Magdalena

Ferry de Salamina, en jaque por el fenómeno erosivo

La operación de este sistema de transporte ha presentado dificultades en su operación por las inundaciones y desplomes del terraplén en Puerto Giraldo y Salamina, respectivamente.

En Puerto Giraldo, en el Atlántico, y Salamina, en el Magdalena, ya no hay bulto de arena ni jarillón recién creado que aguante la constante creciente del Río. En estos pueblos ribereños, zonas de embarque y desembarque del ferry que comunica a los dos departamentos en mención, las aguas de la principal arteria fluvial del país, que ha recibido por el brazo de Loba el desbordado caudal del río Cauca, han puesto en jaque la operación de este importante medio de transporte al inundar las zonas de atraque, un encharcamiento que desestabiliza el terreno y genera dificultades para los vehículos que pasan día a día por estos sectores.

La parálisis de la operación, a juzgar por la situación actual, que cada día se agudiza más, parece inminente. En Puerto Giraldo, a raíz del aumento de los niveles del río Magdalena, los campesinos y operarios del ferry se han visto obligados a proteger el carreteable con cientos de sacos de arena a cada lado y con el fortalecimiento y aumento del terraplén, pero la ‘pelea’ con el agua es totalmente perdida y, a pesar de sus esfuerzos, el río siempre ha encontrado la forma invadir lo que considera que  es suyo. Hasta tal punto que solo hay un camino de más o menos seis metros de ancho que está seco. Todo lo demás está flanqueado por el imponente Magdalena.

Hace menos de 15 días, con los primeros rayos del sol, los habitantes, campesinos, vendedores, clientes y operarios del ferry se estrellaron con la antesala de una situación que puede agravarse más: el puerto inundado. Las aguas anegaron toda la zona, los carros se atascaron en el terreno fangoso y varios cultivos de maíz se ahogaron. La problemática, con el pasar de las horas, pudo solucionarse aunque costó mucho. 

El Ferry llegando a Salamina.

“Hay mucho miedo la verdad y creo que las condiciones se complican mucho. Ya cuesta mucho atracar al ferry y que los carros y vehículos pesados suban con facilidad. Se han visto problemas por eso. La cuestión es que esto no puede parar, a menos que sea demasiado grave, porque aquí se transporta gente enferma que va a los hospitales, se transporta comida, ganado y muchas cosas. La gente no puede perder su sustento, pero pienso que esto está siendo muy duro para todos por el crecimiento del Río. Salamina está ya a la merced del agua”, contó un trabajador que prefirió omitir su nombre.

Es tan crítica y preocupante la situación que hay zonas donde el agua le llega a la cintura a las personas que laboran cerca del puerto. Los campesinos han alertado que en cualquier momento puede nacer un chorro y llevarse lo poco que queda, pero –a pesar de la emergencia– y de la desequilibrada lucha, día a día, noche a noche, buscan la forma de controlar el río para que su cotidianidad y su bolsillo no se vean afectados. Según sus cuentas, el río se ha devorado, al menos, seis metros del terraplén donde desembarca el ferry, un fenómeno que sigue en alza y que ya amenaza más hectáreas de cultivo y zonas donde pasta el ganado.

“Esto está maluco porque el río está muy alto; entonces, nos da miedo que aparezca un chorro y no quede nada. Todo se hundiría. La otra vez el puerto se inundó y todo esto se volvió intransitable. Uno se llena de miedo y preocupación porque de esto vive mucha gente. Imagínese que el puerto no pueda seguir funcionando... las pérdidas serían grandísimas. El Magdalena y el Atlántico están incomunicados. Eso es algo muy grave y que nos golpearía mucho a todos”, contó Sixto Cantillo mientras intentaba proteger sus cultivos del agua. 

Pero si en Puerto Giraldo llueve, en Salamina nada que escampa. En el municipio ribereño del Magdalena la situación es mucho peor con la mezcla del fenómeno y acelerado fenómeno erosivo y las lluvias recientes, dos factores que tienen a punto de, por segunda vez en el año, suspender las operaciones del ferry.

Labor titánica

Desde las 6 de la mañana comienza un recital que, aunque desafinado y estruendoso, busca coordinación en el puerto. “Muévelo pa’ allá”, “bájale por aquí”, “échale más tierra”, “levántalo”, “súbelo”, “bájalo” es lo que se escucha en los alrededores por parte de los operarios. 

La ribera de Salamina está erosionada.

Más allá de sí el río está crecido o no, el ferry no tiene líos en el agua, pero cuando llega el momento de atraque, si las condiciones del terreno no están dadas, puede ocurrir algún desastre. Los camiones con ganado en su interior podrían quedar atrapados en el lodo y, ante un eventual desplome del terraplén, todo podría irse por la borda y caer al río. Un ejemplo catastrófico, pero que puede ocurrir si no se tienen precauciones por estos días.

Además, según los operarios, la sedimentación y la tarulla que arrastra el Magdalena ha complicado mucho más las labores. 

“Si el puerto llega a parar, se paraliza todo. El río sigue creciendo y si eso pasa hay mucha gente que va a perder todo. Es complicado porque Salamina está cada vez más expuesta y no hay obras. Cada vez hay menos tierra. Y ahora hay mucha tarulla y tenemos que limpiar la zona con las propelas para poder tener bien la operación. Es muy difícil porque si esto sigue así vamos a quedar incomunicados y bajo el agua. Va a ser una tragedia muy grande, pero es lo que va a pasar si esto no mejora”, comentó Arnaldo Santander.

“Necesitamos alzar más el jarillón para que el agua quede más abajo”, agregó.

La opinión del operario es compartida por las personas que usan el ferry, quienes reconocen que cada día hay menos puerto y más agua.

“Lo único que falta es que haya una tragedia para que nos presten atención”, dijo uno de los pasajeros. 

En la actualidad, la erosión en Salamina es tan grave que las aguas del Río Magdalena siguen destituyendo el otrora carreteable y están, a punto, de inundar las primeras fincas.

La parálisis del ferry causaría un impacto nocivo en la economía del sector, especialmente la relacionada con actividades agropecuarias.

El cese de operaciones produce desabastecimiento de alimentos y de traslado de enfermos hacia Barranquilla.

Son cerca de 100 vehículos diarios que en el transporte de ganado en pie, derivados cárnicos y otros dejarían de movilizarse.

En su momento, se pensó mudar el puerto del Ferry a un sector cercano al Guáimaro.

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