiérrez. También con Luis Fernando Muriel. Y se marchó gritándole algo a los hinchas. Uno de ellos aseguró, en charla con varios medios que lo abordaron en las afueras del estadio Romelio Martínez, que Risueño escupió hacia la grada, un comportamiento intolerable que Arturo Reyes ya había denunciado del español tras el partido entre Deportivo Pereira y Pasto en Armenia. El samario, entrenador de los ‘Matecañas’, lo acusó de lanzar escupitajos a los aficionados.

“Lanzó un escupitajo a la hinchada, es una falta de respeto”, dijo el fanático comprensiblemente indignado.