Apasionada por el arte abstracto, la artista barranquillera Ana Milena Támara ha construido un lenguaje propio que traspasa distintas formas de transmitir emoción al momento de realizar sus cuadros.
Estudió arquitectura y se graduó con honores de Diseño de Interiores de la Universidad Autónoma del Caribe, donde siguió su entrenamiento en la pintura al mismo tiempo que se unía a su Alma Mater para enseñar Diseño, Teoría del color y Técnicas pictóricas.
En los años siguientes a la Universidad, la figura humana y bodegones fueron su propuesta estética principal.
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En 1994 tomó la decisión de irse a Miami, Estados Unidos. A esa ciudad se fue con una gran sensación de éxito. Con mucha disciplina obedeciendo a su ritmo personal y a su sentido artístico, se embarcó en la abstracción por una década.
En 2009 se reencontró con el realismo y trabajó con firmeza para seguir los métodos y técnicas de la tradición clásica, inspirándose en sus alrededores.
Tras haber vivido infinitas experiencias por fuera de su tierra natal, la artista ha regresado recientemente a la Puerta de Oro de Colombia para quedarse.
Según ella, esta es una decisión que no solo obedece a un cambio geográfico, sino que también se convierte en un momento significativo en su proceso creativo.
Este reencuentro con el Caribe coincide, además, con una próxima exposición que realizará en febrero de 2027, con el fin de marcar su presencia en la escena artística local.
“Mi evolución ha sido un proceso de honestidad. Mis primeras exploraciones en el arte partieron de la estructura, de la necesidad de comprender el mundo a través de la forma. Sin embargo, con el tiempo, esa lógica se volvió insuficiente. La emoción me llevó a la abstracción. Fue una transición natural, el gesto se volvió mi lenguaje”, explicó en entrevista con EL HERALDO.
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El color como memoria
En la vida artística de Támara, el color no describe, conmueve. Su paleta, está llena de intensidad, es reflejo de su origen caribeño, pero también de una sensibilidad que traduce experiencias en vibraciones visuales según contó Támara.
“El color es mi memoria emocional. No lo uso para representar, sino para activar sensaciones. Cada pieza funciona como un mapa interno donde convergen la memoria, la energía y la transformación. En lugar de narrar historias literales, mis composiciones construyen atmósferas, y esto invita al espectador a detenerse y sentir”.
Su trabajo se describe dentro del arte contemporáneo desde una perspectiva que busca conectar. Para Támara, el arte actual ha dejado de lado la necesidad de explicación para centrarse en la experiencia.
“Me interesa la capacidad de abrir conversaciones emocionales y sensoriales. Esa visión se traduce en un lenguaje abstracto que encuentra equilibrio entre la estructura y la libertad, donde lo íntimo se proyecta hacia lo universal”, mencionó.
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Una artista en expansión
Con exposiciones en países como Colombia, Estados Unidos, Argentina, Perú y República Checa, Ana Milena Támara atraviesa hoy una etapa de consolidación y crecimiento.
Su reciente regreso a Barranquilla, luego de tres décadas en el exterior, marca un nuevo capítulo en su trayectoria, en el que busca reconectar con sus raíces costeñas.
“Mi intención es llevar mi arte a nuevos escenarios donde el color y la emoción tengan un papel central, desde galerías hasta espacios arquitectónicos y plataformas internacionales, pues estoy en un momento de expansión”, expresó.
Y en esa expansión, su propósito permanece intacto, para ella es importante construir un lenguaje emocional honesto, capaz de generar presencia y conexión en quienes también gozan de su talento. “Estamos programados para mi exposición que se realizará en febrero del próximo año”.





















