El Carnaval de Barranquilla no solo se vive en la Vía 40 ni se limita a los cuatro días de fiesta. Para muchos bailarines barranquilleros, la celebración más grande de Colombia se ha convertido en una identidad que los acompaña incluso cuando la vida los lleva lejos de casa.
Hoy, desde distintos países, cuatro jóvenes artistas formados con la alegría y la pasión del Caribe colombiano, siguen danzando con el mismo orgullo y energía que aprendieron desde niños en academias de danza barranquilleras que no descansan ni un solo día del año y en comparsas que se preparan con meses de anticipación para honrar la tradición.
La migración, motivada por el deseo de crecer profesionalmente, abrirse camino en escenarios internacionales y vivir nuevas experiencias, ha llevado a muchos bailarines a salir de Colombia.
Sin embargo, la fiesta continúa siendo un punto de encuentro emocional y cultural que los conecta con su origen. Algunos logran regresar cada temporada para volver a pisar el Cumbiódromo, los escenarios junto con la Reina del Carnaval y la gran noche de Guacherna, mientras otros celebran desde aquellos países que los acogieron con sus talentos, pero con la esperanza intacta de volver y vivir de cerca el folclor.
En conversación con EL HERALDO, los bailarines barranquilleros Julieth Barrios, Manuel Salas, Mayerlis Cuello y Marlon Mirullo compartieron sus experiencias como artistas migrantes y la manera en que el Carnaval ha marcado sus vidas dentro y fuera del país.
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Las raíces tienen peso

Julieth Barrios, quien actualmente se encuentra radicada en República Dominicana, asegura que su formación en danzas folclóricas y urbanas comenzó mucho antes de pensar en migrar.
“Salir de Barranquilla fue una decisión nacida del corazón y del instinto realmente. El amor por el baile, los primeros escenarios, las caídas y los aplausos comenzaron en mi hermosa Barranquilla. Pero llegó un punto en el que sentí que, si quería crecer de verdad, tenía que atreverme a ir más allá de lo conocido. Salir fue una forma de retarme, de comprobar hasta dónde podía llegar con talento, constancia y fe. Llegar a República Dominicana fue una bendición, porque es una tierra donde la música se respira, donde el baile es cultura, alegría y conexión”, contó la talentosa Julieth.
Barrios asegura que anhela con todo su corazón volver a Barranquilla en época de Carnaval, porque esto sería volver a sus raíces. “Creo que sentiré una gratitud inmensa, porque gracias al Carnaval de Barranquilla pude crecer como bailarina, realmente muchos nos adentramos en la danza es para participar en una comparsa, luego ya lo hacemos el resto del año en presentaciones ajenas al Carnaval”.
El Carnaval inspira

Manuel Salas, quien ha participado en múltiples ediciones del Carnaval como bailarín y como director de una academia de danzas, actualmente desarrolla su carrera artística en Egipto, y coincide en que la fiesta es una escuela de vida.
“El Carnaval te forma como bailarín y como persona. Aprendes a resistir, a darlo todo aunque estés cansado, a sonreírle al público y a representar una cultura. Yo estuve en el Carnaval de Barranquilla 2025, pero luego tomé la decisión de venirme a Egipto a potencializar mi talento, no vine solo, estoy con una de mis alumnas y la experiencia ha sido maravillosa”, contó muy entusiasmado a esta casa editorial.
Aunque este 2026 no puede viajar a su tierra natal, Manuel dice que vive el Carnaval a la distancia porque sigue las transmisiones, conversa con sus compañeros y reviven los recuerdos de cada desfile. “Duele no estar, pero también me impulsa a trabajar más duro para regresar muy pronto y volver a bailar en mi hermoso Carnaval”.
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Se vino desde Turquía

Marlon Murullo ha logrado regresar en algunas ocasiones para participar nuevamente en los desfiles. Para la época decembrina viene a pasar tiempo con su familia, pero espera a que llegue el Carnaval, porque para él esto es sagrado.
“Uno puede bailar en muchos escenarios del mundo, pero nada se compara con escuchar la música folclórica, los tambores, las flautas, ver la alegría de los barranquilleros. Y cada vez que vengo es increíble porque puedo sentir el calor del público”.
Para el bailarín, regresar es una forma de recargar el alma y reconectar con su esencia. “Ahí entiendes por qué empezaste a bailar, esto me lo recuerda siempre, y luego voy a Turquía a trabajar y a darlo todo”.
Agradecimiento al Carnaval

Mayerlis Cuello al igual que Julieth se encuentra en República Dominicana, pero en una ciudad distinta. Ambas bailarinas se conocen y podría decirse que comparten ese mismo sentimiento y amor por la Puerta de Oro.
“Barranquilla y el Carnaval nos ha dado tanto, yo creo que ninguno de nosotros los que estamos por fuera viviendo experiencias diferentes, nos imaginamos alguna vez que estaríamos cumpliendo nuestros sueños. Es inexplicable la forma en que se nos eriza la piel con tan solo escuchar una canción de Carnaval, creo que hasta puedo llorar de la nostalgia. Amo a mi ciudad a nuestra cultura Caribe, porque somos una composición de danzas y disfraces de diferentes partes de la región, pero eso nos hace únicos en el mundo”.
Los cuatro artistas coinciden en que las escuelas de danza de Barranquilla y la fiesta, cumplen un papel fundamental en la preservación y proyección de la cultura caribeña, formando generaciones de bailarines que luego llevan el nombre de la ciudad a escenarios internacionales. “Donde sea que estemos, cuando decimos que somos bailarines del Carnaval de Barranquilla, eso tiene un peso”, señala Julieth.





















