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La captura del dictador Nicolás Maduro –y su traslado a Estados Unidos para que sea juzgado por tribunales internacionales– significa el comienzo del fin del régimen dictatorial chavista en el vecino país, después de casi 30 años de hegemonía.

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La detención de Maduro por parte de tropas estadounidenses –luego de una operación militar que duró dos horas y que incluyó ataques aéreos a las principales bases militares venezolanas– es el golpe más letal recibido por la narcodictadura chavista desde que llegó al poder en cabeza del desaparecido Hugo Chávez.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, informó sobre la suerte que le espera al dictador venezolano luego de su captura: “Deberá enfrentarse a un juicio por cargos penales en los Estados Unidos”, declaró Rubio, “hombre fuerte” del gobierno estadounidense.

Aunque Maduro es la figura visible del régimen, detrás de él también operan otros líderes chavistas, quienes deberán ser neutralizados para poder garantizar una transición estable de Venezuela hacia una democracia sólida y duradera. Son ellos el siniestro Diosdado Cabello, el ministro de Defensa, Vladimir Padrino; el fiscal general Tarek William Saab y los hermanos Delcy Rodríguez (vicepresidenta de Venezuela) y Jorge Rodríguez (presidente de la Asamblea Nacional).

Ellos conforman la cúpula chavista y serían –según autoridades estadounidenses– líderes del llamado Cartel de los Soles, organización criminal a la que Donald Trump declaró la guerra una vez comenzó su segundo mandato. De hecho, el propio mandatario la definió como una “organización internacional narcoterrorista”, que tiene como propósito “atentar contra la soberanía y la seguridad de Estados Unidos”.

De ahí que su ofensiva contra dicha organización criminal internacional haya sido considerada por Trump como una “legítima defensa de nuestra soberanía”. Así se lo hizo saber al Congreso de ese país, cuando informó sobre las operaciones militares en el Caribe venezolano.

El Gobierno de Estados Unidos no reconoce la legitimidad de Maduro, ni tampoco le ha dado la categoría de interlocutor válido, más allá de conversar sobre las condiciones para que abandone el poder. De hecho, hasta el propio Trump dialogó con el dictador venezolano en esos términos.

Dicha conversación telefónica –que terminó de forma abrupta– fue interpretada por Maduro como una “concesión” de parte de Trump, hasta el punto de retar al presidente estadounidense en los canales de televisión estatales. “Ven por mí, Trump, aquí te estoy esperando”, vociferó Maduro a comienzos de diciembre, desde los balcones de Miraflores, al tiempo que se disponía a bailar salsa con su mujer, Cilia Flores, quien también fue capturada por las tropas estadounidenses.

La llegada y permanencia del régimen chavista significó un grave deterioro de las condiciones sociales, económicas y políticas en el vecino país. Desde el primer mandato de Chávez –1999– hasta la fecha, más de 9.000.000 de venezolanos han abandonado el país y hoy se encuentran distribuidos en distintas partes del mundo, incluyendo Colombia, donde se estima que residen unos 2.500.000 venezolanos.

Para el presidente de Colombia, Gustavo Petro, la captura de Maduro es también un duro golpe, puesto que –contra toda evidencia– el mandatario insiste en darle legitimidad a quien se robó unas elecciones presidenciales y es considerado uno de los violadores de derechos humanos más grandes del mundo.

Maduro –contrario a lo que sostiene Petro– es un “narcoterrorista”, represor de líderes opositores y el jefe de la organización narcotraficante más peligrosa y poderosa de América Latina. Maduro es, pues, un dictador, que atenta contra los principios democráticos en Venezuela. Más de 1.000 opositores políticos se encuentran en cárceles venezolanas, grave hecho que es ignorado por sus aliados, entre ellos Petro.

¿Qué implicaciones tiene la captura de Mauro por parte de Estados Unidos? Veamos:

¿Cómo fue la estocada final de Trump a Maduro?

