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EL HERALDO

Había una vez un enorme barco, de esos llamados galeones, con velas zarandeadas por el viento, que cruzó los mares desde España hasta el nuevo mundo, justo donde estamos ahora. Tenía casi 32 metros de largo, podía cargar por lo menos 1.300 toneladas.

Era llamado San José o La Capitana pues iba de primero entre las 14 embarcaciones enviadas por los reyes españoles para seguir sacando los tesoros de los indígenas de estas tierras.

Era la época de piratas con piernas de palo, de rufianes de mar, de aventureros. Llegó al nuevo mundo el 19 de diciembre de 1707. El San José atracó en el puerto de El Callao, en Perú, donde fue cargado con 11 millones de monedas de oro y plata, joyas finamente forjadas, esmeraldas por montones y otra cantidad de artículos que dejarían sin aliento a cualquiera: todo valorado en una suma fantástica, 10 mil millones de dólares de hoy, incluida mercancía de contrabando. Era lo que se había acumulado después de seis años en que los españoles no se atrevían a hacerse al mar por temor a sus enemigos ingleses.

Junto a los barcos que lo custodiaban, el San José partió hacia Portobelo, en Panamá, pasando por el canal que en ese país conecta dos océanos: el Pacífico con el Atlántico. De ahí pretendía regresar a Cartagena a recoger agua, comida y ser reparado por los daños ocasionados por tantos viajes. Pero, ¡oh sorpresa!, siete navíos de guerra ingleses, con 350 cañones, los esperaban escondidos en cercanías de Islas del Rosario, en un punto llamado entonces ‘La pequeña Barú’.

Eran las tres del tarde del 8 de junio de 1708. Caían gotas de lluvia y la brisa suave del momento comenzó a apagarse hasta desaparecer. El San José y cinco de las embarcaciones que lo acompañaban quedaron rodeadas por las que comandaba el marino Charles Wager, un hombre que aparece en las pinturas con peluca blanca, labios rojizos y traje ceñido hasta el cuello.

Uno de sus barcos abre fuego contra el galeón San Joaquín, el segundo más grande de los españoles y que al final escapa como el resto de buques que le seguían.

Otro navío inglés, el Expedition, va raudo detrás del San José. Entre el toma y dame de cañonazos de un lado a otro, el inmenso galeón explota sin hacer gran ruido, se hunde como un plomo en medio de gritos y oraciones de los viajeros apiñados en el fondo de la embarcación. La tripulación maniobraba desesperada. Se dice que además del tesoro guardaba pólvora por montones. De las 600 personas que lleva sobreviven 11, que son capturadas por los ingleses.

El capitán del galeón, José Fernández de Santillán, de 71 años, con el título de Conde de Casa Alegre, muere con la culpa de haber cambiado de rumbo para burlar a los imburlables ingleses.

Wager, el de la peluca blanca, se llena de irá por no poder robar los tesoros del galeón como se lo había encomendado su reina, sin embargo cuando retorna a Inglaterra es recibido con honores, siendo nombrado Primer Lord del Almirantazgo.

Pasados tres siglos, el ‘colorín colorado’, ‘el vivieron felices’, el The end, no se ha podido escribir. El oro y la plata, según cazatesoros modernos, permanecen en el fondo del océano, generando toda suerte de leyendas, afanes de búsqueda y pleitos jurídicos hasta nuestros días. Hoy la batalla no es en el mar, sino en los tribunales internacionales.

'Deben destesorizarlo'

'Des-te-so-ri-zar-lo'. Una palabra que no está en el diccionario y casi parece un trabalenguas, es para María Catalina García, antropóloga y buzo arqueóloga, la clave para preservar la historia alrededor del galeón San José y de todos los naufragios y fortalezas que permanecen en las profundidades de las aguas cartageneras, prueba de las cruentas batallas que presenció esta porción del continente.

Ella y su colega Carlos Del Cairo han trabajado en la concientización de las comunidades de Tierrabomba e Islas del Rosario acerca de la necesidad de preservar su patrimonio, incluso para su propio beneficio, en lugar de malvenderlo como lo han venido haciendo.

'Hay muchos mitos alrededor del Galeón, no solamente de los tesoros que quedaban, sino a quién le pertenecían, qué se va a hacer con eso si se llega a encontrar, y siempre la discusión gira en torno a una cuestión económica, pero se ha dejado de lado el valor histórico', sostiene.

La posición de estos antropólogos es consecuente con la que había expresado el estado colombiano durante el largo pleito con la empresa exploradora Sea Search Armada, una de las tres únicas en el mundo que buscan tesoros. Infortunadamente para ellos, y para los últimos gobiernos, la justicia ya falló que sí es tesoro y por tanto debe ser dividido en partes iguales.

Tras demanda en Estados Unidos, SSA aspira a acuerdo con Colombia

Una demanda por $17 mil millones de dólares interpuso en diciembre pasado la compañía Sea Search Armada, SSA, ante el Tribunal de Columbia en Washington por la negativa del Estado colombiano para que la compañía de salvamiento oceánico rescate el tesoro y se quede con el 50% que, según fallos judiciales, le corresponde. La SSA aspira a que por fin haya acuerdo, de lo contrario tiene previsto comenzar las labores unilateralmente. Vale recordar que la compañía dice tener las coordenadas exactas del naufragio.

Esta otra historia comenzó en 1980 cuando la compañía Glocca Morra Co, GMC,. recibió permiso de la Dimar para explorar la plataforma continental colombiana en busca de naufragios. En 1982 encontró lo que se creyó es el San José. Después de mucho discutir no se llegó a un acuerdo sobre los porcentajes, es más, el Estado se negó al rescate.

La compañía cedió sus derechos a la SSA. En 1984 el Congreso aprobó una ley sobre derechos de propiedad de estos hallazgos, con lo que a la empresa le correspondía solo una comisión del 5%. En 1989 la norma fue demandada en el Juzgado 10 de Barranquilla y dejada sin piso. De ahí pasó al Tribunal Superior.

En 1994 la Corte Constitucional la declaró nula al tiempo que falló que la distribución debía ser en partes iguales. El 5 de julio de 2007 la Corte Suprema de Justicia denegó una apelación de Colombia.
En todo este tiempo, según SSA, se han registrado 'acciones de mala fe' del Gobierno, incluso pretendiendo darle participación a Suecia y a actores particulares nacionales.

En opinión del abogado en Colombia de la SSA, Danilo Devis, 'este pleito se originó en la corrupción, se ha alimentado de la corrupción y sigue en la corrupción'. Acerca del monto demandado, explica que obedece a una indemnización por daños causados por la dilación del proceso. El rescate en la actualidad podría costar unos US$40 millones.

Fotos archivo EL HERALDO

Por Karina González