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Hace 15 años Kaleth Morales nos llevó ‘de millón a cero’

El círculo cercano al ‘Rey de la Nueva Ola del Vallenato’ lo recuerda con cariño.

“Ya son 15 años sin Kaleth, para muchos quizás han pasado rápido, pero para nosotros este tiempo ha sido eterno”, son las primeras palabras que Nevis Troya, madre del fallecido cantautor Kaleth Morales, esboza para referirse a la temprana partida del denominado ‘Rey de la nueva ola del vallenato’.

Con 21 años falleció un día como hoy en Cartagena, luego de sufrir 24 horas antes un accidente automovilístico entre los municipios de Plato y Nueva Granada, en el departamento del Magdalena.

Su vida ha sido contada por diferentes personas, de hecho una serie televisiva, Los Morales, que se estrenó en 2017, retrató el crecimiento musical de Kaleth Miguel Morales Troya. 

Sin embargo, son muchos las historias de su vida que no han sido contadas y que en esta oportunidad comparten familiares y compañeros de aventuras sobre ese genio musical que sin duda partió en dos la historia moderna del vallenato.

“Mi hijo era muy tierno, por eso tuvo muchas novias, porque era muy romántico y coqueto. Hoy extraño todo de él, sus abrazos, esa sonrisa inmensa y sus bonitas palabras”, dijo Nevis con voz entrecortada en diálogo con EL HERALDO.

La también esposa del reconocido cantante Miguel Morales, con quien tuvo a Kanner, Keiner y Eva Sandrith, lo describió como un hombre de buen apetito. “Siempre que llegaba de Cartagena a Valledupar, tenía que hacerle 15 patacones con queso rallado, eso era infaltable”.

Pero si de gustos se trata su canción predilecta era Ruiseñor de mi Valle, cuyo coro cantaba a todo pulmón: “Mary tú eres mi pareja/ me lo dice el corazón/ tú tienes el alma buena/ sencilla, noble y sincera/ por eso te di mi amor”.

Junto a Juan K Ricardo, Kaleth grabó su único álbum La hora de la verdad, prensado en 2005 por Sony BMG Music Entretainment.

“No era mucho de ver televisión, solo la usaba para los partidos de fútbol, en especial los de la Selección Colombia y los del Nacional. Había una película que le encantaba, El Señor de los Anillos. Recuerdo que me pidió que se las comprara todas”.

El acordeonero villanuevero Andrés Herrrera, de 36 años, con quien grabó el éxito Vivo en el limbo, contó que lo conoció en 2003 en la Universidad del Sinú, sede Cartagena, donde Kaleth egresó como médico. 

“Mi hermano Benjamín era guacharaquero del conjunto de los hijos de los Hermanos Zuleta y ellos me dieron la oportunidad de tocar acordeón. En Sincé (Sucre), Kaleth les pidió que lo dejaran cantar y tocamos juntos La casa en el aire. A él le gustó mi estilo y me comentó que le estaban saliendo serenatas con guitarras, pero que iba a armar su grupo”, rememora el músico guajiro que actualmente toca junto a Luis Vence.

Luego se unieron y realizaron su primer toque en la Plaza de La Aduana en Cartagena. Alternaron con Silvestre Dangond, que tenía sonando en la radio La colegiala, y con los champeteros Los Three King. “Silvestre nos prestó al corista y empezó el acople, al día siguiente nos contrataron. Me dijo que el primer tema que grabaríamos sería Siete palabras, pero al locutor Rafael Narváez le gustó más Vivo en el limbo, esa fue la elegida para el despegue”.

Nevis Troya, madre de Kaleth junto a la estatua en honor al artista.

Así se grabó ‘Vivo en el Limbo’

El músico guajiro recordó que Vivo en el limbo se grabó en un lapso de ocho horas en los estudios de Stevenson Arnedo, en Cartagena, quien hizo la guitarra del tema. El bajo fue de Ángel Orozco, Jorge Berrio estuvo en la guacharaca, Jair Payares en la batería, Óscar Rodríguez hizo la primera voz y Kaleth la segunda.

