Política | EL HERALDO

¿Quieres recibir notificaciones?
Si
No
INGRESAR Explora tu perfil

Amigo lector,

Haz disfrutado 5 de 10 contenidos gratuitos.

Nuestro deseo es que continues informandote y disfrutando de todo nuestro contenido, por eso te invitamos a iniciar sesión ó crea tu cuenta gratis en nuestro portal.

SUSCRÍBETE
El papa Francisco reza ante el Cristo Milagroso de San Marcelo que en 1552 fue llevado en procesión por Roma para detener una gran plaga.
AFP

La ley del Montes | Escuchemos La Voz De Francisco

El conmovedor mensaje del Papa nos llama a la reflexión y deja muchas enseñanzas sobre cómo afrontar la tragedia del coronavirus. Reflexión.

Nunca antes el papa Francisco estuvo tan acompañado.

¡Qué contraste! La Plaza de San Pedro completamente desolada, mientras miles de millones de católicos del mundo seguían cada una de sus palabras y sus pasos con humildad y reverente devoción. Su histórica bendición “Urbi et Orbi”, bajo un cielo gris plomizo y una pertinaz lluvia, fue recibida como una voz de aliento en medio de la tormenta, como un refrescante bálsamo en una herida sangrante.

El coronavirus, al parecer, logrará lo que nadie había podido alcanzar en cientos de años: unir a la Humanidad. “Nadie podrá salvarse solo”, dijo el Sumo Pontífice ante una plaza silente, como nunca antes se había visto. “Desde hace algunas semanas -dijo Francisco- parece que todo se ha oscurecido. Densas tinieblas han cubierto nuestras plazas, calles y ciudades; se fueron adueñando de nuestras vidas llenando todo de un silencio que ensordece y un vacío desolador que paraliza todo a su paso: se palpita en el aire, se siente en los gestos, lo dicen las miradas. Nos encontramos asustados y perdidos. Al igual que a los discípulos del Evangelio, nos sorprendió una tormenta inesperada y furiosa”.

La bendición del papa Francisco al mundo plantea una profunda reflexión a todas las personas, no solo a los poderosos, que con sus decisiones -muchas de ellas absurdas- rigen nuestros destinos y que hoy lucen tan nerviosos como nosotros. Francisco hace un llamado para que nos concentremos en lo que es realmente importante y nos olvidemos de “esas falsas y superfluas seguridades con las que habíamos construido nuestras agendas, proyectos, rutinas y prioridades”.

Mientras todos los países del mundo, incluyendo a Colombia, por supuesto, buscan desesperados cómo contener una avalancha inevitable, el papa Francisco de forma certera nos dice en qué nos hemos equivocado: “Codiciosos de ganancias, nos hemos dejado absorber por lo material y trastornar por la prisa. No nos hemos detenido ante tus llamadas. No nos hemos despertado ante guerras e injusticias del mundo. No hemos escuchado el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo”.

Las sabias palabras de Francisco nos deben mover a meditar sobre la necesidad de ser solidarios y de pensar siempre en los más débiles y vulnerables. No se requiere de pandemias inclementes para que nuestro corazón esté siempre dispuesto a amar y perdonar. Debíamos pasar por este suplicio para saber qué debe ser lo prioritario en nuestras vidas, no en la de quienes nos gobiernan con sus vanidades y veleidades. “Hemos continuado imperturbables, pensando mantenernos siempre sanos en un mundo enfermo. Ahora, mientras estamos en mares agitados, te suplicamos: Despierta Señor”, dijo Francisco, sereno y piadoso.

La bendición al mundo por parte del papa Francisco desde El Vaticano, en una ciudad que sufre la arremetida de un enemigo poderoso que no quiere ceder. Roma está cansada de contar muertos y clama al cielo para que cese esta noche de terror. “Es hora de elegir -dice Franciscoentre lo que cuenta verdaderamente y lo qué pasa y para separar lo que es necesario de lo que no lo es”.

¿Cuáles son esas lecciones que nos debe dejar la pandemia del Coronavirus y que Francisco destacó en su bendición al mundo?

“Escuchemos el grito de los pobres y de nuestro planeta gravemente enfermo”

Para decirlo de forma contundente, cada día muere más gente de hambre en el mundo que de coronavirus. El hambre es la gran pandemia universal. Es una pandemia producto de la desigualdad y la injusticia social.

De acuerdo con estudios de las Naciones Unidas, todos los años más de 100 millones de personas en el mundo pueden morir de hambre, mientras que para la UNICEF y la Organización Mundial de la Salud, unos 8.500 niños mueren cada día por desnutrición.

En Colombia asistimos casi a diario al vergonzoso, triste y lamentable espectáculo de ver morir por desnutrición a menores en La Guajira, el Chocó y otros departamentos. Mientras ello ocurre, conocemos decenas de casos de corrupción en los que se roban miles de millones de pesos. Nos hemos encargado de acabar con la Tierra, la destruimos con nuestro comportamiento depredador.

