No es una voz de resignación, más bien de indignación. Ese es el tono con el que Candelaria Meneses reclama justicia y denuncia impunidad al conmemorarse los ocho años del atentado a la Estación de Policía San José en Barranquilla.
Esta ciudadana, de 53 años, es madre del subintendente Yosimar Márquez, uno de los seis uniformados que murieron tras la detonación de unos explosivos, justo en el instante de la formación, aquella mañana trágica del 27 de enero de 2018.
Meneses, quien no descansa hasta hacer justicia por la muerte de su hijo, se ha mantenido en contacto con los medios masivos de comunicación, como para no dejar en el olvido un hecho que causó dolor y del que aún no se dicta condena.
Sin avances en el proceso
En ese sentido, la mujer habló con EL HERALDO con el propósito de hacer un llamado a la justicia.
“Son ocho años y no hay nada con la investigación de los terroristas. A todos los dejaron libres y están libres. Y nunca he escuchado ni siquiera en ninguna parte de Barranquilla, ni en la Fiscalía, que los están buscando, que los vuelven a capturar, porque los soltaron por vencimiento de términos. ¡Imagínese! Lo único que yo espero es la justicia divina, porque la del hombre se dañó”, expresó Meneses.
En el momento en que ocurrieron los hechos, Candelaria se encontraba trabajando y de pronto recibió la llamada de su segundo hijo, preguntándole por Yosimar. Al responderle que no sabía nada de él, pues ese día no pudo hablar con el uniformado como de costumbre, llegó un silencio y luego colgaron la llamada.
Eso generó un mal presentimiento en la mujer, el cual solo confirmó cuando vio el cuerpo de su hijo en el cajón.
Atribuido al ELN
Desde entonces, en cada enero, los recuerdos de ese día retumban en la mente de la madre, que se aferra a la justicia divina por el atentado que fue atribuido al Frente Urbano de la guerrilla del ELN.
El 16 de noviembre de 2022, el juez Sexto Penal del Circuito de Barranquilla dejó en libertad a Cristian Camilo Bellón, Nilson Mier Vargas y Dalila Duarte Martínez, al considerar vencimiento de términos.
“Ni se sabe por qué los soltaron, porque era que no tenían pruebas suficientes para tenerlos privados de la libertad y más nunca he escuchado nada. Ya eso quedó impune, porque ya nadie hace nada”, manifestó la madre de cuatro hijos, tres de ellos pertenecientes a la institución policial, e incluso una hermana de ella.
Un cuarto implicado en el proceso, identificado por las autoridades como Jefferson Torres Mina, fue declarado prófugo de la justicia desde entonces. Ha quedado retratado por cámaras de seguridad en diferentes partes del país, pero sin mayores resultados.
“No sirvió, ni porque eran servidores públicos hicieron algo, nada. Se perdió, se olvidó. Todos los años hacen una misa, pero no les duele. Le duele a uno que es la familia, a mí que soy la mamá, pero a los demás no, nadie se acuerda de ellos”, sostuvo Candelaria.
Dolor e impotencia
Ella describe las sensaciones que la embargan al recordar que poco o nada se ha hecho en este caso por conocer la verdad y hallar a los responsables del ataque terrorista.
“Claro que sí, dolor, tristeza e impotencia porque no se pudo hacer nada. A Yosimar lo recuerdo como una buena persona, un buen hijo, buen papá, buen hermano, un buen ser humano, buen vecino, que dejó dos hijas”, señaló la mujer oriunda del municipio de Sucre (Sucre).
De hecho, la menor, que ahora tiene 7 años, no alcanzó a conocer a su padre. Mientras que la mayor tiene 11 años.
El atentado, por el cual la guerrilla del ELN reconoció su responsabilidad, dejó otras 40 personas heridas y daños en el vecindario del barrio San José, en la localidad Suroriente de Barranquilla, ciudad que aún no entendía la magnitud de lo ocurrido cuando otro ataque con explosivos se registró 24 horas después en el CAI de Soledad 2.000, en el área metropolitana.
En total, murieron seis personas aquel 27 de enero de 2018 en el atentado a la Estación San José.
Sus nombres son: Willy Xavier Rehnal Martínez, Yamit José Rada Muñoz, Fredy de Jesús López Gutiérrez, Yosimar Márquez Navarro, Anderson René Cano Arteta y Freddy’s de Jesús Echeverría Orozco, todos adscritos a la Policía Metropolitana de Barranquilla (Mebar).
Entre los homenajes que se les rindieron, tras ese acontecimiento, se resalta la creación de un mural con sus rostros en el lugar donde ocurrió el ataque terrorista.
Desde entonces, este sector del barrio San José se convirtió en punto de encuentro para recordar a las víctimas, servidores públicos que formaban en U ese día, hasta que se desató el caos y el terror poco acostumbrado en esta ciudad.
Barranquilla no olvida esos acontecimientos, que especialmente perduran en la memoria de las víctimas, ahora en medio de la impunidad.


