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Ana María Bidegaín nació en Suiza, tiene ancestros en Uruguay y vivió 20 años en Colombia, país del que obtuvo la ciudadanía. Tiene un doctorado en Ciencias Históricas de la Universidad de Louvain, es profesora de la Universidad de la Florida y lo fue, entre otras, de la de Harvard. Ha publicado, entre muchos otros textos y ensayos, dos libros: ‘Historia del Cristianismo en Colombia, corrientes y diversidad’ ( Taurus), y ‘Globalización y diversidad religiosa en Colombia’ (Universidad Nacional). Bidegaín conversó con EL HERALDO sobre política y religión, dos temas de palpitante actualidad.

Pregunta: No resultó cierta la pretensión de que la secularización fuera una consecuencia inevitable de la modernidad. ¿Cuáles factores, a su juicio, contribuyeron a que el mundo de los primeros años del tercer milenio parezca un mundo furiosamente religioso?

Pregunta: América Latina parecía el más inexpugnable bastión de la Iglesia Católica. De pronto, el crecimiento de las iglesias evangélicas y pentecostales significó no solo una marcha atrás de las esperadas expectativas laicistas, sino un retorno, a veces agresivo, a la sacralización de las organizaciones sociales. ¿Cómo perdió la iglesia Católica su hegemonía y su monopolio?

Pregunta: A mediados del siglo pasado, el Concilio Vaticano, la teología de la liberación y el acento en 'el pueblo de Dios' presagiaban una iglesia Católica progresista. Mientras ese debate planteaba confrontaciones internas en el catolicismo latinoamericano, las religiones voluntaristas del fundamentalismo ganaban imperceptiblemente terreno. La iglesia 'progresista' repitió el desprecio que los sectores más tradicionalistas sentían por esas iglesias poco ilustradas, desreguladas y populistas. ¿Qué pasó?

Pregunta: En la misma línea de la pregunta anterior, sorprende que la iglesia Católica haya escogido como su estrategia para enfrentar la competencia de las iglesias evangélicas el parecerse a ellas. En los años 70, Juan Pablo Segundo encabeza un giro hacia lo carismático. ¿Esa fue una fórmula para la 'entrega del mando'?

Pregunta: Es indudable que la crisis de sentido que acusan las naciones del mundo contemporáneo favoreció ese retorno hacia lo religioso. Secularización y laicismo vuelven a ser paradigmas improbables. Las tendencias de lo religioso serían, según sus propias palabras, 'un sendero hacia un estado pluriconfesional, afianzando sistemas tradicionales de clientelismo'. ¿Cómo recuperar el impulso hacia estados democráticos para 'el pueblo de Dios'?

Pregunta: Los hechos demostraron recientemente, con ocasión del plebiscito para la paz, la decisiva intervención de las iglesias evangélicas y similares en la votación por el ‘No’. En lo esencial, esa actitud fue justificada por sus propios protagonistas, como resultado de un inasible temor a lo que llamaron 'ideología de género'. Resulta poco menos que imposible entender que simples referencias al 'enfoque de género' en el Acuerdo con las Farc se convirtieran en una confusa asociación de peligros 'encriptados'. Lo sorprendente fue que a ello se sumó la iglesia Católica, parapetada en una 'neutralidad' que el Papa no postulaba, y un exótico 'lefebvrista'. ¿Cómo explicar que hayamos estropeado una posibilidad cierta de paz con semejantes niveles de irresponsabilidad?