Durante 31 años, dos familias wayuu cargaron el peso de un conflicto interclanil que comenzó con el homicidio de un joven de la familia Pushaina, el 13 de abril de 1995. Tres décadas después, la historia tomó otro rumbo, buscaron la reconciliación y firmaron la paz para avanzar en sus territorios.
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En la comunidad de Ipakat, kilómetro 35, en jurisdicción de Manaure, las familias Epieyú, de la comunidad Alewa Los Monos, corregimiento de Juan y Medio, en Riohacha, y Pushaina, del municipio de Manaure se encontraron nuevamente, pero esta vez no para alimentar la discordia, la diferencia o el miedo, sino para cerrar heridas y devolverle la tranquilidad a sus generaciones.
La reunión fue guiada por Ramón Uriana Epieyú, Alaülaa, tío mayor, quien lideró el proceso de armonización y entrega de los recursos acorde al sistema normativo wayuu. Bajo el amparo de la palabra y el respeto ancestral, las familias acordaron reparar, resarcir y poner fin definitivo al conflicto.
“Hoy triunfa el diálogo sobre la indiferencia, el entendimiento sobre el conflicto y la unidad sobre la división”, expresó Ramon Uriana, Alaülaa, mientras los presentes escuchaban en silencio, conscientes de que estaban participando en un hecho histórico para sus comunidades.
No hubo jueces, estrados ni expedientes. Solo la oralidad, la memoria de los mayores y la voluntad colectiva de preservar la vida y la convivencia dentro del pueblo Wayuu. Así, una vez más, el sistema propio de resolución de conflictos demostró su vigencia y fortaleza cultural.
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El acuerdo no sólo puso fin a más de tres décadas de tensión entre dos familias; también dejó un mensaje para las nuevas generaciones: la paz sigue siendo el camino que honra la dignidad del pueblo Wayuu.
Al finalizar el encuentro, las familias elevaron una petición a Maleiwa (Dios creador en la cosmogonía wayuu) para que bendiga este nuevo comienzo y derrame sabiduría, unión y bienestar sobre cada hogar.


