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Uriana tiene una construcción artesanal, al aire libre, para preparar la bebida. Nadie entra allí sin su permiso.
Héctor Palacio
La Guajira

Chirrinchi, el licor del desierto guajiro

Este licor artesanal tiene mucho significado para la etnia wayuu, ya que lo toman en los velorios, festejos y acontecimientos especiales.

El protagonista en los velorios wayuu es el chirrinchi, un licor artesanal que se elabora solo con agua y panela, que es barato y tiene un significado especial para todos los integrantes de la etnia.

“En un velorio wayuu que se respete se bebe chirrinchi y se come chivo”, dice Elio Peñalver, autoridad tradicional de la comunidad de Santa Rita, en Riohacha.

Explica que cuando alguien muere, la ranchería de su familia es visitada durante nueve días por parientes y amigos. Entonces en el ceremonial fúnebre le entregan a cada visitante una botella del licor y un chivo para que, a su vez, beba y coma con los familiares que hayan llegado con él a acompañar a los dolientes.

Peñalver tiene en su ranchería un alambique, pero aunque él lo maneja dice que es su mamá, Margarita Uriana, quien tiene la destreza para dejar la bebida en el “punto exacto de sabor”.

El proceso comienza poniendo un bulto de panela con agua en un tanque para que se fermente durante cinco o seis días, tiempo en el cual le van midiendo el nivel de dulce.

“De ahí lo cogemos y lo echamos en el alambique que está compuesto por varios tanques de cobre, para cocinarlo a fuego lento, con el fin de que evapore y finalmente se pueda obtener gota a gota el chirrinchi”, detalla.

El alambique es hecho por ellos mismos y está compuesto por los tanques, un fogón y una alberca pequeña donde va cayendo el producto destilado.

El alambique de Carlos Uriana permanece con candado y solo él lo utiliza.

Destilación. Los wayuu dicen que solo debe usarse el guayacán como leña porque es el único palo que “le da el sabor verdadero”. “Es que este se calienta más rápido y es el indicado para que el proceso de la destilación sea perfecto”, aduce Peñalver.

Cuando comienza la destilación la bebida tiene unos 40 grados de alcohol, pero este va bajando hasta 17 que “es lo ideal”, recalca.

Carlos Uriana, autoridad tradicional de la comunidad de Jalisinakat, también en Riohacha, posee su alambique. Celosamente está guardado en un cerramiento y con candado, porque solo él lo manipula.

Explica que de un tanque de panela fermentada le salen dos pimpinas de chirrinchi, que le dan para unas 24 o 25 botellas que vende entre 7 u 8 mil pesos. “La verdad es que amigos y familiares me piden rebaja y quedan en 5 mil”, confiesa. Cada semana Uriana destila un tanque, aunque todo depende de los pedidos que haya, porque si hay un velorio, fiesta u otra celebración “se vende más y tengo que hacer más”.

El líquido lo envasan en botellas de whisky o aguardiente, por esa razón, los guajiros lo llaman jocosamente “cuerpo ajeno”.

Elio Peñalver, en el alambique familiar. Dice que su mamá es una experta y prepara un muy buen chirrinchi.

Un toque especial. ¿Quienes lo fabrican solo usan este proceso para hacer la bebida? Elio Peñalver revela que “de acuerdo al gusto” pueden darle una “preparación especial”.

“El proceso –comenta– es el mismo, pero yo le agrego, casi al final, uvas pasas, manzana, menta y coco, lo que le da un toque bastante elegante al licor y un sabor exquisito”.

Peñalver recuerda que hay quienes lo usan en eventos y festividades como bebida para los cocteles, ya sea con jugo de maracuyá o de naranja.

Otros usos. También conocida como churro entre los alijunas (personas no wayuu) este licor no solamente se usa para beberlo en festejos o funerales, sino que también le dan uso medicinal.

Elio Peñalver, quien además es artista plástico, destaca que lo mezclan con plantas como hierbabuena o marihuana para curar dolores de cabeza o en las articulaciones, golpes u otras lesiones en el cuerpo.

Incluso, afirma que puede “curar una fractura con el ron de culebra”.

“Hay –explica– una culebra que le gusta mucho el chirrinchi y por eso dejamos la botella acostada en el piso para que ella se meta. La tapamos y con el líquido se soba la pierna o el brazo fracturado”.

Asegura que con este remedio “no hay necesidad” de que la persona vaya al médico, porque la fractura “sana en unos días”.

Para los wayuu esta bebida es una forma de compartir, de unión y de apoyar a los amigos en los momentos difíciles, aunque en el área urbana de Riohacha y otros municipios guajiros consumen el chirrinchi con algo de prejuicio.

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