El Heraldo
Estudiantes de Fundemabu durante su visita ayer a EL HERALDO. Charlie Cordero
Barranquilla

“No podemos sostener más el Fundemabu”, afirma Marymount

El distrito ofrece reubicar a las niñas, mientras voceros del Colegio Marymount aclaran que la decisión no fue apresurada y que se tomó por falta de recursos.

El anuncio, el viernes pasado, del cierre de la Fundación Educativa Madre Butler (Fundemabu), que es financiada por el colegio Marymount, ha caído como un mazazo a la comunidad estudiantil. Alumnas de la institución manifestaron ayer su inquietud por la decisión, preocupación que fue compartida por algunas notorias egresadas del Marymount como la exministra Cecilia Álvarez-Correa y la reina del Carnaval, Marcela García. La presidenta del Consejo Rector de este colegio, Nancy Murgas, argumentó que no hay dinero para seguir financiando el proyecto educativo destinado a alumnas de escasos recursos. Por su parte, el Distrito ofreció la posibilidad de reubicar a las estudiantes en colegios públicos de alta calidad.  

Los hechos se desencadenaron el 29 de abril, en el salón principal de Fundemabu, ubicado en la calle 84 con 59B. Allí estaban presentes madres, padres, abuelas, abuelos, todos cuidadores de las más de doscientas cincuenta niñas que hacen parte de la institución. Habían sido citados a través de una circular en la que no se ofrecían detalles sobre los motivos de la convocatoria.

“La primera en hablar fue la rectora del Marymount, Susan Kumnick. Fue muy amable, aunque radical”, contó a EL HERALDO Luz Helena Osorio Consuegra, una abuela de cincuenta y cuatro años que mantiene a su nieta de ocho. Según Luz Helena, ella y el resto de cuidadores pensaba que Kumnick iba a informales sobre la reubicación que debía hacer Fundemabe a un lote en Puerto Colombia al que tiene previsto trasladarse el Colegio Marymount. En cambio, les dijeron que, por problemas económicos y falta de apoyo de organizaciones privadas y públicas, la escuela que lleva sesenta años siendo ejemplar dentro de la comunidad barranquillera, debía cerrarse el próximo veinte de diciembre.

Este cierre, afirmó Kumnick, se abordaría por dos frentes: lo primero sería reubicar a las estudiantes inscritas hasta noveno grado en colegios públicos de alta calidad; lo segundo, graduar a las estudiantes de once grado en junio, y, en diciembre, a las de décimo, en un proceso que se conoce como “Aceleración”.

Para la presidente del Consejo Superior del Marymount, Nancy Murgas, el cierre tuvo que anunciarse porque el peso de los mil millones de pesos que costaba la Fundación anualmente estaba siendo insostenible. Esto, a pesar de los múltiples eventos, entre maratones y bazares, que se llevaban acabo año tras año para recaudar fondos; de los $65 mil pesos mensuales que debían entregar las familias por estudiante inscrito; y de los más de $200 millones de pesos que anualmente donaba la empresa Tecnoglass.

“Hemos venido posponiendo el cierre por casi una década. Quiero decirle a esta comunidad que esta decisión no ha sido apresurada, aunque por supuesto es dolorosa, que la Fundación está clausurando su escuela, pero que seguirá trabajando en proyectos sociales que sean de beneficio para Barranquilla”, dijo Murgas a este diario.

Los padres de familia se resisten a aceptar esta decisión. Así, este domingo 1 de mayo, más de cincuenta madres llegaron a las oficinas de este periódico, acompañadas por sus hijas, para hablar del miedo que sienten ante el futuro. “Yo no he sido sino empleada de servicio y lavandera. ¿Cómo voy a mandar a mi niña a un colegio privado y de calidad si casi no podía costear este?”, dijo Gladys Mercado, una lavandera de cincuenta y tres años, cuya hija está en segundo grado. Mercado afirmó que su esposo y ella se esforzaban por darle a su hija el subsidio de transporte para que esta se trasladara del barrio la Ciudadela hasta la Fundación Educativa, porque entendían que esta estaba recibiendo una excelente educación.