Hoy pagamos el precio por despreciar el Medio Ambiente. Hoy observamos, sorprendidos y desconcertados, delfines saltando felices en las bahías de Cartagena y Santa Marta. ¡No sabíamos que existían! Mientras unos 50 millones de colombianos estamos confinados en nuestras casas por cuenta del coronavirus, el oso hormiguero se pasea por las calles de Valledupar, el zorro sabanero se pega un “septimazo” en Bogotá, la zarigüeya trastea sus crías por las calles de Neiva. Y eso ocurre en todas las ciudades del mundo, porque -¡por fin y a la fuerza!- 3.000 millones de seres humanos le hemos dado un respiro a la naturaleza.

“No somos autosuficientes, solos nos hundimos”

Nunca antes los seres humanos habíamos sido tan egoístas y mezquinos. Mientras la tecnología nos conecta con el mundo nos aísla de la familia. Navegamos con destreza en las redes sociales, pero somos incapaces de saludar a nuestros vecinos. El afán de lucro nos domina y el consumismo defi ne nuestras vidas.

Francisco lo dijo con absoluta contundencia: solos nos hundimos. Pero por cuenta del coronavirus también se ha despertado una gran solidaridad por parte de quienes hoy desean compartir sus ganancias y paliar de esta forma las necesidades de millones de personas. Y eso también merece un reconocimiento y hay que celebrarlo.

La gran lección que deja esta terrible experiencia es que en lo más alto de nuestra pirámide vital no puede estar la riqueza, sino los seres humanos. Lo material no puede primar sobre lo espiritual. Punto. “Todos estamos en esa barca”, nos recordó Francisco. El coronavirus nos impuso el reto de unirnos, como países y como personas. Es la única forma de derrotarlo. A la fuerza estamos aprendiendo que todos necesitamos de todos.

“Es tiempo de separar lo que es necesario de lo que no lo es”

¿Qué es realmente prioritario en nuestras vidas? ¿Es el consumismo lo más importante, incluso por encima de principios y valores, como la honradez y servir al prójimo? Esas preguntas, entre muchas otras, merecen respuestas y una profunda reflexión en estos momentos. Pero también debemos replantear nuestro futuro como integrantes de una Sociedad, donde quienes salvan vidas, como los médicos, ganan muchísimo menos que quienes nos distraen en las redes sociales con chismes y asuntos baladíes.

De nada sirve tener miles de millones de pesos en los bancos si no estamos dispuestos a compartir la mesa con quienes lo necesitan. Francisco nos invita a darle su verdadera importancia a esas personas que no aparecen en las portadas de los diarios ni de las revistas, “pero sin duda alguna están escribiendo hoy los acontecimientos decisivos de nuestra historia, como los médicos, enfermeros y enfermeras, así como los encargados de reponer los productos en los supermercados, limpiadoras, cuidadoras, transportistas, fuerzas de seguridad, voluntarios, sacerdotes y religiosas, entre tantos otros que comprendieron que nadie se salva solo”.

¡Cuánta gente infunde esperanza y se cuida de no generar pánico!

Es la hora del manejo responsable de la información. Es hora de rescatar la credibilidad suministrando información veraz y oportuna por parte de los medios de comunicación tradicionales. Nunca antes fue tan importante la búsqueda de la verdad. Quienes tenemos esta enorme responsabilidad no podemos dar cabida a rumores y a versiones sin confirmar. La comunidad necesita hoy más que nunca de información verificada y verificable. Solo así podemos reconstruir la confianza perdida.

Tampoco es tiempo de fatalismos que no contribuyan a alimentar esperanzas. La información falsa genera pánico y zozobra. En tiempos de aislamiento también debemos fomentar espacios creativos y cultivar hábitos sanos, como la lectura y el esparcimiento en familia. La mente necesita despejarse y darle espacio a actividades lúdicas.

El juego en familia hace más llevadero el confinamiento. El llamado es a crecer como personas, teniendo muy presente que nada volverá a ser como antes y que se requiere con urgencia invertir el orden de nuestras prioridades. Estamos descubriendo -atónitos y asustados- que lo que creíamos importante ya no lo es tanto.

⚡ Vive la experiencia de una Feria Virtual 🏠 ¡Desde la comodidad de tu casa! 👉 VISITANOS 🚀

Facebook
Twitter
Messenger
Whatsapp

Más noticias de:

  • Análisis Ley del Montes
  • coronavirus
  • La Ley del Montes
La sesión ha sido cerrada con exíto
Por favor, complete su información de registro aquí
DETECTAMOS QUE TIENES UN BLOQUEADOR DE ANUNCIOS ACTIVADO
La publicidad nos ayuda a generar un contenido de alta calidad
No quiero apoyar el contenido de calidad
X
COMO REPORTAR A WASAPEA
1) Agrega a tu celular el número de Wasapea a EL HERALDO: +57 310 438 3838
2) Envía tus reportes, denuncias y opiniones a través de textos, fotografías y videos. Recuerda grabar y fotografiar los hechos horizontalmente.
3) EL HERALDO se encargará de hacer seguimiento a la información para luego publicarla en nuestros sitio web.
4) Recuerda que puedes enviarnos un video selfie relatándonos la situación.
Ya soy suscriptor web