En el tercer panel de la jornada de la edición número 20 del Carnaval Internacional de las Artes, que se realiza en La Cueva, el protagonista fue el barranquillero Gonzalo Fuenmayor, quien regresó a su ciudad luego de más de dos décadas viviendo en Estados Unidos.
Además, el artista visual es el creador de la imagen oficial de esta vigésima edición con una obra titulada Carmen Orquesta’, un dibujo en carboncillo que parte de la figura de la icónica cantante y actriz brasileña Carmen Miranda. Su propuesta juega con los imaginarios tropicales y los lleva a un terreno surreal e irónico.
Sentado frente al público, el nieto de José Félix Fuenmayor, dialogó con la historiadora del arte Isabel Cristina Ramírez.
“Yo me considero barranquillero y siempre lo he sido, y para mí es un honor estar acá. plan mío con mi papá era recorrer las hosterías desde Barranquilla, ir a comer ostras, cuando tenía diecisiete años me daba cervezas. Era un momento muy lindo con él”.
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Antes de asumirse artista, hubo dudas, desvíos, decisiones difíciles. “Yo siempre fui muy buen estudiante tenía una afición por el arte, dibujaba mucho, pero decidí estudiar administración de empresas, pero hice seis semestres y me dije que esta no es mi vida o soy artista o soy escritor, y escogí la pintura”.
En su trabajo suele cuestionar esas miradas externas, esos estereotipos que reducen lo que somos. “Ese reconocimiento de todos esos clichés acerca del costeño o del colombiano o del latinoamericano hace parte de la obra”.
El plátano como espejo político
Para adentrarse en los detalles de su obra ‘Tropical baroque’, Gonzalo contó que, cuando estudiaba en Estados Unidos, sentía que lo veían primero como “latino” y después como artista. Es decir, todo lo que hacía ya venía con la etiqueta de realismo mágico, pasión, violencia.
“Cualquier cosa que hacía tenía ese tinte por ser colombiano o barranquillero. Yo mismo me estaba exotizando”.

El punto de partida fue el plátano. Algo de todos los días, de su casa, de su infancia. Pero en su obra, empieza a decir mucho más.
“El banano fue el vehículo para hablar de política y de historia, por eso en los dibujos hay lámparas elegantes, como de palacios europeos. Es una imagen extraña, pero muestra cómo una riqueza que nace en el Caribe termina iluminando otros lugares”.
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Pinta lo que muchos esperan ver como lo tropical, el Caribe, pero le cambia algunos aspectos como el color.
“Sé que me estoy exotizando, pero también estoy retando al espectador. Quiero que quien mire la obra no se quede en lo bonito o en lo típico, sino que piense qué hay detrás”.
Apertura de su exposición
Al finalizar la charla, el espacio de Fundación La Cueva dio paso a la imagen con la apertura oficial de la exposición del artista barranquillero Gonzalo Fuenmayor, presentada junto al artista y curador Eliécer Salazar.
Fue Salazar quien tomó la palabra para explicar lo que hay detrás de la muestra. Expresó que se trata del resultado de un proceso de investigación construido a partir del diálogo con el artista durante tres meses.
“Muchas gracias a la Fundación La Cueva por invitarme no solo a ayudar a organizar la exposición de Gonzalo, sino también otras muestras como en la Alianza Colombo-Francesa y la Fábrica de la Cultura”.
Salazar explicó que su papel como curador no se limitó a elegir obras, sino a entenderlas. “A mí me interesa más la curaduría como un proceso de investigación. Nos dimos cuenta que había una preocupación por trabajar en diversos procedimientos, en diversas técnicas”.
El curador lo describe como una conversación entre la imagen y el tiempo. La fotografía captura un instante. El dibujo le suma el gesto del cuerpo del artista, y el video permite manipular ese tiempo.
“Ese tránsito abrió preguntas sobre cómo la imagen se relaciona con la memoria, con el cuerpo, con el tiempo. Cómo nos representamos desde el punto de vista cultural a través de la imagen, o cómo otros han construido esa representación”, dijo Salazar.





















