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El plan político del candidato presidencial cordobés Abelardo De la Espriella se denomina Pensar el Caribe desde el Caribe, y se trata de una reflexión profunda y con conocimiento, entregada a través de 56 páginas, elaborada por la abogada experta en gestión pública María Isabel Campo Cuello, que condensa en 10 temas las necesidades más apremiantes y las soluciones menos ensayadas para esta diversa región del norte del país.

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La campaña, a través de Campo, le dijo a EL HERALDO que el significado del Caribe para esta cruzada política es la del “punto de partida. Es una región con identidad propia, con una forma de ver y vivir el país que durante años no ha sido bien comprendida desde el nivel central. Para la campaña, esa diferencia no es un problema que deba corregirse, sino un valor que debe ser entendido y traducido en decisiones públicas con enfoque territorial”.

Esa identidad, agregan, se expresa en su cultura, en su relación con el entorno, en el mar como horizonte permanente y en una tierra que conecta producción, comercio e historia. El Caribe no solo genera actividad económica: también produce identidad, relato y cohesión social.

“Por eso, gobernar bien la región implica reconocer esa dimensión. Cuando el desarrollo desconoce la identidad del territorio, termina siendo ajeno y, muchas veces, ineficaz”.

Sacudir el centralismo

Durante décadas, reconoce la campaña de Defensores de la Patria, las decisiones sobre inversión pública, infraestructura, agua, desarrollo productivo y ordenamiento territorial se han tomado desde Bogotá sin comprender a fondo estas dinámicas.

“Ese centralismo ha generado una paradoja evidente: una región decisiva para Colombia —por su vocación portuaria, logística, energética, turística y agroindustrial— que no logra convertir su potencial en bienestar sostenido para su gente", se lee.

Advierten en este sentido que existe una deuda histórica con el Caribe, ya que el potencial está, pero el reto es convertirlo en resultados, con dirección, carácter y ejecución.

Las prioridades

“Lo urgente es dejar de administrar la pobreza y empezar a construir soluciones reales. Hoy el Caribe tiene una pobreza cercana al 20 %, y eso no es casualidad: responde a tres problemas estructurales muy claros”, indican.

El primero de estos problemas es el agua: “Durante años se ha confundido agua con obra. Se construyen sistemas, pero el servicio no llega. Sin operadores sólidos y sin sostenibilidad, el problema se repite. Además, se están dejando de usar soluciones más rápidas y eficientes, como el agua subterránea. Con pozos bien diseñados se puede garantizar abastecimiento estable en muchos municipios en poco tiempo”.

Ante esto, resuelven que la prioridad es clara: agua que funcione todos los días.

“La segunda es la productividad, con un foco claro en el campo. El Caribe tiene tierra, agua y vocación productiva, pero está produciendo muy por debajo de su potencial. No porque falten capacidades, sino porque producir sigue siendo difícil y costoso. No hay riego suficiente, el acceso al crédito es limitado y las reglas no dan seguridad para invertir a largo plazo”, exponen.

Por eso la decisión es cambiar ese modelo: llevar riego donde hoy se depende de la lluvia, facilitar crédito real, y dar reglas claras que permitan invertir y producir a escala.

“No se trata de repartir tierra: se trata de volverla productiva. A eso se suma un potencial turístico enorme que tampoco está siendo aprovechado como debería”, explican.

Y concluyen que hay un problema de fondo que atraviesa toda la región: los costos, pues la energía es costosa, la logística es ineficiente y el transporte encarece cualquier actividad productiva, sea agro, turismo o servicios.

Por lo que tienen claro que si no se corrige eso, el potencial se queda en discurso.

Empleo formal

La tercera prioridad del plan de De la Espriella es el empleo formal, ya que en el Caribe la gente trabaja, pero no progresa, porque la mayor parte del empleo sigue siendo informal.

“La prioridad no es solo generar empleo, sino formalizarlo y hacerlo sostenible en el tiempo. Eso implica conectar la formación con la realidad productiva de la región, facilitar la vinculación con empresas y abrir rutas claras de inserción laboral en sectores como agroindustria, turismo, logística y servicios”, anota el documento.

