Por: Por: Mario Vorbau Insignares, usuario de Wasapea a EL HERALDO.
Puedes decirme mi nombre, que es como el de mi padre y mi abuelo, el primer nombre y el apellido son los mismos, pero ellos dos son barranquilleros, y yo, brasilero. Desde que he venido a Barranquilla en 2006, cuando era niño, una cosa en especial me llamaba mucho la atención en la ciudad: sus habitantes.
No hablo de las personas, pero sí de sus habitantes que más llaman la atención de un niño aficionado a los dinosaurios y animales en general. Hablo de esos habitantes de cola larga y escamas verdes que por los árboles de la ciudad llegaban al jardín de mi abuela: las iguanas.
Ya que en Brasil no se encuentran como acá, me fascinaban; las veía como una huella digital de la ciudad. Tuve la oportunidad, durante los años en que vine, de observarlas y mirar de cerca hasta a las más grandes con aquella cola enorme.
Vine por última vez en el 2012 y volví en el diciembre de 2016. Ahora encuentro una Barranquílla más grande, con más luces por la noche, centros comerciales con una gran variedad y un tamaño incomparable con los de mi Niterói, en Brasil.
La ciudad se encuentra más bella y está creciendo de una manera que nunca me habría imaginado, con construcciones a donde mires. Pero no veo a mis iguanas. No he visto iguanas desde que llegué a Barranquilla... ¿A dónde se fueron las iguanas de esta ciudad? ¿Quizá el progreso las consumió? Me acuerdo también de los que vendían huevos de iguana en las carreteras cuando iba a Cartagena, ¿habrán matado a todas?
Fui al zoológico en la 75 y allá logré encontrar en jaulas a algunas iguanas que comían con los pájaros, en seguridad, en un refugio. En el zoológico pude mirar ardillas, que también me hacían falta y solo las pude encontrar en jaulas. En realidad no puedo afirmar qué les sucedió a las iguanas, pero si sé que el progreso se intensificó y ellas se fueron.
Los ataques ecológicos corresponden a un asunto muy aterrador, especialmente en un país con una biodiversidad tan grande y única como lo es Colombia. En Barranquilla se ha perdido casi toda la huella digital que veía antes.
Tras mucho empeño logré encontrar dos grandes iguanas y me llené de esperanza. Aún están por acá, y ojalá vuelvan a estar por todas las partes, pero mientras no sea así, queda la alerta sobre la inminente desaparición de ellas.
Quizá el progreso, que no menosprecio, haga a la ciudad brillar como nunca, pero no es mas capaz de hacer brillar los ojos de este niño que llevo adentro, fanático de los reptiles, como lo hacía antes.




















