En medio de una etapa de cambios acelerados, donde la transformación empresarial se ha vuelto una condición para la supervivencia, PwC Colombia presentó el estudio “Valor en Movimiento”, un análisis que expone cómo las industrias, y en particular el sector financiero, enfrentan el desafío de reinventarse para capturar valor en un entorno global cada vez más incierto y dinámico. El informe parte de un contexto marcado por la disrupción tecnológica, la presión sobre los modelos de negocio tradicionales y una creciente volatilidad económica y geopolítica.
De acuerdo con la 29ª Encuesta Global de presidentes de PwC, el sector financiero opera hoy bajo la influencia simultánea de tres fuerzas determinantes: la inteligencia artificial (IA), el cambio climático y los riesgos geopolíticos. Estas tendencias no solo están transformando la forma de hacer negocios, sino que también están acelerando la velocidad a la que las organizaciones deben adaptarse. En América Latina, la principal preocupación de los altos ejecutivos del sector es si sus compañías están transformándose lo suficientemente rápido para mantenerse al ritmo de la tecnología, incluida la IA.
Aunque la inteligencia artificial ocupa hoy un lugar central en la conversación, en Colombia y en la Costa Caribe aún existe una oportunidad significativa para capitalizar su potencial en el sector financiero. Frente a este escenario, Eduardo Saavedra, socio de Riesgos y Actuaría de PwC Colombia, señala: “La IA va más allá de la eficiencia: es una oportunidad para crear nuevos productos y generar valor, mejorando la evaluación del riesgo crediticio y facilitando el acceso al financiamiento para pymes y emprendedores de la región”.
Si bien la adopción de esta tecnología avanza y ya se refleja en áreas clave como servicios de soporte, desarrollo de productos y experiencias, generación de demanda, definición estratégica y gestión de la satisfacción del cliente, los beneficios más transformadores aún están en proceso de consolidación. De hecho, según datos del estudio, solo el 30 % de los ejecutivos del sector financiero afirma haber obtenido resultados tangibles en los últimos meses.

En este contexto, Saavedra destaca que para materializar ese potencial en nuevos productos “el primer paso para las organizaciones es construir un marco sólido de gobernanza de IA, que defina roles claros, parta del entendimiento del negocio y de los datos, y asegure un diseño responsable de las soluciones, junto con un monitoreo continuo que genere confianza, impacto y sostenibilidad”.
A este escenario se suman los efectos del cambio climático y las tensiones geopolíticas, que están modificando las preferencias de los clientes, habilitando nuevos modelos de negocio y difuminando las fronteras entre industrias. Cuatro de cada diez ejecutivos a nivel global reconocen que sus empresas están expuestas a pérdidas financieras significativas derivadas de riesgos climáticos en el corto plazo. Pese a ello, la integración sistemática de estos riesgos en la toma de decisiones aún es limitada y se concentra principalmente en la cadena de suministro y el diseño de productos. En paralelo, aunque solo una minoría considera que la incertidumbre geopolítica afectará directamente las decisiones de inversión, las compañías ya planean fortalecer su ciberseguridad, ajustar sus cadenas de proveedores y, en algunos casos, retirarse de mercados considerados de alto riesgo.
Frente a este panorama, el estudio destaca que la resiliencia empresarial dependerá cada vez más de la colaboración intersectorial, las alianzas estratégicas y la adopción de modelos de negocio innovadores. La reinvención ya está en marcha: casi la mitad de los ejecutivos del sector financiero afirma que su empresa ha comenzado a competir en nuevos sectores durante los últimos cinco años, siendo la tecnología el principal foco de expansión hacia el futuro cercano. No obstante, los líderes también enfrentan desafíos estructurales. La mayoría de los trabajadores percibe un ritmo de cambio sin precedentes y cerca de la mitad de los directivos reconoce haber transformado su modelo de negocio demasiado pronto o demasiado tarde, lo que evidencia la complejidad de acertar en el momento adecuado para reinventarse.
De cara a 2035, PwC identifica tres megatendencias que tendrán un impacto decisivo en el sector financiero de la región. La IA continuará impulsando la productividad y la transformación laboral, con un crecimiento muy superior al de otros sectores y una demanda creciente de competencias especializadas. El cambio climático obligará a priorizar la descarbonización, la resiliencia y la innovación en productos financieros, como los seguros predictivos y el financiamiento de infraestructura sostenible. Por su parte, los cambios geopolíticos intensificarán la fragmentación regulatoria y reforzarán la necesidad de alianzas regionales y de mecanismos ágiles para cumplir normativas locales.

En este escenario, el monitoreo de la evolución de los clientes se vuelve crítico ante los riesgos geopolíticos y macroeconómicos. Al respecto, Yamile Sarmiento, socia de Auditoría y líder de la Oficina de Barranquilla de PwC Colombia señala:” a nivel nacional y regional se observa una atención creciente sobre los aranceles, dado su potencial impacto en los márgenes, los costos de los insumos y la cadena de suministro”, factores que pueden estar estrechamente influenciados por las tensiones geopolíticas y la volatilidad cambiaria, incidiendo principalmente en los sectores productivos. En línea con ello, agrega que “en el contexto nacional, el mayor costo del endeudamiento y la volatilidad política hacen necesario fortalecer y ajustar las estrategias operativas y financieras de los principales sectores del país”.
En este contexto, la reconfiguración de las industrias refuerza el rol del sector financiero como habilitador clave para viabilizar proyectos, gestionar riesgos y acompañar la transformación productiva. Según el estudio, esta relevancia se reflejará en un crecimiento sostenido del valor del sector en América Latina, que pasará de 0,40 trillones de dólares en 2023 a 0,49 trillones en 2035. De este modo, el sector financiero se consolida como un actor estratégico para conectar industrias y fortalecer la colaboración intersectorial en un entorno cada vez más desafiante.
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