El Gobierno sigue sin encontrar la fórmula que le permita venderles a la mayoría de los colombianos las bondades de la negociación de paz con las Farc. Nada de lo que hace o dice causa impacto o emociona. Ninguna noticia de las que llegan de La Habana despierta mayor interés, ni siquiera las más recientes que hablan de la conformación del Tribunal Especial de Paz, con la ONU y el papa Francisco incluidos.
Es un hecho evidente que la desconfianza y el pesimismo se tomaron los diálogos con las Farc y en esas condiciones el triunfo del SI en el Plebiscito de la Paz -que servirá para refrendar los acuerdos con las Farc- no está garantizado. Hoy por hoy la mayoría de los colombianos no le creen al Gobierno ni a las Farc. Pero tampoco piensan que las cosas van bien o pueden mejorar. Es –sin duda- un pésimo escenario para el Gobierno a pocas semanas de jugarse su suerte en las urnas.
La más reciente encuesta de Ipsos para Semana, RCN Radio y Televisión y La Fm, da como ganador al NO sobre el SI con un 50 por ciento sobre un 39 por ciento. En Junio pasado el SI la ganó al NO con un 56 por ciento contra un 39 por ciento. Curiosamente, la franja de indecisos subió en la medición de Agosto, pues pasó del 5 por ciento en Junio al 11 por ciento.
La desaprobación a la gestión de Santos se trepó a un 76 por ciento, mientras que apenas un 25 por ciento se declara satisfecho con su desempeño como Presidente. La precariedad del respaldo a Santos es otra de las razones que llena de incertidumbre el resultado del Plebiscito, pues una cosa es venderlo con un Presidente popular y otra muy distinta hacerlo con uno impopular.
A ello se suma la creciente inconformidad de los colombianos con el manejo que Santos le ha dado a otros asuntos distintos a la negociación con las Farc en La Habana, como el desempleo –desaprobado por el 86 por ciento de los encuestados-, la salud –desaprobado por el 85%-, seguridad en las ciudades –desaprobado por el 84%-, y la economía –desaprobado por el 82%-, entre otros. Los dos asuntos que salen mejor calificados son: Vivienda y Relaciones Internacionales con el 51%.
El haber metido todos los huevitos en la canasta de la negociación con las Farc alejó al Gobierno de otros temas fundamentales para la inmensa mayoría de los colombianos. En estos seis años de mandato, Santos ha sido reiterativo y monotemático en los diálogos de La Habana.
Un caso reciente es el que acaba de ocurrir durante la Asamblea de la Andi en Cartagena, al que desplazó a todo el equipo negociador del Gobierno para que les explicaran a los industriales las bondades de los acuerdos con las Farc. Mientras ello ocurría, millones de habitantes de la Región Caribe siguen a la espera de un pronunciamiento presidencial contundente sobre la crisis que atraviesa la Costa por cuenta del mal servicio que presta Electricaribe. 'Santos solo quiere hablar y que le hablen de paz. De nada más', me dijo un gobernador al que le pregunté por qué el Presidente no habló del tema en Cartagena.
El talante del Presidente –muy dado a delegar funciones en sus ministros- tampoco contribuye a mejorar su imagen y la del Gobierno. Hay asuntos que no sólo no se pueden delegar, sino que necesitan que el Jefe del Estado se ponga la camiseta y salga a las plazas públicas a impulsarlos.
Acaba de ocurrir con la llamada 'ideología de género', impulsada por la ministra de Educación, Gina Parody, quien terminó colgada de la brocha por el mismísimo Santos, quien en vivo y en directo la desautorizó y desaprobó las cartillas sobre convivencia y no discriminación que ya estaban circulando en algunos colegios y escuelas del país.
Las marchas de millones de colombianos, convocados por la Iglesia Católica y las cristianas, así como por rectores de escuelas y colegios, que llenaron las plazas del país para rechazar la supuesta 'ideología de género', obligaron a Santos a desautorizar a Parody.
Contrario a lo que hizo Santos, que se escudó en su ministra de Educación, en Ecuador, el presidente Rafael Correa, salió a las calles en persona a desautorizar la llamada 'ideología de género', que compromete la formación de millones de niños en escuelas y colegios. 'Me llamarán conservador y cavernícola –dijo Correa en una manifestación en Quito- pero este Gobierno no promueve la llamada ideología de género, aunque respeta a quienes la respaldan'. Lección del episodio: un Presidente no puede delegar lo indelegable.
¿Por qué el NO le está ganando al SI en las encuestas? ¿Qué debe hacer el Gobierno para convencer a los colombianos sobre las bondades de la negociación con las Farc? ¿Cuáles son los principales errores de los promotores del SÍ y los aciertos de quienes respaldan el NO?