Y dentro de esa prioridad hay un foco especial para la campaña del abogado ‘outsider’: los jóvenes, debido a que hoy miles están por fuera del sistema, sin estudiar y sin trabajar, no por falta de capacidad, sino por falta de oportunidades reales.

“Por eso se va a cambiar ese modelo: pasar de los ‘ninis’ a los ‘sisis’, jóvenes que sí estudian y sí trabajan, con formación corta y pertinente que les permita entrar rápido al mercado laboral”, se lee.

Finalmente, señalan que “el objetivo es uno solo: que el trabajo deje de ser sobrevivencia y se convierta en progreso. Hay potencial. Falta dirección. Y esa es la diferencia de fondo: pasar de un Caribe que sobrevive... a un Caribe que produce y progresa”.

Gerencia Caribe

Revertir el centralismo, precisan desde la campaña costeña, pasa por una decisión concreta: crear la Gerencia Caribe desde la Presidencia, que no es una consejería ni una nueva entidad: “Es una función directa del presidente para ordenar prioridades, coordinar sectores y asegurar que las decisiones se cumplan. Hoy el problema no es que falten proyectos. El problema es que cada entidad decide por su lado, los tiempos no coinciden y la ejecución se traba”.

Por ello, aseguran que con la Gerencia Caribe se trabajará distinto: definiendo prioridades regionales claras, alineando a los ministerios alrededor, y haciendo seguimiento a la ejecución. No se trata, dicen, de quitarle autonomía a los territorios, sino de que la inversión tenga dirección y produzca resultados.

Barranquilla y Atlántico

“En Barranquilla y el Atlántico se ha hecho algo que parece simple, pero no lo es: han sido consistentes. Han tenido continuidad en la gestión, equipos técnicos que saben lo que hacen y una relación seria con el sector privado. Aquí no se cambia todo cada cuatro años, se construye sobre lo que ya funciona”, es el diagnóstico de la campaña de Abelardo sobre la ciudad y el departamento con mejores cifras en la región.

“También han entendido algo clave: que la infraestructura no es solo obra, es desarrollo. Han invertido en vías, en espacio público, en servicios, pero con un propósito claro: atraer inversión y mejorar la calidad de vida”, añaden.

“Y hay otro punto importante: han logrado articular lo público y lo privado. Eso permite que los proyectos se muevan más rápido y tengan impacto real.

Y eso deja una lección muy clara para el país: cuando hay dirección, hay continuidad, hay carácter y hay ejecución, los resultados llegan", puntualizan.

La Guajira

Sostienen en la campaña que en La Guajira es necesario partir de una realidad evidente: los recursos han existido, pero no se han traducido en soluciones.

La península es un departamento que recibe ingresos importantes por su actividad minera y energética, y aun así concentra algunos de los niveles más altos de pobreza del país. Eso refleja una falla grave en la ejecución pública.

“Durante años se han formulado proyectos, pero muchos no se terminan, no se operan bien o no generan resultados sostenibles. El tema del agua es central, pero va más allá de lo técnico. Tiene que ver con llevar las soluciones hasta el final y garantizar que funcionen en el tiempo”, indican.

El segundo frente, explican, es recuperar la capacidad del Estado para ejecutar y hacer control real. No puede seguir pasando que los proyectos se contratan y no se terminan, o se entregan con mala calidad sin consecuencias.

Y el tercero, exponen, es activar la economía: “La Guajira no puede depender únicamente de transferencias. Tiene que aprovechar su potencial energético, minero, turístico y su posición estratégica para el comercio. El reto es convertir ese potencial en actividad productiva real”.

Turismo y realismo mágico

En materia de turismo, anotan que el Caribe tiene una ventaja que pocos territorios en el mundo tienen: una cultura viva.

“El realismo mágico no es un concepto literario aplicado al turismo, es revelar lo extraordinario que ya existe en lo cotidiano. El desafío es organizar esa experiencia como sistema: conectar destinos, rutas culturales, festivales y el río Magdalena, para que el visitante recorra el Caribe y no se quede en un solo punto. Cuando eso ocurre, cambia la economía”, concluyen en la campaña.