El Heraldo
1. URI de Fiscalía. La víctima recibió la indicación de que debía trasladarse a la sede del Cavif, en el norte. 2. Cavif Aquí la respuesta fue que debía tomar un turno en horas de la tarde. 3. CAI Policía le dio indicaciones, pero aclaró que en ese lugar no atienden los casos. Josefina Villarreal
Barranquilla

Denunciar es el otro calvario de una mujer maltratada

Una víctima de violencia aceptó visitar, con un equipo periodístico de EL HERALDO, las instituciones a las que antes había acudido en busca de protección.

“Corre mami, te va a matar”, le gritó a Gloria* uno de sus tres hijos cuando vio a su papá sacar de su pantalón un trozo de metal filoso, y empuñarlo con la clara intención de agredirla. Fue uno de los diversos ataques –ya no recuerda el número exacto– que durante los últimos diez años le ha propinado su expareja. Estos hechos la han obligado a vivir escondida, a cambiar de domicilio frecuentemente a pesar de sus muy limitados recursos económicos y a vivir con físico miedo de encontrarlo a donde va.

Solo una denuncia pesa contra este hombre que le ha partido la cabeza, la ha golpeado, le ha provocado heridas en los brazos, ha atacado a sus acompañantes y la ha amenazado durante todo ese tiempo, incluso en los últimos tres años, el tiempo que llevan separados. Solo una denuncia porque, aparte del temor diario que se le ha traducido en problemas de salud y pesadillas constantes, se siente desprotegida de las autoridades. Totalmente abandonada de Estado.

“A veces cargo una navajita en el bolso por si me hace algo… es que ya no sé qué hacer, no quiero que me mate”, dice.

Esta mujer de 33 años que se gana la vida lavando, planchando o haciendo aseo en alguna casa, accedió a recorrer con EL HERALDO las instituciones a las que ha acudido para buscar protección, a fin de hacer evidentes esos ‘peros’ que la hicieron desistir de su intención de buscar justicia.

La Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía, en la calle 41 con carrera 41 centro de la ciudad, fue el primer lugar al que se dirigió en noviembre pasado, poco después de que su excompañero la golpeara con un objeto contundente al verla reunida con amigas.

“No sabía qué debía hacer. A pesar de la vida que llevaba nunca lo había denunciado. Pero ese día me dije: voy a hacerlo, lo voy a denunciar”.

Como le pasó en esa ocasión, mientras era acompañada por una periodista de EL HERALDO, los vigilantes no le permitieron entrar. Le dieron un trozo papel que dice: “Karrera 55 # 72 94  Caivas-Cavif, por el hotel del Prado (sic)”. Quien le impidió entrar le dijo: “Aquí no se atienden esos casos”.

Turno diarios
Ese día, en los muros y andenes contiguos a los inmuebles que estén frente la URI, por lo menos 15 personas permanecían sentadas y una que otra acostada. Algunas de ellas criticaron que debían esperar la hora de oficina para tomar un turno y así poder interponer su denuncia. “Esta es la sala de espera de la URI”, espetó un usuario en plena calle, bajo el sol.

Las denuncias son recibidas, en efecto, en horario de oficina y con turnos que entregan los vigilantes: 30 en la mañana y 25 en la tarde.

Como la indicación fue llegar al Centro de Atención a Víctimas de Violencia Intrafamiliar, Cavif, de la Fiscalía, ese fue el siguiente punto visitado. Allí fue donde esta víctima de la violencia pudo hacer su denuncia el año pasado. En ese lugar suscribió una especie de acuerdo con su victimario, quien se comprometió a no agredirla.

Hasta el momento en que regresó con este medio, Gloria no había vuelto por las mismas dos razones que se le interponen para todo en su vida: temor a salir a la calle y falta de dinero para transportarse.

“Es que esto me queda muy lejos, ahorita yo estoy viviendo en un municipio, imagínese lo que me toca gastar, pero el problema es que no tengo para hacerlo, a veces ni siquiera me alcanza para la comida de mis hijos”, contó.

Revictimización, lo llaman lo expertos en temas de violencia, en especial la de género. Gloria, que está recibiendo hace unos seis meses acompañamiento de la Red de Familiares de Víctimas de la Violencia y Feminicidios –aliada de la Red de Mujeres contra la Violencia–, dice que así se siente, “violentada una y otra vez”.

“Venga temprano”
En el Cavif el horario de atención es de 8 a.m. a 12 m y de 2 p.m. a 6 p.m. A la 1 de la tarde, por una ventana de la puerta de la vieja casona donde funciona este centro de atención, un funcionario le dijo a la mujer que debía “venir temprano y tomar turno”. La víctima había manifestado que quería saber cómo iba su caso porque su agresor seguía intimidándola.

