Colombia debe tomarse en serio las elecciones de 2026
Este año la ciudadanía decidirá en las urnas si deja atrás la mentira, excusas e incertidumbre como método para gobernar y apuesta por un país que sea posible.
Este año la ciudadanía decidirá en las urnas si deja atrás la mentira, excusas e incertidumbre como método para gobernar y apuesta por un país que sea posible.
Pero detrás de esta operación militar para capturar a Maduro, está todo un poder económico de grandes proporciones por ser uno de los países más ricos del mundo: petróleo, litio, oro, bauxita, diamantes, caliza, agua, biodiversidad y tierras raras (por las que Rusia invadió a Ucrania), las hayacas y las arepas de las venezolanas.
Dejar las excusas no implica abandonar la realidad ni ser insensible con uno mismo, implica honestidad y significa aceptar que sí somos responsables de nuestras decisiones y de cómo respondemos ante los obstáculos.
Para el gobierno colombiano, encabezado por Gustavo Petro, el escenario ha sido particularmente incómodo. La convivencia diplomática se ha degradado a niveles propios de un reality show al estilo de La casa de los famosos.
Pero lo que sí es inaceptable es que justo hoy en el norte de nuestra ciudad se estén demoliendo bellas casas de arquitectura moderna que deberían ser consideradas como patrimoniales porque no solo las construidas hace un siglo se merecen ese reconocimiento, para construir sobre sus escombros edificios de varios pisos.
La invitación está abierta para quienes han creado empresa, agencia o medio; para quienes facturan y generan empleo formal. Si logramos organizarnos, no solo seremos más fuertes, seremos más competitivos.
En América latina sucedió lo contrario, el pensamiento castrista fue cerreramente anti capitalista, totalitario y autocrático; e hizo tres aportes: el intervencionismo militar sin ambages desde Bolivia hasta Angola, un antiamericanismo visceral y la connivencia con el narcotráfico porque este debilitaba el imperio.
Cada uno de los colombianos habilitados para ejercer su derecho al voto tenemos la responsabilidad de elegir dirigentes que sepan interpretar las necesidades del país en medio de este entorno global cambiante y, lejos de intereses mezquinos, lograr las mejores políticas públicas que se traduzcan en mejores condiciones de vida para Colombia.
Ya está bien de seguir engañados, ni Petro ni el candidato Cepeda respetan la Constitución. Aun cuando reclaman su coautoría, nunca les ha gustado, ven en ella una talanquera al ejercicio del poder sin restricciones. Detestan al Congreso, a las cortes y a los órganos de control.
El exdefensor del Pueblo ha sido un férreo opositor de las políticas del ejecutivo.