Educar para la vida, la tarea pendiente del sistema educativo
Miles de colegios cerrados revelan una crisis educativa que combina demografía, economía y un modelo pedagógico que no supo evolucionar ni formar para el futuro.
Miles de colegios cerrados revelan una crisis educativa que combina demografía, economía y un modelo pedagógico que no supo evolucionar ni formar para el futuro.
Retrocede la democracia de la mano del populismo de todos los colores. El asunto es tan grave que el que debiera ser el líder democrático de Occidente, el presidente de los Estados Unidos, no teme decir de sí mismo que es “un dictador”. No lo es, pero después de su declaración de Davos queda clarísimo que quisiera serlo.
La convivencia con la inteligencia artificial obligará a repensar no sólo cómo trabajamos o aprendemos, sino cómo envejecemos y cómo enfrentamos la soledad. La robótica ya avanza hacia un escenario en el que las máquinas no solo asistirán tareas, sino que cuidarán y acompañarán a los seres humanos en los tramos finales de la vida.
Y no me extraña que detrás esté la sociedad del entretenimiento, en la que se supone que todo aquel que ejerce liderazgo tiene que ser entretenido. Por eso los discursos, los disfraces, los ´shows´ de algunos de estos líderes. Ellos forman parte de la pantalla que entretiene y hace olvidar el dolor de la vida diaria.
Entre los múltiples mensajes de su nutrido discurso, quizá uno de los más relevantes sea el reconocimiento de que países como Canadá —potencias medias— tienen hoy el poder y la capacidad de contribuir a la construcción de un orden global basado en el respeto por los derechos humanos, los compromisos con el desarrollo sostenible y la integridad territorial de los Estados.
Entre los múltiples mensajes de su nutrido discurso, quizá uno de los más relevantes sea el reconocimiento de que países como Canadá —potencias medias— tienen hoy el poder y la capacidad de contribuir a la construcción de un orden global basado en el respeto por los derechos humanos, los compromisos con el desarrollo sostenible y la integridad territorial de los Estados.
Tal vez este año no necesite más promesas, sino más honestidad. Menos metas desconectadas y más decisiones posibles. Menos autoengaño y más coherencia entre lo que queremos y lo que estamos dispuestos a cuidar, interna y colectivamente.
No porque él lo haya inventado, sino porque lo dijo de frente y lo aplica sin complejos. Trump convirtió en doctrina lo que muchos ya venían practicando en silencio: si quieres algo, presiona; si no funciona, castiga.
Se deben garantizar los pagos oportunos, las condiciones dignas, el respeto por su rol y un rediseño real de su remuneración y cargas. Defender derechos no puede seguir siendo un acto heroico.
Retrocede la democracia de la mano del populismo de todos los colores. El asunto es tan grave que el que debiera ser el líder democrático de Occidente, el presidente de los Estados Unidos, no teme decir de sí mismo que es “un dictador”. No lo es, pero después de su declaración de Davos queda clarísimo que quisiera serlo.