Ante una pregunta de EL HERALDO sobre qué había pasado con la denuncia de Gloria, el Cavif respondió, en un correo electrónico, que la mujer –junto con su excompañero– acudió a una “audiencia de justicia restaurativa” en la que “manifestó que era su deseo someter su proceso” a este programa.

Víctima e indiciado firmaron un acta en la que se comprometieron a “asistir a un tratamiento psicológico” –el caso lo enviaron a la EPS Mutual Ser– que le “permitiera mejorar sus calidad de vida”.

Igualmente, el Cavif dijo que el indiciado se comprometió a “no volver a maltratar física y verbalmente a la víctima”.

La entidad dijo que en caso de que las partes manifiesten que no desean seguir en el programa de justicia Restaurativa, “la Fiscalía deberá continuar con el proceso penal por el delito de violencia intrafamiliar”.

Gloria dice que en aquel momento en el Cavif sintió que no tuvo más alternativa que llegar a un acuerdo. Recuerda, además, que llegó a pensar que debía sacrificarse por el bienestar de sus hijos y que tal vez las cosas mejorarían, pero no fue así. Por ello decidió seguir con su vida escondida.

El nuevo destino del recorrido fue el Centro de Atención Inmediata (CAI) de la Policía en Rebolo, al lado de la Cervecería Águila, al que una vez acudió. En aquel entonces lo que consiguió fue una respuesta displicente de un policía que le dijo que “para qué gastaba tiempo en eso”.

En esta ocasión fue atendida por otro agente de quien dijo, después, que “por lo menos fue amable” y hasta le dio las indicaciones que antes se habían negado a darle. “Tiene que ir al Cavif, a una Comisaría de Familia o a una Casa de Justicia, que es donde le reciben la denuncia”, le detalló el uniformado.

“¿Y si es una emergencia?”, le preguntó la periodista que iba de acompañante de Gloria: “Tiene que llamar al 123 de la Policía y preguntar por el número del cuadrante”, respondió el agente.

A merced de agresores
Rosiris Martínez, representante de la Red, es testigo del grave problema que vive Gloria. Pero lo peor, según dijo, es que hay muchos casos similares de mujeres maltratadas, que siguen sus vidas sin ninguna protección, a merced de sus agresores, y que, incluso, no tienen opciones distintas a dejar las denuncias estancadas.

“A veces –cuenta– a nosotros nos toca recogerles para ayudarles con el arriendo, con la comida, pero no tenemos ningún respaldo”.

Martínez se dedica a apoyar a las víctimas de la violencia de género desde que su hija de 25 años, Yuleidis Murcia, fue asesinada por su marido en el barrio La Luz, en septiembre de 2013. Después del crimen, amigas de Yuleidis le comentaron a la mamá que intentó, calladamente, denunciar; acudió a varias instituciones, pero desistió por la desatención.

En el país, de acuerdo con registros de casos que ha atendido Medicina Legal, 2.115 mujeres están en riesgo de ser asesinadas por sus parejas o exparejas.

El papel que le dieron a la víctima en la Unidad de Reacción Inmediata de la Fiscalía. 

Últimos dos casos
El pasado domingo 9 de agosto fue asesinada Viviana Lamadrid Márquez, enfermera de 30 años. La Policía informó, inicialmente, que no descartaba que fuese un suicidio, por como fue hallado el cadáver. Una teoría que se derrumbó el martes, cuando Didier Esmeral Ibáñez se presentó ante las autoridades y confesó que ahorcó a su esposa con un cinturón, en la casa donde vivían en el barrio San Vicente, en el municipio de Soledad. En audiencia ante un juez, Esmeral se allanó al cargo de feminicidio que un fiscal le imputó. Es el primer procesado por feminicidio en el Atlántico después de que entró en vigencia, el 6 de julio último, la ley que tipificó el delito. El mismo martes en la noche fue asesinada de un tiro en la cabeza Kelly Movilla Ayala, en el sector de Barranquillita. La vendedora de verduras, de 33 años, recibió un disparo en la cara de parte de un encapuchado en momentos en que limpiaba hortalizas.

Detenido. En una casa abandonada del barrio Villa Ester, en Malambo, investigadores de la Policía capturaron el viernes a Wiston Pereira Pedraza, señalado de matar a su pareja Diana Samper Parrao, de 42 años, quien estuvo hospitalizada desde el 21 de junio hasta el 6 de julio cuando murió. La mujer fue atacada a golpes con una pala y recibió cuchilladas en el cuello.

Este año, 18 intentos de feminicidios
Con corte al 4 de agosto de este año, la Secretaría de las Mujeres en el Atlántico ha recibido el reporte de 18 casos de intentos de feminicidios en el departamento. El área metropolitana registró 15 de los hechos. La estadística es la siguiente: Barranquilla, con 11 casos; Soledad, 4; Polonuevo, 2; y Luruaco, 1.

*El nombre y algunos datos de la víctima han sido alterados a petición de ella, por su seguridad.

 

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