El país, a veces: cada tanto y mucho más cuando los “brillantes” dirigentes del fútbol colombiano decidieron realizar torneos exprés de cuatro meses. Sí, Junior es aún un equipo con mentalidad y comportamientos que alcanzan para ser protagonista en la Liga colombiana. Su condición de fuerza pasional de una sociedad se mantiene. También como fenómeno social y hasta una expresión cultural que Barranquilla acepta con orgullo.
Pero, el objetivo internacional, la expansión de las metas, el orgullo de representación, el ascenso histórico, la preparación institucional y deportiva da la impresión de que no son encarados con la ambición y el compromiso que hay que tener.
Allende las fronteras la calidad, la mística y la exigencia física y mental para soñar con el éxito tienen que ser de otro nivel. No se puede llevar el confortable bono que te da el sistema de campeonato que jugando con nivel de octavo alcanza, que la irregularidad en el juego no estorba, digo que esa irregularidad no sirve trastearla y confrontar al esforzado estilo de los rivales del continente. Los cuales en su mayoría no son necesariamente excelsos en fútbol, pero sí cuentan con una buena dosis de madurez, concentración máxima, intensidad física y voluntad de lucha innegociable.
Esas que aún Junior no pone al servicio de sus cualidades técnicas. Esta vez le tocaba superar a Cerro Porteño y a Sporting Cristal, nadie medianamente involucrado en el fútbol le iba a exigir ser primero en ese grupo con la presencia del Palmeiras, pero sí que consiguiera ser segundo y seguir en la vitrina internacional de la Copa Libertadores.
Acaso, ¿será posible para Junior replicar aquellas dos gestas continentales de 1994 y 2018? Por ahora el continente aún no es para él.







