Estudiantes universitarios participaron en una marcha, el pasado 31 de octubre, el recorrido incluyó la calle Murillo de Barranquilla.
Estudiantes universitarios participaron en una marcha, el pasado 31 de octubre, el recorrido incluyó la calle Murillo de Barranquilla. Archivo EL HERALDO

La Ley del Montes | El temido 21N

Mientras el vecindario está ardiendo, los inconformes y los indignados del país unieron fuerzas para medirle el aceite al presidente Duque en un paro nacional.

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Política

Mientras el vecindario está ardiendo, los inconformes y los indignados del país unieron fuerzas para medirle el aceite al presidente Duque en un paro nacional.

El paro nacional del próximo 21 de noviembre (21N) tomó tanta fuerza que hasta la Señorita Colombia, María Fernanda Aristizábal, decidió sumarse a él. La declaración de la soberana nacional no debió caer muy bien en la casa de Raymundo Angulo, presidente del Concurso Nacional de la Belleza, quien siempre ha estado muy vigilante para que las señoritas Colombia sean “políticamente correctas”, hasta el punto de que les tiene prohibido que hablen de “política y religión”, dos temas espinosos y casi siempre muy polémicos.

Pero la Miss Colombia decidió esta vez convocar al paro nacional en lugar de expresar su admiración por el papa Francisco o la Madre Teresa de Calcuta, que son casi siempre los temas sobre los que prefieren hablar las reinas en Cartagena. La paz mundial es el otro asunto que mueve sus corazones.

Pero la voz de María Fernanda Aristizábal es tan solo una de las muchas que han dicho que marcharán el próximo 21 de noviembre y entre las que se destacan cantantes, deportistas, actores y actrices, como Carlos Vives, Adriana Lucía, Margarita Rosa de Francisco y muchos más. Hasta la Iglesia Católica no se quedó atrás y se sumó a los líderes de la protesta.

Los mayores convocantes de la marcha son los estudiantes, las centrales obreras, los movimientos cívicos defensores de Derechos Humanos y los partidos y movimientos de oposición. Cada uno tiene sus motivos y razones para marchar por todas las ciudades del país el próximo 21 de noviembre.

El paro nacional colombiano se suma a una serie de manifestaciones multitudinarias que se vienen sucediendo en distintos países de América Latina. En Bolivia las marchas le costaron la presidencia a Evo Morales, en Chile tienen contra las cuerdas a Sebastian Piñera, hasta el punto que convocó a una Asamblea Constituyente en un esfuerzo desesperado por salvar su pellejo. En Ecuador el presidente Lenin Moreno debió meter reversa a todo su “paquetazo” económico, dictado por el Fondo Monetario Internacional.

Y ahora le tocó el turno a Colombia, donde -al igual que en el resto de América Latina- hay más indignados que inconformes. Uno podría pensar, por ejemplo, que la Señorita Colombia no está inconforme, pero si está indignada. ¿Inconforme la mujer más bella de Colombia? ¿Cuál puede ser la razón de su inconformidad?

Pero puede que la Señorita Colombia si esté indignada, como estamos todos, con el cambio climático, que arrasa bosques y ríos; con la corrupción, que mata a los niños en La Guajira o deja sin escuelas y hospitales a millones de menores en el resto del país; con la riqueza ostentosa y humillante de unos pocos que tiene en la pobreza extrema a miles de millones de personas en el mundo. Esas, entre muchas otras razones, tienen indignados a millones de colombianos.

Pero así como la lista de colombianos indignados es larga, la de inconformes también lo es. Hay muchos compatriotas que están inconformes, porque creen que deberían ganar un mejor salario, o consideran que deben tener mejores oportunidades de empleo, o piensan que el Gobierno no les debe aumentar la edad de jubilación. Hay estudiantes inconformes que creen que sus matrículas son muy costosas y que deben tener más oportunidades para una especialidad o una maestría. Otros que consideran que se están robando la plata de la educación pública.

El problema que se le creó al presidente Iván Duque es que tanto los indignados como los inconformes decidieron salir a marchar el próximo 21 de noviembre. Los inconformes contra su gobierno y sus medidas, y los indignados contra lo que él representa como gobernante. Y la sumatoria de unos y otros tiene bastante nervioso al alto gobierno, que no ha sabido enfrentar el asunto. Negarlo, como ocurre con los temas pensional y salarial, no es lo más aconsejable, puesto que hay múltiples voces que aseguran que sí está trabajando en esos frentes y con los propósitos que denuncian los promotores de la marcha. Es decir, que su intención si es aumentar la edad de jubilación y desmejorar las condiciones salariales de los obreros del país.