“Empezamos a las ocho de la noche y terminamos a las cuatro de la madrugada. A las siete de la mañana ya estaba sonando en la radio, fue una locura porque decidimos hacerla por un solo canal y el cajero (Álex Caja) no agarraba los cortes, por lo que debíamos parar y arrancar de cero tras cada error. Eso puso de mal humor a Kaleth que era un ‘fósforo’, pero finalmente la sacamos adelante”.

El ambiente en el estudio era similar al de una caseta, ya que estaban unos 60  compañeros de universidad, al punto que las voces que se escuchan fueron espontáneas, entre ellas la de su mejor amiga, Diana Mora, que le grita: Te amo. “Había ron, todos sabían que la trasnochada era brava, así que el ambiente fue muy entretenido para no dormirnos. Ese tema es muy movido porque tiene porro, vallenato clásico y nueva ola. Hay un dato que pocos saben y es que los compases del trabalenguas están inspirados en el tema Pero qué necesidad de Juan Gabriel, eso fue una genialidad de Kaleth”.

La canción se convirtió rápidamente en éxito nacional, posicionándose en el primer lugar de los listados nacionales y consiguiendo que se escuchara también en emisoras de corte juvenil, enfocadas en otros ritmos.

Vivo en el limbo fue escrita por Morales Troya quien pensó en entregársela al grupo de reguetón Latin Dreams, pero debido a la gran acogida que tenía cuando la interpretaba en vivo con su grupo Los Muchachones, decidió grabarla. Tras su muerte Latin Dreams hizo su versión para tributarla y Salserín hizo lo propio.

Hoy los ‘kalethistas’ tendrán la oportunidad de escuchar una nueva versión en la que convergen la salsa, champeta y el vallenato Nueva Ola. Los encargados de la interpretación serán Danny Daniel, Bazurto All Stars y Rafa Pérez; mientras que las notas del acordeón correrán por cuenta de Andrés Herrera y Juan K Ricardo. Este es uno de los lanzamientos que se tienen proyectados para conmemorar este quinceañero sin el cantautor, que se nutrió de diferentes géneros para darle una nueva sonoridad a la música que surgió en el campo con nuestros juglares.

La fórmula Morales-Herrera concluiría el 31 de diciembre de 2004, cuando por las emisoras comenzó a escucharse que el valduparense Juan K Ricardo tomaría su lugar. “Llegaron terceros que mejor me reservo nombres y hasta ahí llegó todo, después él mismo Kaleth me lo dijo y listo, cada quien siguió en lo suyo”, dice el acordeonero sin resentimientos.

Con pases innovadores

Juan K Ricardo fue el acordeonero con el que grabó su único álbum La hora de la verdad, prensado en 2005 por Sony BMG Music Entretainment. ‘El galán del vallenato’ cuenta que algo que convirtieron en una marca registrada fueron los pitos y bombardinos, a los que el difunto le dio gran protagonismo. “La mayoría de los pases eran míos y en vivo le metíamos algo tipo rock o salsa. A él le gustaba innovar mucho, en De millón a cero, metió las notas de Casi un hechizo de Jerry Rivera quien era uno de sus ídolos, porque él era salsero, el vallenato le empezó a gustar fue con Ella tiene todo, de Wilfran Castillo”.

Como hermano mayor, Kaleth demostró siempre un carácter fuerte ante Kanner y Keyne. Kaleth Morales en uno de sus días de jardín escolar.

Algo por lo que se caracterizaron Los Muchachones fue por ponerle nombre a cada pase. Fue así como en sus presentaciones en vivo se hicieron muy famosos el del Torero, La Conquista, Los Cazafantasmas, La Sorpresa y el del Final. 

