El Heraldo
Colombia

Desgarrador testimonio de un hombre abusado en el marco del conflicto armado

Los subregistros de hombres víctimas de violencia sexual en Colombia reportan que 1.462 fueron abusados en el marco del conflicto armado en el país.

Era el final de la década de los 80. La horrible noche se tornaba cada vez más oscura en Colombia y 1989 fue el año en el que el país se sumió en una pesadilla de violencia. Conocido por los historiadores por ser el año más violento de nuestra historia reciente, marcado por hechos como el magnicidio de Luis Carlos Galán, masacres, bombas, y múltiples homicidios selectivos. 

Ese año por primera vez, hasta el momento única vez en la historia, el país se quedó sin un campeón de fútbol, pues el asesinato del árbitro Álvaro Ortega obligó al Gobierno nacional a suspender el campeonato y mientras el país lamentaba la suspensión del torneo  un niño, de 14 años, oriundo de Sitionuevo, Magdalena, cargaba sobre sus hombros el peso del conflicto armado. 

Felipe*, hoy con 46 años y radicado en una pequeña casa de dos habitaciones en un corregimiento de Baranoa, recuerda, como si fuera ayer, aquella tarde de 1989 en la que cuatro integrantes de un grupo armado le cambiaron el rumbo de su vida. Él a sus 14 años, fue violado, torturado, amputado y desplazado.

“Vivía en Sitionuevo con mi familia y mis abuelos vivían casi llegando a Remolino. Un domingo mi mamá me levantó temprano para que fuera con el burrito a buscar frutas donde mis abuelos, estuve con ellos recogiendo las verduras y a eso de las 4 de la tarde mis padres me mandaron la razón de que me regresara al pueblo y así lo hice. Cuando iba a mitad de camino aparecieron unas personas armadas con fusiles, cuatro de ellos se me atravesaron”, relató Felipe.

Yo le pedía tanto a Dios que esa gente por fin se fuera, que terminará ya, pero ellos se regresaron a comprobar si estaba muerto.

Para ese entonces, el Magdalena se encontraba en una guerra territorial entre los grupos de autodefensa armada conformados por Hernán Giraldo y el Bloque Magdalena Medio de las Farc-Ep. “Tenían el pueblo azotado, mi mamá nos mantenía ocultos, porque muchacho que veían se lo llevaban a las filas”, mencionó Felipe.

“Iba con mi burrito cargado de frutas cuando esos hombres me gritaron que me quedara quieto y empezaron a decir que yo llevaba drogas en el burro. Yo les dije que no, que lo que llevaba era frutas para vender en la casa, ellos rompieron todos los sacos y tiraron toda la fruta al suelo y mataron al burrito, le dieron un tiro en la cabeza”, relató.

 

En esa trocha, en medio de la nada, los cuatro hombres armados desnudaron a Felipe a la fuerza y asimismo lo arrastraron hasta una zona enmontada. Tres décadas después, Felipe aún no puede evitar las lágrimas al recordar que “mientras dos de ellos me agarraban, otro me violaba, y así fueron pasándose los unos con los otros”. Narró que “luego de que abusaron de mí empezaron a golpearme, esperaban matarme a golpes,  porque entre ellos discutían que era mejor que el comandante de ellos no se enterara de lo que habían hecho conmigo”.

“Me golpearon con los fusiles hasta que quede relativamente inconsciente y pensaron que yo ya estaba muerto, era imposible verme, porque estaba completamente lleno de sangre, cuando pensé que por fin había terminado se devolvieron a comprobar si estaba muerto, yo le pedía tanto a Dios que esa gente se fuera, uno de ellos me cogió el brazo izquierdo, sacó una machetilla y me cortó el dedo meñique, no sé cómo pude aguantar el dolor y como no reaccioné, pensaron que efectivamente ya estaba muerto y se fueron”.

Cuatro meses en estado de coma, amnesia temporal y la condena de por vida de convertirse en una persona fármacodependiente para contener los nervios fue el resultado para Felipe de haberse convertido en un número más en la estadística de las víctimas del conflicto armado en Colombia.

