La plataforma Netflix sumó a su catálogo este viernes una propuesta cruda de cacería titulada Ápex. A lo largo de una hora y treinta y cinco minutos, la cámara persigue a Sasha, una mujer que intenta procesar un duelo interno probando su propia capacidad de resistencia en los accidentados paisajes de Australia.
Lo que arranca como una caminata dura pero terapéutica, choca de frente con el horror cuando la protagonista se convierte de golpe en el trofeo de un depredador humano. Charlize Theron, Taron Egerton y Eric Bana lideran una producción que cambió el confort de la tecnología por la mugre del mundo físico.
El encargado de guiar este nivel de desgaste físico y mental es Baltasar Kormákur. El cineasta desistió de la idea de rodar durante meses frente a paredes de color verde brillante. Originalmente, el libreto firmado por Jeremy Robbins situaba los eventos en bosques de Estados Unidos. Pero el equipo necesitaba clima cálido para una época puntual del rodaje y, tras evaluar los costos, empacaron las cámaras rumbo al hemisferio sur. Australia no solo ofreció beneficios contables, sino que reescribió las reglas del juego estético.
“A medida que empecé a investigar, sentí que era en realidad una gran idea ubicar la película aquí y realmente usar la naturaleza australiana, que es única, y construir la película más en torno a eso”, explicó Kormákur sobre su volantazo creativo. “Al usar la naturaleza y ubicaciones reales tanto como podamos, llevas al público a un mundo y una experiencia que es demasiado rara en el cine de hoy”.
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Pisar esas locaciones fue una pesadilla de logística. Técnicos, cámaras y productores terminaron nadando y caminando descalzos sobre rocas filosas únicamente para acceder a ciertas cuevas aisladas en el Gran Cañón del Parque Nacional de las Montañas Azules australiano.
Kormákur utiliza estos dolores de cabeza operativos como combustible dramático. “El obstáculo es lo que buscas; la fricción entre tu idea y el obstáculo es a menudo donde se crea el arte”, aseguró el director. El cineasta sostiene que eliminar las barreras logísticas vuelve al cine un arte plástico, demasiado fácil y predecible.

“Me rompió el cuerpo”
Theron, quien figura como actriz central y productora respaldada por socios como Peter Chernin y Jenno Topping, abrazó sin quejas la brutalidad del método. “Me rompió el cuerpo, y estoy muy agradecida”, confesó sobre el nivel de exigencia que enfrentó.
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La voluntad de la ganadora del Óscar sorprendió a todo el equipo desde las jornadas iniciales. Había que grabar una secuencia saltando desde gran altura hacia un pozo de agua natural y Theron se lanzó al vacío sin dudar un segundo. “Ella saltó, y luego quería hacerlo de nuevo y de nuevo: ‘Lo haré mejor’“, recordó el director, viendo la cara de terror del resto de los productores. Theron entiende la película sin dar vueltas analíticas innecesarias: “Se trata de una mujer que se encuentra en el bosque con un asesino en serie, y ella tiene que ganar”.
Cumplir con las demandas del guion forzó a la protagonista a entrenar destrezas inéditas. Tuvo que aprender a dominar la pared bajo las órdenes de Beth Rodden, una mujer legendaria en los círculos de la escalada. El fanatismo por la disciplina fue inmediato.
“Me enamoré absolutamente de la escalada y quiero continuarla”, contó Theron. Notó rápidamente las coincidencias neurológicas entre buscar el agarre perfecto en una piedra y su trabajo de toda la vida frente al lente.
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“En ambas, la escalada y la actuación, estás tomando decisiones constantemente, ajustando, respondiendo a lo que tienes frente a ti y a lo que tu cuerpo te está diciendo”, reflexionó la artista. Sin embargo, delimitó bien los riesgos y aplaudió el coraje de las atletas olímpicas River Mutton y Luuka Jones, responsables de poner el cuerpo en las bajadas violentas en kayak. Su regla de oro en el set fue directa: “Yo hago la acción, ellos hacen las acrobacias de riesgo”. Cuando le tocó subir la roca libremente, Lawrence Sher, el director de fotografía, simplemente ordenó seguir sus movimientos erráticos para lograr un realismo orgánico, olvidando cualquier coreografía estructurada.

Su contraparte
Enfrentando a Sasha aparece Ben, interpretado por Taron Egerton. El actor venía cabalgando el pico de visualizaciones de la película Carry-On y sentía una urgencia enorme por desfigurar su reputación de tipo correcto.
La chance de meterse en la cabeza de un asesino sociópata le cayó del cielo. “Cuando me ofrecieron la oportunidad de interpretar a Ben, que es casi el personaje más jodido que he interpretado, había algo delicioso e irresistible en ello”, admitió Egerton.
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Desde el minuto cero quiso alejarse del cliché del ermitaño barbudo cortador de leña. Propuso a los directivos que el villano actuara con la inestabilidad de un niño pequeño jugando a fingir que controla un territorio de adultos.
“Muchas de las cosas que hace en la película están en realidad sacadas de mi propia vida”, reveló el británico, recordando los sonidos agudos, gritos de entusiasmo y los movimientos nerviosos que él mismo hacía de chico cuando jugaba persecuciones.
Para lograr la silueta de un sujeto que caza truchas y mastica arándanos para sobrevivir, Egerton cambió los fierros del gimnasio tradicional por entrenamientos focalizados en la capacidad aeróbica. “Necesitaba la fuerza física y ser lo suficientemente ligero para hacer lo que se requería, y lucir magro y fibroso, más como un escalador que como un adicto al gimnasio”, precisó sobre su mutación física.

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Pasar largas horas entre la tierra sintonizó con sus propias críticas hacia Hollywood. Según el intérprete, en un contexto actual contaminado por la falsificación visual y la inteligencia artificial, salir al mundo exterior a grabar marca una enorme diferencia para el tono de cualquier filme. Las lastimaduras menores se volvieron moneda corriente para todo el reparto, un recordatorio de que estaban alejados del asfalto.
Compartir la mugre y el cansancio blindó la relación laboral entre los protagonistas. Incluso considerando las escenas iniciales aportadas por el talentoso Eric Bana como Tommy, Theron dedicó palabras pesadas a su enemigo de ficción. “Taron Egerton es uno de los cinco mejores actores con los que he trabajado en toda mi vida”, aseguró, agregando que su presencia la dejó respirar aliviada frente al peso dual de producir y actuar. Egerton le devolvió la pared destacando la locura técnica de la actriz. “Charlize es probablemente uno de los actores, si no el actor, más trabajador que he conocido. Ella realmente vive para este tipo de producciones”, valoró el joven actor.
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