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Por: Ana María Osorio

Colombia se narra a sí misma a través de sus carnavales. En ellos, los territorios exaltan su identidad, su historia y su manera particular de habitar el mundo. El Carnaval de Negros y Blancos de Pasto y el Carnaval de Barranquilla son dos de las expresiones culturales más emblemáticas del país: uno representa la Colombia andina, el otro la Colombia del Caribe. Distintos en forma y estética, pero profundamente conectados por su origen, su sentido colectivo y su valor patrimonial.

Ambos carnavales comparten un reconocimiento excepcional. Fueron declarados patrimonio cultural de la nación mediante el mismo decreto del Congreso de la República en el año 2001, razón por la cual este año celebran 25 años como patrimonio nacional.

A nivel internacional, la Unesco les otorgó la designación de patrimonio cultural inmaterial de la humanidad con seis años de diferencia: Barranquilla en 2003 y Pasto en 2009, consolidándolos como referentes culturales de Colombia ante el mundo.

Raíces coloniales y espíritu mestizo

Las dos celebraciones tienen su origen en la época colonial y, como lo indica su esencia, poseen un marcado rasgo mestizo. En ellas confluyen los rituales de los pueblos indígenas originarios, la herencia hispánica sustentada en la tradición cristiana y la memoria de las naciones africanas esclavizadas.

Esta mezcla cultural no solo dio forma a las fiestas, sino que construyó un lenguaje simbólico propio que se mantiene vivo hasta el presente.

CortesíaEl Carnaval de Barranquilla se caracteriza por su diversidad cultural.

El Carnaval de Negros y Blancos de Pasto hunde sus raíces en la Epifanía (6 de enero) y en celebraciones indígenas ancestrales. A lo largo del tiempo, estos rituales precolombinos se fusionaron con la tradición católica y la historia colonial, especialmente con el día de descanso que tenían los esclavos el 5 de enero, cuando pintaban de negro a los blancos y viceversa.

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Este acto simbólico representaba la igualdad y la confraternidad, un juego social que evolucionó hasta convertirse en el gran carnaval actual, donde el arte efímero de las carrozas y la participación ciudadana rinden homenaje a la diversidad cultural del sur del país.

Por su parte, el Carnaval de Barranquilla es una celebración precuaresmal, que se realiza tradicionalmente en los días previos al Miércoles de Ceniza, marcando el cierre de las festividades paganas antes del inicio de la Cuaresma y la Semana Santa.

En este contexto, el Caribe colombiano expresa su identidad a través de la música, la danza y la oralidad, con manifestaciones como la cumbia, el mapalé, el garabato y los congos, que resumen siglos de resistencia cultural y mestizaje.

Dos maneras de vivir el patrimonio

Ambos carnavales cuentan con reinas, desfiles, carrozas, conciertos y museos, y se han consolidado como plataformas fundamentales para el desarrollo cultural, social y económico del país.

Sin embargo, cada uno sustenta su patrimonio desde un énfasis particular: en Barranquilla, la tradición se preserva en la forma de celebrar, en la música, el baile y la transmisión oral; en Pasto, el eje está en el juego y en el arte efímero de sus carrozas, verdaderas obras colectivas que existen para ser vividas y luego desaparecer.

Lo esencial es que, en ambos territorios, los ciudadanos encuentran en la fiesta una oportunidad para irrumpir la cotidianidad: salir al encuentro del otro, disfrazarse, crear, jugar y disfrutar. El carnaval se convierte así en un espacio de libertad, expresión y construcción de tejido social.

Gestión cultural con visión de futuro

Las organizaciones responsables de estas celebraciones operan bajo un modelo público-privado, que les ha permitido desarrollar una visión estratégica orientada al fortalecimiento de los procesos de planeación, financiación y, especialmente, a la protección del patrimonio cultural, en articulación permanente con los gobiernos locales y las comunidades portadoras de la tradición.

Prensa Carnaval de Negros y Blancos de Pasto/EFELa celebración en Pasto tiene sus raíces en las fiestas indígenas ancestrales.

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Fiestas que no compiten, identidades que se celebran

El mensaje que dejan el Carnaval de Negros y Blancos de Pasto y el Carnaval de Barranquilla es claro: cada ciudad y cada territorio celebra lo que es.

Las fiestas no compiten entre sí; son expresiones auténticas creadas por su gente, que atesoran tradiciones, honran la memoria colectiva y celebran su historia e identidad. En la Colombia andina y en la Colombia del Caribe, el carnaval sigue siendo un acto profundo de reconocimiento cultural y de celebración de la diversidad que nos define como nación.