Registros

Según datos del Centro Nacional de Memoria Histórica  (CNMH) y la información recopilada por el Observatorio de Memoria y Conflicto (OMC) a corte del 31 de marzo de 2021, un total de 1.462 hombres han sido víctimas de violencia sexual en el marco del conflicto armado. De los cuales 406, es decir, un 27,7 %, se perpetraron en la región Caribe.

Asimismo, este medio conoció que 160 de estos casos se presentaron en el Magdalena, 82 en Bolívar, 60 en La Guajira, 52 en Cesar, 28 en Córdoba, 18 en Sucre y 6 en Atlántico.

Lo que se busca en el momento que un actor armado victimiza de manera sexual a un hombre es feminizar ese cuerpo.

Una visión

De la violencia sexual en el conflicto armado se habla todo el tiempo, pero ¿qué sucede cuando la víctima es un hombre? Eliana Toncel, antropóloga y documentadora de la Comisión de la Verdad en el Magdalena en lo que respecta a violencia de género masculina, afirma que es el “silencio y los registros a medias” lo que se tiene cuando de abuso sexual masculino se trata.

“Para los hombres es difícil por el tema de roles, de esa característica de fuerza que se les ha dado evita que ellos hablen de lo que les pasó, porque pierden la confianza y la autoestima”. Explica la documentadora que “en Colombia hay un desconocimiento en las cifras reales, porque la mayoría de casos estos no se denunciaron”.

Toncel agrega que “lo que ocurre en el momento que un actor armado victimiza de manera sexual a un hombre es feminizar ese cuerpo; porque históricamente y lastimosamente el cuerpo que se ha usado y se ha explotado como si fuera de uso público es el de la mujer; así que lo que se hace es feminizar el concepto de género para controlar la reacción comunitaria, porque en las zonas rurales la responsabilidad de la familia aún reposa en el hombre y que él pierda ese carácter de defensa, al inferiorizarlo construye patrones de silencio”.

Agrega la antropóloga que la forma correcta de llamar a la información que se tiene en Colombia es “un subregistro” de estos hechos, pues el carácter de humillación y mancillación que se dio con este sometimiento permeó el lograr una cifra real.

“Da vergüenza asumir lo que a uno le pasó”, fueron las palabras de Felipe, quien tomó valor de relatar su historia a la Unidad de Víctimas hace siete años, 25 años después de lo ocurrido, cuando el peso de su historia le fue demasiado para continuar en silencio.

*El nombre principal de este relato fue modificado por protección de la integridad moral de su protagonista.

La violencia sexual masculina y la relación con el despojo de tierras

Según Eliana Toncel, para los años 80 y 90 “los grupos armados, en especial el paramilitarismo, encontraron en la violencia de género hacia los hombres un modo de sellar el dominio territorial. Las violencias sexuales cumplieron un lugar fundamental para sellar el despojo de tierras, en su mayoría hay una relación directa con la violación a hombres rurales y la posterior situación de desplazamiento forzado para estos”. 

Estos casos se presentaron en su mayoría en zona rural del Magdalena medio y se centró en “adultos mayores y jóvenes en edad laboral campesina para varias intervenciones especificas, una para favorecer rentas con el despojo de tierra, porque estos corregimientos del Magdalena ofrecían para ellos facilidad de ocultarse y de alimentarse, y otra función de la protección de sus intereses por su característica de ‘militarización civil’”, explica Toncel. Los registros del OMC reportan que, efectivamente, los grupos paramilitares fueron los responsables en la mayoría de los casos de violencia sexual masculina. De los 1.462 reportados en el país, 509 fueron responsabilidad de estos, y de los 406 denunciados en el Caribe 172 fueron de autoría de los mismos (paramlitares). 

De igual forma, Toncel explica que el desplazamiento se daba también a través de otras practicas como “la violencia sexual hacia niños y jóvenes rurales, y la dominación del sujeto masculino desde obligaciones a servirles domésticamente y humillar o mancillar la dignidad masculina al obligar a hombres rurales a limpiarles todo el cuerpo, incluyendo sus partes íntimas. Todo enmarcado en el carácter de humillación para lograr el dominio social y territorial de los pueblos”.

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