La frágil estabilidad hemisférica
El nuevo y complejo escenario para la política internacional en las Américas tiene en ascuas a varios países.
El nuevo y complejo escenario para la política internacional en las Américas tiene en ascuas a varios países.
Lo cierto es que Estados Unidos aplicó su Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en diciembre de 2025, que reordena prioridades geoestratégicas bajo la presidencia de Donald Trump y devuelve al hemisferio occidental un lugar central después de años de atención concentrada en otras regiones. Washington volvió a mirar a América Latina, como lo han señalado el propio presidente Trump y el secretario de Estado Marco Rubio.
La esperanza que genera la salida de Maduro entre los venezolanos y la comunidad internacional es natural, pero no debe traducirse en ingenuidad. Si Estados Unidos va a encargarse de “administrar” Venezuela, ello debe tener como fin último la devolución plena de la democracia, y no responder exclusivamente al evidente interés económico.
Lo que nadie mide, es que esta moñona alguien la tiene que pagar. Y son precisamente los afiliados al sistema de pensiones. Esto va a significar riesgos de liquidez y de mercado, que reducirán la rentabilidad de nuestro ahorro pensional (en una especie de un impuesto a nuestras pensiones).
Petro no es Maduro ni Colombia es Venezuela. Acá, aunque con problemas y debilidades y a pesar del propio Petro y sus intentos por socavarlas, funcionan las instituciones. No hay necesidad de una quirúrgica operación norteamericana.
Al iniciar este nuevo año tenemos que entender que no podemos construir nuestro proyecto de vida desde la creencia de que la fortaleza es no necesitar a nadie, porque ello termina volviéndose soledad, y para ser felices necesitamos establecer conexiones profundas y honestas, en las que reconozcamos la necesidad que tenemos de los demás.
Por eso la responsabilidad ahora recae en Estados Unidos. Si decidió usar la fuerza, que sea para defender esos principios. Usarla solo tiene sentido si es para que 24 millones de venezolanos vivan mejor.
Este episodio también dejó en evidencia la extraordinaria capacidad de las fuerzas armadas estadounidenses para ejecutar una operación de enorme complejidad militar, logística y de inteligencia. Ese solo hecho envía un mensaje inequívoco no solo al remanente del chavismo en Venezuela, sino a todos los dictadores —y aspirantes a serlo— sobre el significado práctico de las advertencias de Washington.
Venezuela sigue siendo un país con heridas profundas y con desafíos enormes, pero también es un país que hoy observa, con un brillo renovado en los ojos, que la historia puede girar y cambiar a favor de la gente. Que la justicia, aunque tardía, puede llegar. Que la dignidad humana no es negociable, y que levantar la mirada después de tanto dolor es no solo legítimo, sino necesario.
Lo cierto es que Estados Unidos aplicó su Estrategia de Seguridad Nacional, publicada en diciembre de 2025, que reordena prioridades geoestratégicas bajo la presidencia de Donald Trump y devuelve al hemisferio occidental un lugar central después de años de atención concentrada en otras regiones. Washington volvió a mirar a América Latina, como lo han señalado el propio presidente Trump y el secretario de Estado Marco Rubio.