El Heraldo
El tradicional disfraz de la marimonda tiene origen fálico, según expertos. Archivo EL HERALDO
Barranquilla

¡Cuidado con el disfraz de Carnaval!

La norma prohíbe la participación de “todo tipo de disfraces con alusiones vulgares o morbosas ,que atenten contra asuntos sagrados, autoridades y condiciones políticas” k Sociólogos afirman que la medida limita la libertad de expresión.

Un curioso artículo contenido en el octavo capítulo del Decreto número 0045 –expedido por la Alcaldía Distrital el 16 de enero de 2013– y que es todavía desconocido por muchos, ha generado polémica entre algunos actores del Carnaval y las autoridades, pues prohíbe la participación en estas festividades de “todo tipo de disfraces con alusiones vulgares o morbosas y aquellas que atenten contra asuntos sagrados, la dignidad humana y el respeto por las autoridades”.

Para conocer cuáles serían las implicaciones de esta medida en la libertad de expresión de los carnavaleros, EL HERALDO consultó a expertos como el sociólogo Guillermo Mejía, quien explica que lo que caracteriza a los cuatro días de jolgorio es la autonomía de la que gozan los ciudadanos para manifestarse.

“La picaresca como parte de la cultura está enraizada en nuestro imaginario colectivo, como expresión de aquellas situaciones que se viven en la cotidianidad, donde lo fálico y lo sexual tiene unas identificaciones que son aprovechadas en festividades de arraigo popular como el Carnaval. Desde allí, destacamos lo que no se puede cambiar en la vida real”, argumenta Mejía.

Mientras que para el actor y director de teatro barranquillero Darío Moreu el Carnaval no puede estar mediado por la censura, lo que manifiesta el jefe de Inspecciones y Comisarías, Ricardo Cantillo, es que lo que se pretende es que haya más respeto por la tradición.

“Aquí cualquiera se puede disfrazar de lo que quiera, nosotros no estamos restringiendo nada. Una persona se puede disfrazar de monseñor, político o general de la policía, pero que lleve un letrero que diga que la institución es corrupta o que falte el respeto, eso no se puede permitir. Lo que no queremos es que se atente contra la dignidad humana”, sostiene Cantillo.

La interpretación de esta norma varía según el espectro desde el cual se analice, tal como lo argumenta el investigador de las costumbres de la Región Caribe Édgar Rey Sinning, para quien estas fiestas son un espacio que gana el pueblo para reivindicar su libertad.

“El Carnaval es el mundo al revés, es el desorden, el caos; pero que se regule es otra cosa. El uso indebido de disfraces para cometer actos vandálicos sí es condenable, porque si algo tiene esta fiesta es que es una propuesta de la sociedad a la paz”, dice Sinning.

El debate, acerca del respeto a la diferencia ideológica como principio de convivencia trae a la mente la imagen del controversial disfraz individual de Darío Moreu llamado ‘Sátiro alado’, que representaba a un personaje infernal con cuernos y un enorme miembro viril, que fue premiado con un Congo de Oro en el año 1998.

“Cualquier mofa o cosa erótica que se maneje hace parte de una simbología universal. Me parecen absurdas las medidas que limiten la libre expresión en el marco de lo carnavalesco, porque cualquier expresión puede ser vista como irrespetuosa. Deberían preocuparse por restringir otro tipo de cosas que aludan a agresiones, tanto a la violencia física como sexual, que se maneja en torno a la publicidad”, destaca Moreu.

En materia jurídica, la lectura de este artículo no dista mucho de la opinión de los sociólogos, pues de acuerdo con el abogado Fernando Borda, el hecho de que la prohibición consignada en dicho decreto no cuente con el respaldo de una sanción puntual, demuestra que carece de mérito legal.

“Me parece una tontería lo que han hecho con ese tipo de norma, que atenta contra la esencia misma del Carnaval y las libertades públicas. Lo dejaron como un mensaje abierto, no se atrevieron a establecer una sanción –no sé si fue por error técnico– pero me parece contrario al concepto de las fiestas que impongan una sanción a alguien que se esté burlando de las autoridades dentro de los cuatro días de fiesta, porque esa es la esencia de los carnavales en todas partes del mundo”, comenta Borda.

Ante la discusión de si son o no normas de orden que limitan las libertades, la directora de Carnaval S.A., Carla Celia, argumenta que este no es un tema fácil.

“Toda reglamentación que defienda el respeto a la dignidad humana será acatada por el Carnaval de Barranquilla”, puntualiza Celia. 

Las bromas propias de los eventos carnestoléndicos, los juegos de doble sentido y la oportunidad de reseñar entre chiste y chanza a los escándalos políticos, sociales y hasta sexuales de personajes de talla mundial serían controlados a través de este artículo, de acuerdo con lo expuesto por la secretaria de Gobierno, Josefa Cassiani.

“Todo aquello que exhiba un aspecto vulgar será expulsado de los eventos masivos, en el caso de estar participando. Necesitamos el acompañamiento de la comunidad, para que dé aviso a la Policía en caso de observar algún disfraz de esos. Vamos a estar con inspectores y comisarios en los eventos, tratando de hacer controles respectivos”, expresa Cassiani.

Pese a que el artículo 71 de la Constitución Política de Colombia señala que las expresiones artísticas son libres, los expertos coinciden en que estas manifestaciones pueden ser obscenas para unos, pero para otros no.

“Si llega a existir una actitud de parte de la autoridad local que pudiera estar contradiciendo cierta tradición obscena y sexual del Carnaval tendrían entonces que entrar a revisarse también los contenidos de las letanías como vivencia popular. Y, si vamos a tener en cuenta esas posibilidades de poder entrar y decomisar todo aquello que representa obscenidad, entonces esta fiesta está siendo abocada desde unos referentes de valores que la gente no va a aceptar; porque eso es una mascarada en la que durante cuatro días afloran los sentimientos que no pueden ser censurados”, concluye Mejía.

 

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