“También popularizó palabras como ‘El viaje’, ‘Fundingue’ y ‘Llegó la hora de la verdad’, los jóvenes las usaban en cada esquina”.

Juan K cuenta que tal como se lo dijo Silvestre Dangond en cierta ocasión, se quedó con la duda de saber qué más pasaría en el vallenato si Kaleth viviera, debido a que su agrupación ya hacía canciones más atrevidas como De millón a cero con acróstico incluido. 

“A mí también me quedó la inquietud porque ya él estaba componiendo a otro nivel. Yo tenía mucha química con Kaleth, que era un excelente productor, hoy sin duda seguiríamos en la cúspide”, concluyó Ricardo que hoy lanzará una nueva versión de Que mal hicimos, junto al cantante Álex Martínez, quien le dio vida a Kaleth en la película Vivo en el limbo (2015).

Amigo a prueba de todo  

Samuel ‘Sasa’ Ramírez, su mejor amigo, manifestó que desde que se conocieron en el colegio El Carmelo de Valledupar, se convirtió en su cómplice de aventuras. “Para mí fue un gran apoyo porque siempre tenía el consejo indicado para darme, era muy sincero y me aterrizaba. La última vez que nos vimos me dijo que me cuidara y gracias a Dios es lo que he tratado de hacer todo este tiempo”.

Sasa, quien tenía carnet de la agrupación y era considerado otro de Los Muchachones, pese a no saber tocar ningún instrumento, contó que siempre le vivía poniendo retos al cantautor con la finalidad de que este sacara lo mejor de sí y conquistara el mundo. “Una vez le dije que íbamos a probar qué tan pegado estaba, ya Vivo en el limbo era éxito nacional, así que nos debíamos ir para las playas de Bocagrande sin un peso y allá nos rebuscaríamos. Él aceptó y le pidió una guitarra prestada a un músico que se estaba rebuscando, algo insólito, luego se puso a cantar y llegó bastante gente, yo me puse a recoger plata y nos alcanzó para comer a la carta, beber y regresar en taxi. La gente lo reconoció y fue un momento muy bacano”.

La amistad entre Kaleth y Sasa fue tan fuerte que en su honor el artista bautizó a su único hijo varón Samuel Miguel. Para devolverle los honores, la empresa de Sasa, quien es ingeniero civil, se llama Kontroller S.A.S., con ‘K’. “Me decía que yo lo llenaba de seguridad y por eso tenía que estar en la tarima así sea de brazos cruzados. Cuando no podía ir, me saludaba como loco, fue un gran amigo y extraño conversar mucho con él de nuestra cotidianidad”.

El legado continúa

Samuel Miguel Morales Castilla, hijo del artista, quiere continuar con el legado de su padre. A sus 15 años acaba de entrar por primera vez a estudios para grabar un mosaico que incluye las canciones El guante, La purita verdad, Mis cinco sentidos, Derrotado en el dolor y A blanco y negro, la favorita de su padre.

El joven nacido en Cartagena, pero que se ha criado en Hatonuevo (La Guajira), contó que desde pequeño descubrió su talento para la música y comenzó a componer. Se convirtió en uno de los compositores más jóvenes del vallenato al conquistar a los 8 años la corona de Rey Aficionado con el tema Los niños son de Dios, en la edición 17 del Festival de la Integración Minera de Albania (La Guajira). “Desde entonces no he parado, pasé por el reality La Voz Kids, en el que empiezo a tomarme en serio esto de sostener el legado de mi padre. A la gente le gusta mi estilo, dicen que mi voz le recuerda mucho a su ídolo y eso me indica que voy por buen camino”.

Físicamente le dicen que también se parece mucho en sus ojos, la sonrisa y en su manera de bailar. Aunque no conoció a su padre, tiene una imagen muy positiva de él, la cual se ha podido armar a partir de comentarios de familiares, amigos y ‘kalethistas’.

