Como dos caras de una moneda, la Esther Forero que habló de la luna de Barranquilla que tiene una cosa que maravilla, también fue una luchadora adelantada a su época. La ‘novia de Barranquilla’ se enfrentaba a lo que parecía establecido y enalteció su rebeldía como bandera en una lucha que la engrandece tras el paso del tiempo.
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Para una muestra de esa verdad está ‘Disimúlame’, pieza con la que cuestionó el papel de una mujer que parecía no tener voz ni voto en la década de 1950.
'Esthercita tenía conciencia de clase y es algo muy marcado en su obra', menciona Álvaro Suescún, periodista que compartió en múltiples ocasiones con la artista. 'Fue una líder feminista cuando el mundo no hablaba de feminismo (…) en 1941 se tomó una foto con un atuendo de cumbiambero, es decir, con camisa y pantalón, cuando eso era absolutamente prohibido por la sociedad dominante'.
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Política y transgresora
Motivada por el amor hacia poeta Jorge Artel, Esther Forero no fue una mujer alejada de la escena política. Todo lo contrario. Según recuerda Suescún, fue seguidora de Jorge Eliécer Gaitán y en su juventud participó en las toldas liberales. Por esos días llegó La Violencia al país, traducida en la muerte del caudillo, lo que provocó que Esther y Artel partieran exiliados de Colombia.
Venezuela fue su primer destino. Llegaron tras recibir el respaldo del presidente Rómulo Gallegos, electo tres meses antes de que Gaitán muriera, es decir, en febrero de 1948.
Esther partió del país con el Caribe en su corazón y a los pocos meses vio a Gallegos ser despojado del poder en 1948 bajo un golpe militar. Rómulo partió exiliado a Cuba, mientras que Forero y Artel se dirigieron a una República Dominicana enardecida por la tiranía de Leónidas Trujillo. Allí nació la Esthercita compositora. Tenía 30 años y una aguda consciencia social, tan prendida en su corazón como la nostalgia hacia la Barranquilla que extrañaba.
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De allí también salió exiliada ante el valiente atrevimiento de su arte, luego de que compusiera la canción ‘Santo Domingo’, que describía cómo era la capital de la isla dominicana dominada por el implacable yugo de la tiranía.
Entonces fue a Puerto Rico, donde conoció a Rafael Hernández Marín, uno de los más grandes compositores de la historia. Bajo su tutela, Esther encontró una forma no explorada de convertir anécdotas en canciones y el éxito no tardó en llegar. Fue entonces tan popular que, desde la Billo’s Caracas hasta la posterior Fania All-Stars, todos querían grabar canciones de Esther. Y así sucedió.
Guacherna, el legado vivo
Viajera frecuente, sobre la década de 1960 Esther regresó a Barranquilla. Algunos años después propuso, en conjunto con amigos como Félix Chacuto y el pianista Rubén Alonso, replicar algo que vio durante sus viajes a Cuba: las congas, una fiesta nocturna que no existía en los Carnavales de la ciudad.
Con su propuesta también nació un himno inmarcesible, homónimo, que todos conocemos: la Guacherna.
'Al principio fue espontáneo, pero después tomó forma de desfile, que es el que todos conocemos (…) Esther conocía la tambora y su importancia en la gente, entonces cobraba especial importancia durante el trayecto', recuerda Mirtha Buelvas, psicóloga social que participó en la presentación de las carnestolendas ante la Unesco.
Por aquellos años, la Guacherna emulaba lo que había sido un sueño de Esthercita para Barranquilla estando en Cuba. Los ciudadanos salían con lámparas a gas y bailaban al son de los tambores. 'Era un paseo previo al Carnaval, pensado en la gente. Se quería representar todo el jolgorio nocturno de quien vive la fiesta', menciona Mirtha.
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Seguir contando la historia
Sin embargo, el tiempo pasó y el legado se ha visto languidecer. Por lo menos, así lo señala el historiador Moisés Pineda, quien conoció a Esther en vida.
'Ella lidió con la ceja levantada de una parte de la sociedad. Fue una mujer mítica y a su alrededor nació y creció la Guacherna (…) Pero actualmente el recorrido está resignificado, en algún punto uno llega a un ningún lugar', asegura Pineda.
Pineda propone que su trayecto vuelva a enaltecer las raíces de Las Congas de Cuba, recorriendo barrio Abajo como una ‘culebra’ que circule por las calles del sector y mantenga la fiesta entre los propios artífices.





















