Barranquilla recibirá este 7 y 8 de febrero a más de 140 jóvenes venezolanos que no llegan solo a desfilar, sino a contar una historia. Se trata de Fundasur, la Banda Escuela Sur del Lago, ganadora del Festival Internacional de Bandas Marciales Ciudad de la Luna 2025, realizado en Chía, Cundinamarca, y que ahora hará parte del Festival de Bandas del Carnaval de Barranquilla.
Su presencia en la ciudad es la consecuencia directa de un proyecto educativo que comenzó después de la pandemia, cuando en el Liceo Lunita de Chía buscaron una forma de volver a motivar a los estudiantes tras el encierro.
“El Festival de Bandas Marciales nace como un proyecto de aula después de pandemia, después del 2020, en el año 2021. Buscamos un proyecto que lograra cautivar a los chicos y que los motivara después de venir de un aislamiento forzado”, cuenta Elizabeth Barrera, rectora de la institución y directora del Festival Ciudad de la Luna.
Lo que empezó como una banda escolar terminó convirtiéndose en un festival que hoy convoca a decenas de agrupaciones de Colombia y otros países. En 2023 reunieron 14 bandas. En 2024 fueron 24. En 2025, con la apertura internacional, llegaron delegaciones de El Salvador, Honduras, Guatemala, Venezuela y México. En total, 50 bandas marciales desfilaron por Chía.
“Los decretamos ganadores porque trajeron algo bellísimo a nuestro municipio. Nos enseñaron el valor humano, no solamente la fiesta en cuestión de música y arte, sino la parte humana, unimos lazos”, recuerda Barrera.
Esa presentación fue la que hoy los trae a Barranquilla.
Un intercambio que va más allá del desfile
La llegada de Fundasur hace parte de un intercambio cultural que involucra también a la delegación del Festival Ciudad de la Luna, encabezada por Elizabeth Barrera, el director musical Víctor Quintero y el representante de la Federación Bandística de Guatemala, Juan Ardany Pérez de León.
No es solo una invitación artística. Es el resultado de una red que se ha ido tejiendo entre festivales, instituciones educativas y procesos formativos en América Latina.
“Entramos a un grupo que maneja los medios para las bandas de Centroamérica y empezaron a invitarnos. Fuimos a El Salvador, después a Italia con una banda que participó en nuestro festival, recibimos un reconocimiento en Honduras y una invitación para sus fiestas patrias. Se empiezan a abrir puertas”, explica Barrera.
De hecho, ese reconocimiento en Honduras al trabajo educativo y cultural del festival acompaña simbólicamente esta visita a Barranquilla.

Lo que verá el público barranquillero
Barrera no duda cuando se le pregunta qué puede esperar la ciudad de esta presentación.
“Son 140 jóvenes integrantes en escena. Puede esperar pasión, disciplina, espectáculo, costumbre, amor de patria. Honestamente es una de las mejores bandas y por eso fueron galardonadas”.
Pero más allá del impacto visual, hay un contexto que le da peso a la visita de la banda venezolana.
“Todos conocemos el proceso que lleva Venezuela en este momento, y van a ustedes a deleitarse. Se les va a erizar la piel, su corazón va a saltar, porque así fue aquí en Chía”, dice.
Para ella, esta participación también tiene un valor simbólico: lograr que un proyecto nacido en un colegio llegue al Carnaval de Barranquilla.
“Nosotros dijimos: queremos algún día llegar a hacer algo tan bonito, tan bien montado y tan bien organizado como el Carnaval de Barranquilla”.
Cómo un festival cambió a un municipio
El Festival Ciudad de la Luna no solo creció en número de bandas. También cambió la dinámica de Chía. Colegios privados comenzaron a crear sus propias bandas. Las instituciones públicas se sumaron. El comercio, los hoteles y hasta el resguardo indígena del municipio se preparan cada año para el evento.
“Ya es algo que espera el municipio. Los hoteles, la parte turística, la parte comercial, todos se vinculan”, señala Barrera.
Esa experiencia es la que ahora se conecta con Barranquilla, en una hermandad cultural que, según cuenta, ya ha sido conversada entre mandatarios locales.
La historia de Fundasur en el Carnaval es, en realidad, la historia de cómo un proyecto pedagógico terminó enlazando territorios.
Una banda escolar que se volvió festival. Un festival que se volvió internacional. Una banda venezolana que ganó en Cundinamarca y ahora desfila en el Caribe colombiano.
Y una rectora que resume todo con sencillez: “No podíamos ir con 300 niños a recorrer ciudades, así que dijimos: si no podemos ir, invitamos”.
Esa decisión hoy se escucha en redoblantes y cornetas en Barranquilla.





