Otras madres, como Viviana Mendoza, empleada de servicio, y Diana Urrego, Ingeniera de Sistemas, también manifestaron que es inaceptable que no las hubieran preparado para el cierre de la institución, afirmando que hace tan solo un año las directivas del Colegio Marymount les habían indicado que Fundemabu se mudaría con ellos a la nueva sede en Puerto Colombia. Su preocupación principal es que las jóvenes no sean reubicadas en escuelas que les brinden la misma calidad educativa, insistiendo que las exalumnas de Fundemabu son reconocidas por su capacidad intelectual y por sostener buenos cargos en el mundo laboral.

Un ejemplo de esto es la exalumna Carla Machado, quien, después de graduarse del colegio en 2004, tuvo la oportunidad de estudiar Administración Pública y de trabajar para una multinacional en Bogotá.

Machado afirmó que no hubiera podido salir adelante sin el apoyo de Fundemabe: “Mi familia y yo llegamos desplazados por la violencia a finales de los años noventas desde Guaymaral (Cesar). Nos ubicamos en el barrio Siete de Abril, que no tenía pavimentación ni alcantarillado. En un principio estábamos desesperanzados. Pero, pasados los meses, mis cuatro hermanas y yo fuimos aceptadas en Fundemabu, institución que nos dio la fuerza para salir adelante. Yo alcancé a recibir clases en el plantel del colegio Marymount, en donde, a pesar de no tener el status económico de los estudiantes de allí, me sentía bienvenida. Estaba orgullosa de ser pobre y popular, de saber que lo único que necesitaba para salir adelante era esa oportunidad”.

Hasta el momento, los más de veinte profesores de planta de Fundemabu han guardado silencio. Solo uno de ellos habló con la condición de no revelar su identidad: “Nos enteramos del cierre tan solo un día antes que los padres de las estudiantes. Nos duele el dolor de los padres, el dolor de las niñas, el desprendimiento que van a tener emocionalmente. Esta es una institución que se ha creado con amor. Por supuesto, como docentes, también tenemos miedo de lo que viene para nosotros. Pero estamos con las manos atadas, porque el problema es financiero”.

“El Distrito está en capacidad de asumir a las estudiantes”: Abudinen
Para la Secretaria de Educación, Karen Abudinen, el panorama no es ni oscuro ni puede ser tomado de forma pesimista. De hecho, aseguró que el Distrito está dispuesto a reubicar a las estudiantes de Fundemabu en colegios públicos que tengan su Índice Sintético de Calidad Educativa por encima de los nueve puntos en una escala de diez, como lo son el Nicolás Abello, el Humboldt o la Institución Madre Marcelina. Todas estas instituciones tienen sus índices por encima de la Fundación Educativa Madre Butler, que actualmente cuenta con 7.7 puntos.

“Los padres de familia deben estar tranquilos. Los cupos para sus hijas están disponibles, y rectores como Matilde Camargo, del colegio Nicolás Abello, o la hermana Luz Marina, del colegio Madre Marcelina, ya nos contactaron para decirnos que de antemano les daban la bienvenida a las muchachas de Fundemabu, que contar con ellas sería un honor. Así las cosas, creo que debemos estar contentos por lo que se avecina. Este cierre nos hubiera preocupado hace ocho años, cuando los colegios distritales no estaban lo suficientemente preparados. Pero ahora tenemos la posibilidad de darle a estas jóvenes opciones de estudio de calidad”, afirmó.

Abudinen además explicó que este cambio va a ser favorable para las estudiantes de Fundemabu que, por haber pertenecido hasta ahora a un colegio privado, no podían beneficiarse de programas del Ministerio de Educación y la Alcaldía, como ‘Ser Pilo Paga’ o ‘Repasa y Pasa’. También argumentó que megacolegios de la ciudad cuentan con áreas de Deporte y Recreación, que no existen, por cuestiones de espacio, en Fundemabu. 

Preguntada por la posibilidad de que Fundemabu se convierta en una institución pública y pueda mantenerse, la secretaria de Educación explicó que el terreno no pertenece a la Alcaldía, sino al Colegio Marymount, y que este es el que tiene la última palabra sobre el mismo. Por su parte, el secretario de Planeación Distrital, Miguel Vergara, desmintió rumores que indicaban que Fundemabu debía reubicarse por disposiciones del Plan de Organización Territorial (POT), e indicó: “El Colegio Marymount tiene un derecho adquirido y pueden quedarse en el terreno indefinidamente. La decisión de salirse de ahí y vender sus escuelas es privada, y no concierne a un ordenamiento público”.

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