¿Qué hacer con el paro nacional del próximo 21 de noviembre?

Plenas garantías para quienes marchen y para quienes no lo hagan

Hace bien el Gobierno en anunciar que garantizará el derecho constitucional a la protesta. Cualquier decisión o medida que lo limite, no solo afectará las garantías de quienes van a participar del mismo, sino que ubicaría al presidente Duque en los terrenos del abuso del poder y el autoritarismo. Pero así como el Gobierno tiene la obligación de garantizar el desarrollo del paro nacional, también debe garantizar la locomoción, la integridad y la vida de quienes no van a participar de la protesta masiva. Unos y otros tienen igualdad de derechos. Debe por consiguiente extremar medidas de seguridad para evitar que quienes tienen la intención de sabotear las marchas o realizar actos vandálicos sean neutralizados, como en efecto ha ocurrido hasta el momento con algunos extranjeros. El paro nacional del 21 de noviembre no puede acabar en caos y revuelta generalizada, que afecte el comercio y la propiedad privada. De esa situación extrema nadie saldrá ganador. Por consiguiente, Gobierno y organizadores del paro nacional deben buscar puntos de encuentro en la discusión que garanticen el desarrollo normal de las protestas.

La mala experiencia del paro del 77

El paro nacional del próximo 21 de noviembre es una verdadera prueba de fuego para el gobierno de Iván Duque. Para decirlo en plata blanca: se trata de una medida de aceite. También lo será para el nuevo jefe de la cartera de Defensa, Carlos Holmes Trujillo, quien está estrenando cargo, luego de la renuncia de Guillermo Botero. Del manejo de los “paros cívicos” los gobiernos salen fortalecidos o debilitados. A Alfonso López Michelsen el paro cívico de septiembre de 1977 casi lo tumba, al final de su mandato. Ha sido uno de los más violentos y sangrientos del país en toda su historia. El saldo final superó los 30 muertos. Por cuenta del paro cívico, el famoso “mandato claro” de López, terminó convertido en el “mandato caro”. Las centrales obreras le cobraron a López la eliminación de los subsidios a los servicios públicos y el incremento en las tarifas. Juan Manuel Santos prefirió ignorar el paro de agricultores y camioneros, con la cínica y prepotente frase de que “el tal paro no existe”. Pero ni López ni Santos -entre otros- tuvieron un vecindario incendiado, como lo tiene Duque. Los ánimos caldeados en los países vecinos y los logros obtenidos por sus promotores podrían atizar la hoguera en la pradera nacional. Y eso es algo que hay que evitar extremando las medidas de seguridad.

¿Y después del paro qué?

El presidente Duque debe escuchar las voces de quienes desde la academia y centros de estudios -ajenos a la polarización política y a las perversas prácticas clientelistas de sectores de la oposición en el Congreso- le recomiendan sensibilizar mucho más las iniciativas económicas. El palo no está para cucharas. Los bolsillos de la clase media están descosidos y no resisten más. Punto. El salario no aguanta y se esfuma en una semana. La informalidad está galopando en ciudades como Barranquilla, donde no hay semáforos suficientes para tantos hermanos venezolanos, que pelean codo a codo con los nacionales. El Presidente Duque debe recuperar la gobernabilidad a partir de acuerdos sobre asuntos fundamentales, no burocráticos, como pretenden quienes hoy lo someten a todo tipo de juicios y debates. Desenmascarar a quienes posan de patriotas y altruistas, cuando antes vivían ahítos de mermelada, debería ser uno de los compromisos de quienes quieran sumarse a esa iniciativa gubernamental.

Oposición: ojo con jugar con candela

Una cosa es protestar y otra muy distinta es pretender arrasar con todo. Lo primero tiene garantía constitucional, lo segundo debe ser reprimido y combatido con toda la fortaleza del Estado. Reclamar por una mejor cobertura en Salud y una mayor calidad de la Educación no puede prestarse para incendiar universidades y sistemas masivos de transporte. La supuesta no implementación de los acuerdos de La Habana por parte de Duque -una de las razones del paro- no debe ser motivo de ataques terroristas a miembros de la Fuerza Pública. ¿Para oponerse a las reformas pensional, laboral y tributaria hay que destruir almacenes y locales comerciales? ¿Es necesario incendiar los sistemas masivos de transporte, como hicieron en Chile con el Metro de Santiago? Encontrar en el paro nacional el mejor pretexto para generar el caos y debilitar al Gobierno, como de forma irresponsable hacen algunos dirigentes políticos opositores a Duque, tendría un costo político muy alto para quienes fomenten este tipo de prácticas. Es bueno que sepan que nadie con un mínimo grado de sensatez les hará el juego.

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