El Heraldo
El escritor español Manuel Vilas durante su reciente visita a Colombia, en el Hay Festival Cartagena.
Wilfred Arias
Cultura

“El amor es un gran abismo, pero ahí está la clave de todo”: Manuel Vilas

El poeta y escritor español es el autor de ‘Ordesa’, una desgarradora novela considerada por Babelia (El País) como el mejor libro del 2018.

Para Manuel Vilas, el amarillo es un estado mental y es, también, un lugar. El lugar del dolor y el rencor. Cuando todo se colorea de amarillo, el ser humano sufre y se hunde en la inconsistencia. Amarillo –dice– es Ordesa (Alfaguara, 2018), su más reciente y desgarradora novela. 

En este relato, Vilas desnuda su propia existencia a través de la vida y pérdida de sus padres. Su libro ha sido considerado en España como el mejor de 2018 y es que en él, este poeta y escritor nos insta a hurgar en lo más profundo de nosotros mismos.

P.

“Ojalá pudiera medirse el dolor humano con números claros y no con palabras inciertas”. El inicio de ‘Ordesa’ tiene una fuerza que descoloca, ¿cómo llegó a él?

R.

 Fue después de la muerte de mi madre y mi padre. El libro está escrito después de la partida y pensaba en cómo no sabíamos de qué hablamos cuando hablamos de dolor. No lo podemos medir y ojalá pudiéramos para saber cuánto hemos sufrido. Lo que tiene medición tiene una mayor comprensión: esto cuesta 15 dólares, esto cuesta 40 dólares, esto mide tres metros. Lo que es susceptible de medir está en números, el dolor humano está en palabras. 

P.

Cerati dice que el amor es amarillo, pero para usted ese es el color del dolor, ¿por qué?

R.

El amarillo es un color que tiene un contenido simbólico muy distinto a otros colores como el rojo, el verde, el azul o el blanco. Pensé que en el amarillo cabía esa parte irracional del ser humano en donde está incluida la memoria, la nostalgia y la locura. El amarillo en la tauromaquia es el color de la mala suerte, los toreros no pueden llevar nada amarillo porque trae mala suerte. Es un color un poco desgraciado y al tiempo una palabra en español muy sonora. Amarillo. Me pareció un buena palabra para simbolizar el dolor y la pesadumbre, pero también el amor. 

P.

La novela es una declaración de amor a sus padres a través de la memoria. Y mucho del presente se explica desde el pasado, pero ¿qué tanto siente que se vive en el ayer o por los que han muerto?

R.

Uno tiene que enfrentarse a la desaparición de sus padres, pero todo lo que se vive con ellos es eterno y es un paraíso en la memoria. No sabes qué es lo más importante que ha habido en tu vida hasta que los pierdes. Cuando pierdes a tus padres te vuelves un poco loco: o vas al psiquiatra o escribes un libro. Yo escribí un libro, que es más barato (risas). Fuera de eso, yo hecho mucho de menos a mis padres, parece como si nada tuviese sentido sin ellos. Es el único amor incondicional que conozco. Los amores de pareja pueden ser muy intensos, pero acaban ¿Quién te quiere a ti? tu padre y tu madre. Igual sucede con el amor de ellos hacia uno. Si tienes hijos das la vida por ellos, por un amigo ¿darías la vida? no, no puedo en este momento. 

Creo que el libro en el fondo quiere contar historias de mi madre y mi padre porque cuando lo haces, es como si estuvieran vivos. Mi manera de no decirles adiós es metiéndolos en un libro. Si hubiese sido escultor, los hubiese esculpido en piedra. Yo quería ir a los límites del amor humano porque el amor es un gran abismo, un misterio, pero allí está la clave de todo.

 

P.

Usted describe a su madre como una “narradora caótica”, pero en la novela da la sensación de que ese caos al relatar es tan suyo como de ella, ¿ve algo de maravilloso en eso, en cómo reconocer esa herencia?

R.

Mi madre era una narradora caótica porque contaba las cosas en función de salir bien librada, pero era un desastre porque no te enterabas de lo que había pasado. Y sí, un niño acaba imitando a sus padres. Al final mi madre lo confundía todo y yo también. Mi madre se la pasaba en el médico quejándose, le fallaba el cuerpo y pensaba que había alguien responsable. Era la vejez pero no lo aceptaba. Los médicos, que no son magos, le hacían ver que tenía ya los huesos mal, pero esa interpretación no le servía. Y seguía yendo una y otra vez. Iba a los médicos a pedirles más vida, era una demanda de vida. Quería un cuerpo mejor de lo que tenía y eso me conmovía.

P.

¿Cómo quiere que lo recuerden sus hijos?

R.

Ellos van a tener un problema porque salen en el libro. Cuando sean mayores y lo lean y yo esté muerto, se echarán a llorar. Dirán “coño, mi papá era un buen tipo”, pero ya será tarde. Es un malentendido que se hereda también. Mi madre me decía “ojalá tus hijos vengan tan poco a verte como tú me vienes a ver a mí, ojalá te quieran tan poco como tú me quieres a mí, lo que me hagas a mí, te harán ellos a ti”. 

P.

La crítica ha elogiado a ‘Ordesa’, en buena parte, por su potente carga retórica ¿qué tan consiente y qué tanto planeó lograrlo?

R.

Es una pregunta difícil de responder porque es mi taller literario, es un principio de la prosa. Tienen que sonar bien las frases, deben estar cargadas de sencillez y no debe haber nada que esté ya dicho, me refiero a la forma. Me obsesionaba que todo fuese muy personal, que nada fuese tópico. Si hablaba de mi padre no quería hacerlo como ya se había hablado de los padres en otros cien mil libros.

El autor

Manuel Vilas (Barbastro, 1962) es un poeta y narrador español. Entre sus libros de poesía destacan ‘El cielo’ (2000), ‘Resurrección’ (2005), ‘Calor’ (2008), ‘Gran Vilas’ (2012) y ‘El hundimiento’ (2015). Es autor de las novelas ‘España’ (2008), que fue elegida por la revista Quimera como una de las diez novelas más importantes en español de la primera década del siglo XXI; ‘Aire Nuestro’ (2009); ‘Los inmortales’ (2012), y ‘El luminoso regalo’ (2013).

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