En Loma de Arena —o Lomita Arena—, corregimiento de Santa Catalina (Bolívar), un sector comercial, conocido por sus habitantes como Zarabanda, se ha abierto paso con 19 locales en ambos costados de la carretera de la Vía al Mar desde hace tres décadas para convertirse en la principal fuente de ingresos de un promedio de 76 familias de escasos recursos.
Estos madres y padres de familia, que en su mayoría provienen del municipio anteriormente mencionado y de Luruaco, Atlántico, tienen como objetivo buscar los ingresos suficientes para sostener el hogar y brindarle una buena educación a sus hijos.
Ejemplo de ello es Mónica Miranda, una mujer de 46 años, quien se ha dedicado a las labores que demanda uno de los restaurantes de la zona durante 19 años, desde las 4:00 de la madrugada, hora en la que se abre el establecimiento hasta las 5:00 o 6:00 de la tarde, cuando finaliza su turno para darle paso a otros compañeros.
'Presto atención al pedido de los comensales, atiendo la vitrina surtida de dulces y chitos. Con lo que me gano he podido sostener a mis cuatro hijos, pues prácticamente este trabajo se ha convertido en la principal fuente laboral de Lomita Arena', manifiesta Miranda mientras despacha los productos que solicita un cliente.
De Luruaco a Lomita Arena
Debido a la cercanía con Luruaco, las arepas de huevo son el apoyo con el que los propietarios de cada negocio motivan al viajero a tomar una pausa en la carretera y degustar del plato típico hasta convencerlo.
Sin embargo, este alimento no es el único que se ofrece en esta zona. Ahuyamas, patillas, gajos de yuca y tamarindo son promocionados haciéndolos lucir colgados sobre cuerdas desplegadas a lo ancho de cada fachada.
Precisamente hortalizas y verduras es lo que almacena Roni Oliveros Siado en un estante que permite a los transeúntes detallar fácilmente los elementos en venta. Aunque empezó a administrar este puesto desde hace 13 años, sus padres lo pusieron en funcionamiento desde hace 32 años, cuando la Vía al Mar era la novedad en el sector.
'Nos vimos obligados a salir de Luruaco y llegar hasta acá por el comercio. Hay más turismo por aquí y gracias a Dios nos va bien. Pero obviamente las ventas se notan es en temporada, por ejemplo para Semana Santa y en los puentes festivos', indica Oliveros.
Sus productos, apetecidos por los ciudadanos de Barranquilla, oscilan entre los $12.000 y los $1.000, siendo la ahuyama, la más barata y la sandía, la fruta más cara.
Otra luruaquera que decidió asentarse definitivamente en territorio bolivarense buscando alzas en sus ingresos es Argenida Bassa de la Hoz, quien ofrece refrescos, desayunos, almuerzos y cenas a los conductores y los pasajeros esporádicos desde hace 26 años, por lo que sus colegas la identifican como una de las primeras en reubicarse sobre Zarabanda.
'De a poco he ido haciendo mis cuartos y trasladando mis cosas hasta acá, porque la salida al pueblo es difícil. Allá voy hasta cada tres meses y finalmente tomé la decisión de establecer mi negocio acá, ya que las ventas bajaron allá, mientras que acá las ventas son positivas a diario', explica la fémina de 69 años.
Una pausa en el destino
Si bien son los vendedores ambulantes son quienes les sacan el mayor provecho a las actividades expuestas a la orilla de la carretera, los transportadores y los viajeros también le sacan utilidad cuando se detienen a alimentarse o a hacer compras antes de su arribo al destino programado.
Tal es el caso de Martha Elena Gómez, quien acostumbra a ir y venir de Cartagena, su lugar de residencia, para Barranquilla diariamente. Pero al regreso, como si fuera un acto sagrado, se detiene en Zarabanda para almorzar y hacer el mercado en compañía de familiares.
'Ya esto es costumbre. Cuando llegamos acá compramos las chuletas de cerdo, el ñame, la yuca, o el jugo para llevar a la casa', sostiene.
Mientras que para el barranquillero Jairo Vargas, quien constantemente realiza diligencias entre las capitales del Atlántico y Bolívar, hacer una parada en esta zona comercial se ha convertido casi que en una obligación.
'Siempre que vengo de Cartagena me estaciono aquí, pues ya es prácticamente un hábito, una tradición llegar y pedir una arepa e’ huevo con una bebida refrescante', asegura mientras da un mordisco a su alimento harinoso.
A pesar de que no hay un día en el que no se deje de recibir clientes sobre estos terrenos áridos y soleados, son los fines de semana los periodos en los que más abunda la visita de los usuarios, especialmente en horas de la mañana, cuando las ventas fluyen, de acuerdo a las declaraciones de los vendedores.
Los vendedores de este lugar aseguran que, aunque es una actividad que ha involucrado hasta dos generaciones, con el paso de los años, evolucionará y seguirá sirviendo de soporte para las numerosas familias que habitan en esta zona de Atlántico y Bolívar, y también como posada momentánea para los transeúntes.
Arepas de huevo: la tradición que se alza en la canasta familiar de Luruaco
Cerca de un kilómetro es la extensión que cubre el corredor comercial de Luruaco (Atlántico), ubicado sobre la Cordialidad, donde son las arepas de huevo los productos que le dan la bienvenida al viajero que se desplaza en el sentido de Barranquilla a Cartagena.
Estratégicamente, son cubiertas en su totalidad por los propios fabricantes y vendedores en la vía con aluminio y papel con la intención de conservar el calor y la suavidad.
'Vengo a cumplir con unos compromisos laborales, pero obligatoriamente, antes de llegar al trabajo, paso por unas arepas de huevo en el municipio donde son tradicionales', manifiesta Henry Barraza, quien proviene de Barranquilla.
Sin embargo, las arepas de huevo no son las únicas degustaciones que sobresalen en este corredor, pues también se logran apreciar ventas estacionarias de carnes de res, como el cerdo, y el pescado. Incluso, conejos listos para cocinar. Asimismo, los gajos de plátanos, bananos, limones, ciruelas, entre otros productos, le ponen el color distinto al amarillo acostumbrado de las arepas, desde las 4:00 de la mañana.


