Erasmo Rodríguez Sandoval, profesor del Departamento de Ingeniería Civil y Agrícola de la Universidad Nacional, advierte que las inundaciones en Córdoba no son solo efecto de las lluvias, sino el resultado de décadas de ocupación desordenada y decisiones que han ignorado el comportamiento natural del río Sinú.
“Las lluvias han sido intensas pero no inesperadas, pues las crecientes forman parte de la dinámica histórica de esta región. Lo verdaderamente alarmante es que, décadas después de inundaciones similares, el territorio se siga ocupando y planificando dándole la espalda al agua”, aseveró el experto.
Indica que en este caso en uno de los meses usualmente secos, en un día llovió el equivalente a la lluvia promedio de todo febrero: “Los suelos, ya saturados por precipitaciones previas, no pudieron absorber más agua. El resultado fue una respuesta hidrológica extraordinaria en la cuenca del Sinú: los caudales que ingresaron al embalse de Urrá I alcanzaron valores hasta 18 veces superiores al promedio histórico para esta época del año.
Expone Rodríguez que la expansión urbana sobre estas planicies, la ocupación informal del territorio, la presión por suelo barato y la débil articulación entre instrumentos de planeación —Plan de Ordenamiento Territorial (POT) y Plan de Ordenación y Manejo de Cuencas Hidrográficas (POMCA)— han incrementado la exposición al riesgo: “En Colombia la gestión territorial sigue siendo fragmentada, reactiva y muchas veces desconectada de la realidad hidrológica, y por lo tanto se requiere un ordenamiento territorial alrededor del agua, en el que la unidad básica de planificación sea la cuenca hidrográfica”.
Dice el catedrático que la iinfraestructura gris —canalizaciones, drenajes, jarillones, incluso diques fusibles— se debería complementar con infraestructura verde y soluciones basadas en la naturaleza. Soluciones como los Sistemas Urbanos de Drenaje Sostenible, la restauración de humedales, la reconexión de planicies de inundación y la recuperación de corredores fluviales pueden reducir la energía de las crecientes y disminuir la vulnerabilidad estructural; y aunque estas no sustituyen la ingeniería tradicional, sí la hacen más resiliente.
“Paralelamente, es urgente fortalecer la formación de hidrometeorólogos y especialistas en modelación hidrometeorológica, encargados de simular escenarios de lluvia, escorrentía y comportamiento de cuencas para anticipar impacto en el país, además de incrementar los recursos para las entidades responsables del monitoreo y pronóstico en distintas escalas espaciales y temporales. La información científica no puede seguir siendo un insumo marginal en la toma de decisiones públicas, y en este sentido en este momento sería deseable que la academia y las sociedades profesionales estuvieran apoyando en el territorio la toma de decisiones de entidades como la Corporación Autónoma Regional del Valle del Sinú (CVS)”, sostiene.
Explica que en regiones como Córdoba, en donde las inundaciones forman parte de la memoria colectiva, fortalecer ese conocimiento local y convertirlo en herramienta de acción es tan importante como construir obras hidráulicas: “La educación ambiental se debe incorporar permanentemente en organizaciones sociales y procesos de planeación, promoviendo así la comprensión del ciclo del agua y la función ecológica de las planicies de inundación”.
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Y concluye que lo ocurrido en Córdoba no es solo el resultado de lluvias extraordinarias o de sedimentación en los cauces: es la manifestación acumulada de decisiones territoriales que durante décadas han ignorado la lógica natural del agua: “La variabilidad climática y el cambio climático intensifican los eventos extremos, pero son nuestras decisiones —cómo construimos, dónde construimos, cómo planificamos, qué priorizamos— las que convierten un fenómeno natural en una catástrofe social”.
“Si Colombia sigue respondiendo con reconstrucciones en los mismos lugares y bajo los mismos esquemas, la historia se repetirá. Cada evento extremo será más costoso y más doloroso que el anterior. Córdoba necesita no solo ayudas humanitarias: necesita una transformación profunda en su ordenamiento territorial, en su gestión del riesgo y en su gobernanza del agua. La verdadera pregunta no es cuándo volverá a inundarse el Sinú —o cualquier otra cuenca del país—, la pregunta es si, cuando eso ocurra seguiremos reaccionando como si fuera una sorpresa o si finalmente habremos entendido que convivir con el agua es más inteligente que intentar dominarla”, puntualiza el experto.





