“Me cuentan que tenía un carácter fuerte, que era perfeccionista, muy profesional y centrado en sus cosas, sencillo y carismático. Yo quiero ser como él”.

Su madre, María Del Pilar Castilla Ortiz, le contó cómo se conoció con su papá, una anécdota que a él le causa mucha gracia. “Ella caminaba por la universidad con sus amigos y vio pasar al muchacho y dijo que era feito, él la escuchó y al día siguiente le preguntó por qué había dicho eso sino lo conocía a fondo, ella se echó a reír y nació el romance”.

Samuel Miguel reitera que “a futuro” se ve en la música, pero también quiere ir a la universidad, “para estar bien preparado”. “Quiero estudiar comunicación como mi hermana Katrinalieth. Con ella tengo una bonita relación, pese a que nos vemos de año en año, cada vez que nos encontramos nos entregamos más cariño, quiero grabar algo junto a ella que también está cantando”.

Un serenatero empedernido

Su hermano Kanner Morales destacó que una vez Kaleth aprendió a tocar guitarra, lo primero que hacía era preguntar a sus hermanos y amigos si tenían novia para serenatearla, ese se volvió su mejor plan. 

“Una vez fuimos a serenatear en el barrio El Cerrito (Valledupar) a la novia de un amigo nuestro al que llamamos ‘El Gordo’, y el papá de la muchacha salió con una pistola y nos pegó una correteada que nos obligó a dejar ese plan por un buen tiempo”, contó entre carcajadas.

Dos meses antes de su muerte, le ofreció una serenata a su hija Katrinalieth (La Chacha de las mujeres). Le cantó Hija de Diomedes. “Quizás se comenzó a despedir de sus seres queridos, parece una historia sacada de una novela”.

Kanner explicó que el despertador de la casa era su hermano mayor y que diariamente desde las seis de la mañana agarraba su guitarra y empezaba a componer, se paseaba por la sala, el patio y la terraza, no le daba pena que escucháramos sus declaraciones de amor”.

Al preguntarle sobre algún defecto de su hermano mayor, no vacila en decir que se salía de casillas cuando le llevaban la contraria. “Era muy certero en sus decisiones, eso le creó el mal hábito de que todo lo que decía había que aprobárselo. Una vez dijo que los músicos no eran indispensables, yo le dije que sí y frenó el carro y me dijo que como le volviera a llevar la contraria me iba a pie, hasta trompadas me ofreció (risas)”.

Su otro hermano, Keyner, entrega un dato curioso y es que no le gustaba que a su música le llamaran nueva ola, sino la propuesta diferente. “Se alimentó de la salsa, también escuchaba mucho a Laura Pausini, Enrique Iglesias, Música Americana (en especial la de Los Vengaboys) y champeta, eso lo llevó a ser un artista diferente”.

Keyner, quien fue corista de su agrupación, contó que cinco minutos antes de subirse al escenario se ponía a jugar con los músicos al teléfono roto, hacía mímicas y echaba muchos chistes para desesterarse. “Como hermano mayor tenía su carácter y la verdad es que era algo mal geniado, pero desde pequeño demostró que la disciplina es vital para lo que te propongas en la vida. Él siempre nos dijo que iba a ser el artista número uno del vallenato y lo cumplió, se marchó estando en la cúspide”.

Este joven que viajaba junto a Kaleth el día del fatídico accidente, indicó que lo último que le alcanzó a decir fue que la presentación que ofrecieron en el concierto Nuestra Tierra, organizado la emisora La Mega, en el estadio El Campín de Bogotá (asistieron unas 40.000 personas) fue un éxito rotundo. “Él solo se reía de esa hazaña, se marchó feliz”.

Hace cinco años Keyner tuvo un sueño en el que lo abrazó y le dijo lo mucho que lo amaba, algo que en vida no pudo hacer. “Ese sueño fue tan real que desperté en medio de lágrimas, eso fue el 11 de diciembre, un día antes de casarme”.

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