El reciente accidente aéreo en el Putumayo, que cobró la vida de decenas de miembros de la fuerza pública, volvió a evidenciar las limitaciones y retos del transporte militar en Colombia. La tragedia ha generado un nuevo debate sobre la necesidad de reforzar la flota, especialmente con aeronaves de carga como el C-130 Hércules, fundamentales para operaciones en zonas remotas.
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Así lo manifestó en entrevista con Blu Radio el coronel en retiro Jhonny López Giraldo, expiloto de este tipo de avión, quien detalló los requerimientos técnicos y operativos necesarios para pilotear una de las naves más robustas de la Fuerza Aeroespacial Colombiana.
Asímismo, López Giraldo, que estuvo al mando del Hércules durante dos años y medio, explicó que convertirse en piloto de esta aeronave exige un proceso de formación prolongado. “Se requieren cursos en tierra, entrenamiento en simuladores en el exterior y, sobre todo, miles de horas de vuelo. Para ser comandante se exigen más de 2.000 horas como piloto y más de 4.000 horas totales”.
Además, describió al Hércules como un avión preparado para enfrentar condiciones extremas. Su diseño de alas altas y sus cuatro motores le permite operar en pistas no acondicionadas, habituales en regiones apartadas del país. “Es un avión todo terreno, hecho para soportar situaciones difíciles, desde aterrizajes en pistas cortas hasta condiciones meteorológicas adversas”.
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Respecto al accidente, el coronel fue enfático en que cualquier conjetura debe ser analizada con rigor técnico. Aunque se ha planteado la posibilidad de un choque con vegetación, advirtió que no se puede determinar la causa sin una investigación completa. “Cualquier aeronave que golpee un obstáculo puede tener fallas, pero determinar si eso fue lo que ocurrió es algo que solo pueden establecer las autoridades competentes”.
Además, destacó la relevancia de evaluar las condiciones de los aeropuertos, particularmente en zonas sin torre de control. Según explicó, existen normas precisas sobre la eliminación de obstáculos alrededor de las pistas, las cuales deben considerarse en el análisis del accidente.
López Giraldo también destacó la meticulosidad con la que se realiza el mantenimiento de las aeronaves militares en Colombia. Señaló que se mantiene una disciplina estricta, donde “lo que está en el manual es sagrado”, y ningún avión se eleva si no cumple a cabalidad con todos los requisitos técnicos, independientemente de la urgencia de las operaciones.
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No obstante, reconoció que las restricciones presupuestales han obligado a depender de aeronaves antiguas, aunque modernizadas. “A estos aviones se les hace una remanufacturación completa, se actualizan sistemas y pueden seguir operando de forma segura. Pero eso no sustituye la necesidad de equipos nuevos”.
En ese sentido, hizo un llamado a fortalecer la capacidad de transporte aéreo militar. “Colombia necesita más aeronaves de este tipo. No es suficiente con las que hay actualmente para atender la demanda diaria de operaciones”.
Además, insistió en que el talento humano de la Fuerza Aeroespacial Colombiana es uno de sus mayores activos, pero que requiere respaldo en inversión. “Estamos preparados, tenemos la experiencia. Lo que necesitamos son recursos. Necesitamos Hércules nuevos”.





















