El béisbol amaneció de luto este sábado con la muerte de Bobby Cox, uno de los dirigentes más influyentes en la historia de las Grandes Ligas y el hombre que lideró una de las dinastías más memorables de la pelota caliente moderna con los Bravos de Atlanta.
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Cox, exaltado al Salón de la Fama en 2014, falleció a los 84 años, dejando un legado gigantesco de 2.504 victorias como mánager, la cuarta mayor cantidad en la historia de Las Mayores, además de 15 títulos divisionales, cinco banderines de Liga Nacional y una inolvidable coronación en la Serie Mundial de 1995.
Su nombre está ligado para siempre a la historia de Atlanta, pero también ocupa un lugar en la carrera del barranquillero Édgar Rentería, a quien dirigió durante las temporadas de 2006 y 2007 con los Bravos.
Rentería llegó a Atlanta procedente de los Medias Rojas de Boston y bajo la conducción de Cox vivió dos campañas sólidas, reafirmando su prestigio como uno de los campocortos más consistentes de su generación.
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En 2006 bateó para .293, conectó 14 jonrones y remolcó 70 carreras, mientras que en 2007 elevó su promedio a .332, consolidándose como pieza clave del equipo antes de partir rumbo a los Tigres de Detroit.
Para Rentería, compartir clubhouse con Cox significó estar bajo la tutela de uno de los estrategas más respetados del juego, un dirigente reconocido por defender a sus jugadores como pocos. No por casualidad terminó con el récord histórico de expulsiones para un mánager: 158 en temporada regular y 161 contando postemporada.
La historia de Cox atravesó generaciones. Como jugador coincidió con Mickey Mantle en los New York Yankees de finales de los años 60. Como mánager moldeó carreras legendarias como la de Chipper Jones y construyó la estructura de pitcheo que convirtió a Atlanta en potencia con nombres como Tom Glavine, John Smoltz y Greg Maddux.
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Los Bravos lamentaron su partida con un emotivo comunicado en el que lo calificaron como “el mejor mánager que haya vestido el uniforme de Atlanta”, recordando que bajo su mando conquistaron 14 títulos divisionales consecutivos, una marca difícil de repetir.
Nacido el 21 de mayo de 1941 en Tulsa, Oklahoma, Cox dedicó más de medio siglo al béisbol, primero como jugador, luego como coach, gerente general y finalmente como uno de los mánagers más exitosos de todos los tiempos.
Su legado no solo vive en Cooperstown o en la historia de Atlanta. También permanece en la memoria de jugadores como Rentería, que durante dos temporadas fueron dirigidos por un hombre que entendió el juego como pocos y que convirtió el dugout en una escuela de carácter, disciplina y pasión.
Con su partida, el béisbol despide a una leyenda. Y Barranquilla también recuerda al mánager que, por un par de temporadas, tuvo bajo su mando a uno de sus hijos más ilustres.

























