
Desde el 14 de marzo de 1996 cuando un burromba estalló en la plaza de Chalán, la arquitectura del pueblo quedó rala, al menos 15 viviendas fueron destruidas y averiadas por la onda expansiva que le quitó la vida a 11 policías que se encontraban en su cuartel.
Era la tercera vez que la guerrilla de los frentes 35 y 37 de las Farc, se ensañaban contra esa población que se llenó de terror y cientos de familias abandonaron sus casas, para salvar sus vidas, otras lo hicieron porque la guerra les destruyó las viviendas.
En esas acciones perdieron sus viviendas las familias Beltrán Amaya, Pla González, Flórez Peluffo, Vélez Pla y González Hernández, sus casas quedaron destruidas e inservibles, por eso tuvieron que desplazarse a otras poblaciones.
Igual practica ocurrió en el vecino Colosó donde la subversión atacó al comando de Policía y otras entidades oficiales, pero en esa actividad bélica, varias viviendas fueron arrasadas por las detonaciones de bombas.
Cerca al comando de Policía de esa población varias casas fueron alcanzadas por las granadas y los proyectiles que lanzaron los guerrilleros para acabar con el cuartel de los uniformados, entre las que se cuentan la familia Mercado, vecinos de los policías. Allí solo quedó el solar de aquella casa grande y de arquitectura típica de la zona.
También perdió su vivienda la familia Borja González, el día que la guerrilla incendió la Registraduría Municipal que estaba ubicada diagonal a la iglesia del pueblo. Todos eran civiles fuera del conflicto, sin embargo, fueron afectados con la pérdida de sus casas y hasta de algunos familiares.
Después de 17 años de haber ocurrido los actos de guerra en Los Montes de María, especialmente en Colosó y Chalán, los pueblos siguen ralos en su arquitectura y las familias damnificadas por efecto del conflicto armado siguen esperando la reparación, al menos de sus casas que vieron caer bajo el fuego de la guerrilla y los paramilitares.
Los escombros de las viviendas hoy son los vestigios de una guerra ajena a la gente de estos pueblos que otrora se caracterizaron por su pintoresco paisaje y sus casas de pretiles anchos donde sus propietarios recibían a los visitantes para largas tertulias.
La reconstrucción de las casas podría ser un componente importante para estimular a las familias que les tocó huir, regresen a sus pueblos y vuelvan a hacer de Colosó y Chalán los pueblos que en otrora y antes que la guerra pusiera sus huevos en esos contornos, escenarios de alegría, producción agrícola y espacios de paz.
JAIME VIDES
El Heraldo
Sincelejo





















