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Política

La ley del Montes | ¿Saqueadores o hambrientos?

A pesar de la muerte de 32 de sus habitantes incinerados, la verdadera tragedia de Tasajera es el olvido y la miseria.

Tasajera es uno de los cientos de pueblos miserables que encontramos en las principales vías del país. Sus habitantes viven de lo que les da la carretera que une a Barranquilla con Santa Marta. Es un pueblo olvidado con gente olvidada. Aunque todos ven a Tasajera, nadie la mira. ¿Por qué no miramos a Tasajera? Porque hacerlo significa encontrarnos cara a cara con su miseria, su tragedia, su desgracia y –claro– con su dolor.

Por el frente de los cambuches donde viven –¿viven?–los habitantes de Tasajera pasan durante las 24 horas del día miles de millones de pesos. Mientras los niños de Tasajera juegan entre las aguas agonizantes y pestilentes de la Ciénaga Grande, que se meten a sus ranchos, o pelean un pedazo de pescado frito con gallinazos tan hambrientos como ellos, por la Troncal del Caribe desfilan sin parar tractomulas cargadas con contenedores cuyo valor supera los cientos de millones de dólares. La riqueza que generan los puertos de Barranquilla, Santa Marta y Cartagena pasa todos los días por las narices de los habitantes de Tasajera, sin que ellos reciban un solo centavo como beneficio.

La única vez que la romería de tractomulas que desfila por Tasajera se detiene por unas horas es cuando sus habitantes –aburridos, cansados y hastiados– deciden bloquear la vía. Aburridos, cansados y hastiados de no tener por décadas ni acueducto, ni alcantarillado, ni luz eléctrica, mientras soportan hasta 40 grados de temperatura bajo soles calcinantes y techos de zinc. Entonces salen a la carretera a quemar llantas y a bloquear la vía con palos y piedras. En ese momento Tasajera vuelve a existir. “Disturbios en Tasajera”, “Habitantes de Tasajera bloquean la Troncal del Caribe”, dicen los titulares de los periódicos y los noticieros. Después que pasa la asonada Tasajera muere de nuevo. Su lenta agonía sigue hasta el próximo bloqueo. Es una especie de juego macabro que pretendemos ignorar, como si al hacerlo dejara de existir. Tasajera es una herida abierta que no sana. Algunos prefieren que siga así porque les permite justificar su corrupción y su cinismo. En elecciones Tasajera y Puebloviejo con sus 30.000 habitantes existen porque allí hay votos. Esos políticos corruptos también viven de Tasajera y trafican con su dolor. Llegan con tulas repletas de dinero para comprar votos de los habitantes de Tasajera, quienes los venden porque con esa plata comen junto con su familia, al menos por un día, aunque no falta quien lo venda para tomar ron o cerveza. ¿Son más corruptos los que venden su voto que quienes se los compran? ¿Alguien tiene la respuesta?

Esta semana la herida abierta de Tasajera volvió a sangrar. El accidente de un camión cisterna que transportaba gasolina y que al ser saqueado por un grupo numeroso de personas ocasionó hasta el momento la muerte de 32 de ellas produjo conmoción nacional. Las imágenes de la explosión del vehículo, así como de las víctimas incineradas, convirtieron de nuevo a Tasajera en noticia nacional. Y de nuevo volvieron los señalamientos y los reproches: ¡Saqueadores! ¡Vándalos! ¡Ladrones! Pero la triste realidad de Tasajera no se puede escribir en blanco o negro. Así como hubo vándalos, también es cierto que muchas de las víctimas son personas humildes que vieron en la venta de un galón de gasolina la posibilidad de llevar comida a su casa. Su temeridad –que les costó la vida– es del tamaño de su miseria. Esa es la triste y cruel realidad.

Pero otro hecho ocurrido en la vía entre Barranquilla y Cartagena también fue noticia. Esta vez un pequeño camión que transportaba pescado se volcó y algunos habitantes de Arroyo de Piedra lo saquearon, sin importarles las súplicas del dueño del vehículo que les pedía que no lo destrozaran. “Es el que me permite llevarles comida a mis hijas”, exclamaba, impotente.

Sus rogativas no fueron escuchadas por los indolentes saqueadores. Nada les importó la tragedia que vivía el conductor y dueño del vehículo. Esa muestra de insolidaridad no es por hambre. Es odio y desprecio por nuestros semejantes. El rostro sonriente de los saqueadores no muestra hambre, sino sevicia con quien lo ha perdido todo. ¿Qué hay detrás de los saqueos a los vehículos accidentados en la Región Caribe? ¿Hambre o vandalismo?

