Los barranquilleros con el carnaval en las venas, acostumbrados a multitudes, podíamos tener una Noche de Tambó sin rueda de cumbia y con pudín. Se habló de danzas, cantantes, coros, cumbre de alcaldes, presidente. Nos convidaron por radio, televisión y prensa a la fiesta de todos. Habíamos sido invitados a cantarle a una ciudad que se dice pujante y Capital Americana de la Cultura. En Internet reza: “Un reconocimiento a Barranquilla como centro de cultura popular, diversidad y tolerancia (…) con la influencia africana e indígena, y la de las migraciones que llegaron de diversos países (…)” (http://bit.ly/11K5tw3). Pero lo que ayer vimos fue una celebración con invitados exclusivos de la Alcaldía en un espacio público con capacidad para miles de habitantes ilusionados con el bicentenario. ¿Cuántas sillas? ¿Cuántas personas disfrutaron de pie o en el bordillo la fiesta anunciada con bombos y platillos?

Banderas a lo largo de la calle vacía, utileros con camisetas del bicentenario, policías en todas las esquinas y Esmad. ¿Cuándo ha requerido la alegría de la villa un grupo, que no de marimondas sino de golpeadores entrenados, hacen una alegoría de la represión? El Escuadrón Móvil Antidisturbios, tantos policías y vallas contribuyeron a que Érase una vez en La Arenosa fuese un evento exclusivo de grosera discriminación.

Tras mi retorno a la ciudad amada he asistido a cuatro ruedas de cumbia en la Plaza de la Paz y siempre veo una multitud bailadora y armoniosa. Una noche de tambores con Esmad sería una vergüenza en Barranquilla. Que la víspera del cumpleaños hubiese sido un evento amable en el Parque Cultural del Caribe, que despertó elogios, no le resta vulgaridad a la exclusión, justo el día del bicentenario. ¡Nos salió la alcaldesa con su domingo siete!, dijeron dos abuelos que tampoco pudieron entrar.

El mismo siete de abril en la noche, la página de Internet de la Alcaldía exhibía una lista de 125 nombres ganadores de boletas dobles. Eufemismo puro. ¿Por qué habrían de participar los habitantes en el filtro de un concurso o sorteo para el bicentenario de su ciudad? Minimizaron el asunto al repartir boletas gratis para 250 favorecidos en una urbe que se acerca a los dos millones. Con acierto escribió un forista de este periódico: “barranquillero, hicieron la fiesta en tu casa pero a ti no te invitaron”.

Además, con el reparto de boletería como premio, la Alcaldía propició la ilicitud: manillas y boletas “gratis” se vendieron a 20 mil y 40 mil pesos, cerca de policías y colaboradores con camiseta bicentenaria que no evitaban lo que veían. Verdad o mentira, uno ofrecía: yo trabajo en la Alcaldía, se la dejo a 30 mil. Uno de los bribones lucía un chaleco rojo con un bordado: Inspector de Policía.

La ciudadanía fue irrespetada, burlada. El disgusto generó polémica en las redes sociales, porque el manejo excluyente de festejos que se hacen con dineros públicos produce indignación. La excusa no puede ser la presencia del Presidente si a él lo vimos muy fresco y muy majo en la Batalla de Flores. Si por él se hubiese restringido el ingreso de los barranquilleros a su bicentenaria celebración, la Alcaldía tenía opciones: reunión exclusiva en recinto cerrado y simultáneo jolgorio en la Plaza de la Paz. Honesto habría sido no gastar en publicidad ni promover la asistencia a una fiesta de todos que en realidad fue de pocos. Lamentable, pero el cumpleaños de Quilla fue exclusivo y excluyente.

Josefina Blanco D.
Socióloga, Magíster en Estudios Políticos.
Jblancod2010@gmail.com
@JotaBD
Opinión

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