Respira tranquilo. Se percibe paz en las declaraciones y en la vida de Ricardo Caraballo. A pesar de las dificultades con el idioma, la cultura y la alimentación de un país como Arabia Saudita, completamente diferente a Colombia, el delantero surgido en las canteras del Barranquilla FC se encuentra a gusto y motivado en aquellas lejanas tierras.
Al-Ittihad, el equipo que incorporó a Karim Benzemá cuando salió del Real Madrid (ahora se encuentra en Al-Hilal), adquirió a mediados de 2024 los derechos federativos y económicos del atacante barranquillero que integró la selección Colombia sub-15, en la cual fue goleador en el Torneo Sudamericano Paraguay-2019, con siete goles; el combinado sub-20, con el que alcanzó la medalla de bronce en los Juegos Sudamericanos Asunción-2022; y el seleccionado sub-23, con el que disputó los Juegos Panamericanos Santiago-2023.
Desde entonces ha estado jugando en dos equipos de la segunda división árabe a los cuales fue cedido para que se adaptara. Inicialmente llegó al Yeddah Club (2024-2025) y posteriormente a Al-Anwar Club, donde la viene rompiendo con siete goles en los últimos 10 partidos.
“En el Yeddah jugué cerca de 20 partidos e hice cuatro goles. Al principio fue difícil por la adaptación: una cultura diferente, el idioma, los terrenos de juego. Además, jugué en posiciones que no eran las habituales para mí, como extremo o por dentro. Lamentablemente, me perdí los últimos partidos por una lesión en el pie”, comentó Caraballo en diálogo con EL HERALDO.
“En Al-Anwar Club comencé como volante 10 y extremo, porque había un delantero brasileño (Tiago Bezerra) que era el titular. Él se lesionó y desde entonces he jugado como delantero centro (su posición natural). En los últimos 10 partidos he marcado siete goles”, agregó el currambero.
Aunque no alcanzó a jugar en Junior, el equipo de sus amores, pasar del Barranquilla FC al balompié de Arabia le representó una notable mejora salarial a Caraballo. “Gracias a Dios es un mejor contrato que el que tenía en Colombia. Firmé por tres años”.

LA ADAPTACIÓN
Cuando Jhon Char Warner, su representante, le habló de la posibilidad de ir a un país que desconocía por completo, Ricardo tenía claro que era un desafío mayúsculo, pero no se arrugó, dijo sí y se ha acoplado a todo lo que se le ha ido presentando.
Mira con total respeto y como un aprendizaje cada situación diferente a sus costumbres. El riguroso ayuno de los musulmanes durante el Ramadán es quizá lo que más le ha asombrado.
“Ha sido una experiencia bonita. Es una cultura muy distinta, especialmente por la religión. Uno siempre trata de respetar sus creencias. Por ejemplo, durante el Ramadán entrenábamos y ellos paraban para orar. No podían tomar agua durante toda la práctica. Los sudamericanos aprovechábamos para quedarnos tocando el balón mientras ellos cumplían con sus oraciones”.
Ricardo Caraballo se encuentra junto a su esposa, María José Bula, en Hotat Bani Tamim, una ciudad pequeña, de unos 40 mil habitantes, a 135 km de Riad, la capital de Arabia Saudita.
“No es tan calurosa como otras que llegan a 42 o 43 grados, por eso se entrena en la noche. Acá es de 30 o 31 grados la temperatura. Me duermo tarde y me levanto cerca del mediodía. Entrenamos en la tarde. A veces salgo a un café o a cenar. Hay un centro comercial pequeño. No es grande la ciudad, hay pocas opciones”.
En cuanto a la vestimenta, las mujeres árabes suelen vestir en público con la tradicional abaya, que es una túnica larga y suelta, generalmente de color negro, que cubre la ropa cotidiana. Caraballo y su esposa no usan ese tipo de indumentarias, pero procuran ser recatados.
“Mi esposa trata de vestirse de manera prudente. No es obligatorio como tal, pero en algunas ocasiones le han sugerido que lo haga de cierta forma”, cuenta el futbolista. “Siempre tratamos de informarnos y respetar”.
No ha sufrido tanto con la gastronomía local porque su esposa le cocina platos colombianos. “En las concentraciones sí hay algunas comidas raras. A veces sirven carnes que uno no sabe qué son, pero saben bien. No hay problema si tienen buen sabor (risas)”.
En lo que tiene que ver con la comunicación, optó por aprender inglés. “Lo entiendo casi todo, aunque hablarlo cuesta. También me apoyo en los compañeros brasileños (Marlon, Tiago Bezerra y Rayka)”.
Sin embargo, sus camaradas árabes le han enseñado palabras básicas y algunas vulgaridades del idioma nativo. “El ambiente es agradable”.

SUSTO POR LA GUERRA
El conflicto bélico que involucra a Estados Unidos, Israel e Irán, también ha tocado a Arabia Saudita, que ha repelido ataques de misiles y drones del ejército iraní. Eso es algo que ha estresado a Caraballo y a su familia, pero están aferrados a Dios.
“Hubo una alerta hace poco. Acá todos los celulares reciben una señal y empiezan a vibrar y a sonar cuando hay una posibilidad de ataque, pero todo se controló. Yo estoy tranquilo, confiando en Dios”.
Ni siquiera eso lo ha hecho pensar en regresar a su tierra. Extraña a los suyos y sus costumbres, pero está mentalizado en cumplir a cabalidad con su contrato y ascender en su carrera profesional.
“Uno siempre extraña a Colombia y a la familia, pero por ahora quiero seguir acá en Al-Anwar. Quedan cinco partidos y luego veremos qué opciones aparecen con mi representante y qué decide Al-Ittihad”.
En el club dueño de sus derechos ha estado entrenando y ahí se cruzó con varios jugadores internacionales como Fabinho y Roberto Firmino, quienes fueron compañeros de Luis Díaz en el Liverpool. “Con Benzema nunca pude encontrarme”, apuntó.

SÍ LO RECOMENDARÍA
No le pierde pisada al Barranquilla FC y a Junior (“a veces me trasnocho para ver los partidos”), pero está feliz en el fútbol de Arabia. “Sí lo recomendaría a cualquier colega. Es un fútbol competitivo, rápido y con buenas condiciones. Ha crecido mucho”, opinó.
“Hay hinchada, sobre todo en los equipos grandes, pero no es tan apasionada como en Colombia. Es más respetuosa y menos violenta”, agregó.


