Una cosa es la paz y otra los problemas del país
En su afán por vender la negociación con las Farc, Santos y sus ministros terminaron por perderle el pulso al país. La Asamblea de la Andi que se realizó esta semana en Cartagena es un buen ejemplo de ello. Mientras más de siete millones de habitantes de la Región Caribe padecen todos los días las inclemencias del mal servicio de Electricaribe y desean escuchar del Presidente y del ministro de Minas, Germán Arce, una respuesta a la grave situación, el primero de ellos asistió a la Asamblea de la Andi con todo el equipo negociador del Gobierno en La Habana para hablarles a los industriales solo de la negociación en La Habana y el segundo canceló su encuentro con los gobernadores de la Región Caribe, donde se buscarían salidas a la crisis de Electricaribe. La lectura que hacen los costeños es que al Presidente y a su Ministro poco les importa su suerte. La Región Caribe tiene asuntos fundamentales que deben ser atendidos con prontitud por el Gobierno Nacional, como las grandes obras de infraestructura que siguen sin poder definirse, así como la muerte por física hambre de decenas niños Wayuu en La Guajira, entre otros. Igual sucede con otras regiones, cada una con sus problemas que requieren especial atención.
Santos, un presidente sin credibilidad
La altísima desaprobación a la gestión de Juan Manuel Santos (76%) está relacionada directamente con la poca confianza que genera en los colombianos. Y si se pierde la confianza, se pierde la credibilidad. Punto. Uno de los botones de muestra más reciente es el paro camionero, que dejó miles de millones de pesos en pérdidas. El 88 por ciento de los consultados –de acuerdo con la encuesta de Ipsos- cree que Santos no manejó de forma adecuada la crisis que se desató. Igual sucede con el asunto de las relaciones con Venezuela cuyas decisiones vienen acompañadas de grandes signos de interrogación. Es apenas natural que al no confiar los colombianos en Santos, tampoco confíen en la negociación que él encabeza con las Farc. El Presidente no puede pretender que los colombianos confíen en una negociación que lo tiene a él como protagonista principal. Y si a ello se suma que los colombianos confían muchísimo menos en las Farc, entonces el resultado acerca del respaldo al SI en el Plebiscito no puede ser distinto al que –hoy por hoy- arrojan las encuestas. La incertidumbre acerca del futuro de la negociación con las Farc –pese a lo avanzado de los diálogos- se refleja en el pobre respaldo que tiene el ‘SÍ’.
¿Toche contra guayaba madura?
Los amigos del SÍ confían en que con el umbral del 13 por ciento -que les permitiría ganar con algo más de 4 millones de votos- la negociación de La Habana recibirá carta blanca por parte de los colombianos. Hay –si se quiere- un aire triunfalista en sus promotores, quienes además confían en los 'milagros' que hace la mermelada en época electoral. El exceso de confianza se podría convertir en un serio problema para quienes promueven el SÍ, pues muchos de ellos consideran que el respaldo será masivo y que prácticamente no habrá necesidad de hacer campaña. Pero las multitudinarias marchas en contra de la llamada 'ideología de género', que se llevaron a cabo a lo largo y ancho del país, dieron un campanazo de alerta. Y ello es así porque si el rechazo a la ministra Gina Parody se convierte en respaldo a quienes promueven el NO, entonces su triunfo sería contundente.
Álvaro Uribe, el peor enemigo de Santos
Aunque lejos del respaldo abrumador que tuvo como Presidente, de todos los personajes nacionales, el de mejor imagen en la encuesta de Ipsos es Álvaro Uribe (54%), quien anunció que liderará el NO en el Plebiscito por la Paz. Y eso no es un asunto menor. Uribe sabe capitalizar el inconformismo contra Santos, como acaba de suceder con las marchas contra la llamada 'ideología de género', que le permitieron pescar en las aguas que Gina Parody revolvió. Nadie en Colombia encarna mejor el inconformismo contra las Farc que Uribe, quien representa a ese 88 por ciento de colombianos que se oponen a que los jefes de ese grupo guerrillero no vayan a la cárcel, como muestra la reciente encuesta de Ipsos para Semana, RCN Radio y Televisión y La fm. A diferencia de los promotores del SÍ cuyas jefaturas son cuestionadas, la de Uribe como jefe del NO, nadie la discute. Y a la hora de una campaña intensa y corta como la que se viene por el Plebiscito esa es una gran ventaja.
Designación de Gaviria como jefe del ‘sí’, un error
La designación del expresidente César Gaviria como jefe de los promotores del SI fue un error por parte del presidente, Juan Manuel Santos. Aunque Gaviria cuenta con respaldo nacional y dentro del liberalismo, entre otras razones por ser el abanderado de la Constitución del 91, su jefatura tiene serios reparos dentro de la Unidad Nacional. De hecho, ningún partido –distinto al liberalismo- lo reconoce hoy como su vocero. Tanto es así que La U, Cambio Radical, Partido Conservador y los Verdes decidieron que cada uno hará campaña independiente por el SI. El asunto con Cambio Radical –partido del vicepresidente, Germán Vargas Lleras- es mucho más delicado, pues sus relaciones personales y políticas –que siempre han sido malas- hoy atraviesan su peor momento. Esa es una de las razones por las cuales la campaña del SI –que se pensaba que produciría fervor en todo el país- todavía no ha prendido motores. Haber 'liberalizado' el posconflicto y el Plebiscito –ponerle la camiseta del Partido Liberal- es otro error que produjo grietas en la Unidad Nacional, pues partidos como La U –que se jugaron por el proceso desde el comienzo- se sintieron maltratados por el Gobierno. Igual sucede con los que llegaron después, como el Partido Verde, que también cuestiona el protagonismo al liberalismo dado por el Gobierno.





