Nicolás Maduro no es un presidente legítimo. Su permanencia en el poder es producto del robo de las elecciones presidenciales del 28 de julio de 2024. Ese “raponazo” electoral no solo impidió la llegada a Miraflores de Edmundo González Urrutia –candidato de la líder opositora y premio Nobel de Paz, María Corina Machado–, sino que significó la permanencia usurpadora y retadora de Maduro en el poder. Una vez en la Casa Blanca por segunda ocasión, Trump promovió la condición de “gobernante ilegítimo” de Maduro, al tiempo que comenzó una ofensiva militar sin antecedentes en su contra. En desarrollo de esa ofensiva inició la persecución y bombardeo de lanchas que transportan cocaína desde Venezuela hacia Estados Unidos. También incluyó la incautación de “barcos petroleros fantasmas”, que transportan crudo a países amigos de Venezuela. Hasta la fecha, más de 40 “narcolanchas” han sido destruidas y unos 100 ocupantes han sido dados de baja por soldados navales de Estados Unidos, al considerarlos “narcoterroristas”. El ataque aéreo sobre las principales bases militares venezolanas y la captura del dictador Maduro, el viernes a altas horas de la noche, fue la estocada final de Trump a su principal enemigo en América Latina.

Importante: Trump se burla de declaraciones pasadas de Maduro en las que lo desafiaba a capturarlo

No es una guerra contra Venezuela, sino contra el Cartel de los Soles

Aunque los amigos y aliados de Maduro –entre ellos, Petro– nieguen la existencia del Cartel de los Soles, las evidencias en poder de Estados Unidos no solo desmienten esas apreciaciones, sino que evidencian el propósito criminal de Maduro y sus secuaces de atentar contra la seguridad y la soberanía de Estados Unidos.

Para Trump, la “inundación de cocaína” por parte del Cartel de los Soles tiene la intención de atentar contra la población juvenil de ese país. Y por ello declaró la guerra al Cartel de los Soles. No se trata de una “guerra contra Venezuela”, ni mucho menos de una invasión, sino de una operación militar de gran envergadura, cuyo fin último es acabar con una “organización narcoterrorista” y restablecer la democracia en Venezuela. La captura de Maduro y el desmantelamiento del chavismo deben significar la transición de Venezuela hacia una democracia plena, con libertades y derechos para toda la población, incluyendo la oposición.

Petro no puede ser cómplice de un narcoterrorista como Maduro

Desde la madrugada de ayer –una vez conoció de la captura de su amigo Maduro– Petro no ha dejado de trinar, buscando salidas a una situación que lo afecta en lo personal y también como jefe del Estado colombiano. Trump ha dicho que después de Maduro podría seguir Petro, a quien define como un personaje “hostil” contra Estados Unidos. De manera que –contrario a lo que está haciendo– la solidaridad de Petro no debe ser con Maduro, sino con Venezuela. Son dos cosas muy distintas. Su amigo Maduro deberá responder ante los tribunales internacionales por su actuación criminal y narcotraficante, mientras que Venezuela deberá transitar –ojalá de forma pacífica– hacia la democracia. Con la captura de Maduro, Venezuela se liberó de un narcoterrorista, que usurpó el poder y abusó de su condición de gobernante. Petro no puede ser cómplice de Maduro. Y si lo hace, entonces, deberá asumir las consecuencias de esa osadía. Que no le quepa duda. Punto.

¿Qué le espera al ELN, ahora sin la protección de Maduro?

Durante el gobierno de Petro, todas las organizaciones guerrilleras y narcotraficantes han crecido, tanto en armamento como en número de combatientes. El ELN, por ejemplo, creció tanto en Colombia como en Venezuela. Informes de inteligencia indican que su presencia en el vecino país tiene la aprobación de oficiales de las fuerzas armadas al servicio de Maduro. Ese grupo guerrillero convirtió a Venezuela en guarida para sus fechorías, sin que Maduro actúe en su contra. En contraprestación, el ELN presta “servicios de seguridad” al chavismo en la frontera. La caída de Maduro significa –obviamente– un duro revés para el ELN, que tendrá que replantear su estrategia militar, puesto que una cosa es actuar con absoluta impunidad con Maduro y otra muy distinta tener que enfrentar al ejército más poderoso del mundo. Mientras con Maduro el ELN se dedica al narcotráfico, la minería ilegal y el secuestro, ahora sin Maduro deberá afrontar una merma significativa de sus multimillonarios e ilegales ingresos.