 

Tasajera, cuando el progreso trajo la desgracia

Con la construcción de la llamada Troncal del Caribe a comienzos de la década del 70 se dio la conexión directa entre la Región Caribe y el interior del país. La construcción del Puente Pumarejo unió a Barranquilla con Santa Marta y acabó con el famoso ferry, que permitía cruzar el Río Grande de la Magdalena. En otras palabras, la Troncal del Caribe trajo el progreso a la zona. Pero también ocasionó la muerte o la lenta agonía que no acaba de aquellos pueblos que vivían de la pesca artesanal y del producido de la Ciénaga Grande de Santa Marta. La carretera destruyó el ecosistema y condenó a desaparecer ese valioso cuerpo de agua. Uno de los pueblos más damnificados con el “progreso” fue el corregimiento de Tasajera. Sus habitantes acostumbrados a la pesca se vieron de repente con las manos vacías y sin la asistencia de un Estado que les arrebató lo único que tenían. ¿Qué les quedó? La carretera. Por eso hoy viven de ella, como antes vivían de la Ciénaga Grande. Vivir es un decir: sobreviven, mientras ven pasar los días y los años olvidados y excluidos. Esa es la triste realidad. Punto.

¿Saqueadores o hambrientos?

Pero Tasajera es también un delicado y complejo asunto de orden público. Los atracos a turistas y saqueos a carros accidentados es una realidad que hay que reconocer. Es un modo de vida para una parte de la población que espera todos los días un accidente de tránsito para saquear los vehículos, sin importarles la suerte de sus ocupantes. 

El accidente del camión con gasolina muestra las dos caras de la moneda: por una parte, unos habitantes desesperados por extraer un galón de gasolina para venderlo y tener así para comer, y por el otro quienes sin ningún tipo de precaución quisieron sacar provecho personal del episodio arriesgando su propia vida. Pero unos y otros viven en la extrema pobreza. Lo que para algunos de nosotros es saqueo y vandalismo para varios de los incinerados es simple instinto de supervivencia, por muy paradójico que parezca. Juzgar su comportamiento desde nuestras cómodas oficinas y residencias es por lo menos injusto.

Los carroñeros

La tragedia de Tasajera, que puede explicarse aunque no justificarse desde la pobreza absoluta, tiene otra cara en el accidente del camión cargado con pescado en la vía entre Barranquilla y Cartagena. Allá los movió el hambre, acá el oportunismo, que busca lucrarse de la tragedia ajena. Lo que ocurrió en Arroyo de Piedra está tipificado en el Código Penal como hurto agravado y calificado. Los delincuentes se aprovecharon de la condición de indefensión del conductor del vehículo para cometer su fechoría. De hecho, ya hay varios detenidos. Eso no ocurre solo en la Región Caribe ni es propio de los “costeños”, como de forma maligna y perversa lo muestran en las redes sociales.

En la mismísima Bogotá los “carroñeros” han saqueado camiones accidentados, en Medellín, en Bucaramanga. En fin, no es un tema regional sino cultural. Todo ello habla mal de lo que somos, pero no como Región, sino como país. Habla mal de la sociedad que hemos construido entre todos en la que prima el interés individual sobre el general. Una sociedad “traquetizada” en la que lo único que importa es el beneficio personal. Una sociedad que es solidaria solo en la Constitución Nacional, aunque con contadas excepciones, como ocurrió con otro camión volcado en Nariño, donde sí llegaron a ayudar.

Los de Tasajera son saqueadores, ¿y los de cuello blanco qué son?

A la misma hora que los hambrientos habitantes de Tasajera saqueaban la gasolina del camión cisterna, en cómodas oficinas de las principales ciudades del país estaban fraguando multimillonarios robos. ¿Estos bandidos no son saqueadores? ¿Cómo decirles a quienes están saqueando los dineros de la COVID-19? La Procuraduría y la Fiscalía no dan abasto sancionando a ladrones de cuello blanco y de uñas largas. ¿Cómo llamar a los que se han lucrado desde el sector financiero por cuenta de la pandemia?

Los ladrones y saqueadores son los de Tasajera y los otros son “gente bien que sabe hacer negocios”. ¿Son iguales de ladrones? Creo que no. Algo va de robar por hambre que hacerlo por gusto y por ambición. El propio Código Penal dice que si alguien delinque bajo la influencia de situaciones de “marginalidad, ignorancia o pobreza extrema” puede ser excluido de pena o recibir una sanción menor. Cómo será de grave la pobreza que hasta el Derecho Penal se ocupa de ella y no precisamente para reprocharla.

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