Hace tiempo que el Barrio Abajo dejó sus casas de bahareque y techo de paja. Su historia cuenta que, dejó además enterrado, las máscaras y hachas que los wayuu escondieron en sus patios.
'Por nada me muevo de este barrio', dice convencida Martha Amador, una morena, canosa y bajera que vende fritos y jugos en el callejón de Topacio con la calle Santana, hoy carrera 55 con calle 46.
Lo dice porque sabe lo que guarda el Bajo ‘Manhattan’, como algunos insisten en llamarle. Es uno de los barrios más antiguos de Barranquilla, hogar de auge comercial e industrial que trajo consigo la vía férrea y el tráfico por el río Magdalena. Epicentro carnavalero, bordillo de fiestas, corazón del barranquillero, matrona de marimondas, patrimonio de la ciudad.
Si antes fue visto como eje de desarrollo y cultura, hoy se proyecta como un museo a cielo abierto. En eso coinciden sus habitantes, sus empresarios y el Distrito, que ha regresado la mirada con inversiones al popular barrio.
'Nos estamos preparando para ser un hostal internacional. Aquí va a llegar de todo', vaticina José Ignacio ‘El Pavo’ Cassiani, un músico y exrey momo de 50 años, orgulloso de ser bajero.
El barrio
De acuerdo con los escritos del periodista Andrés Salcedo, la historia de Barrio Abajo se cuenta desde 1857, cuando el concejo Municipal le da la calidad de ciudad a Barranquilla y demarca tres zonas: Barrio Abajo, Barrio Arriba del Río y el Centro.
Sus vías antes eran callejones con nombres que pocos recuerdan, pero que otros atesoran. Hace más de 60 años, la carrera 50B era conocida como el callejón La Luz, por ser la primera vía en contar con el servicio de energía. La carrera 51 era originalmente Los Robles; la 52 se llamaba Primavera; la 53 Topacio y la 53B Alondra, entre otras.
Hoy desde el mapa, la figura que se dibuja es una extraña montaña y los puntos que lo delimitan, no podrían ser otros que escenario emblemáticos para Barranquilla. Barrio Abajo, que se encuentra localizado entre la calle 53 y la vía 40, y entre la carrera 54 y la carrera 46, colinda al nor-oriente con el nuevo Estadio de Béisbol Édgar Rentería, el Teatro Amira de la Rosa y la Alianza Francesa. Al suroccidente está la Catedral Metropolitana de Barranquilla y la Plaza de la Paz, y al suroccidente, el Centro Histórico de la ciudad, el Parque Cultural del Caribe, la Biblioteca Piloto del Caribe, y el Museo del Caribe.
Además, descansan sobre el barrio la Fundación Casa de Hierro, que promueve el arte literario, la popular y colorida Casa del Carnaval y más 2.000 metros cuadrados de técnicas de street art. (Ver imágenes arriba)
Caminar por sus vías implica encontrarse, con bajo porcentaje de error, con una fila de butifarras que en algún momento fueron perseguidas por un Pacman, con varios adultos de tercera edad jugando dominó, o tal vez parqués y, si están de vacaciones o ya hicieron sus tareas, niños jugando sanamente en la calle.
'La verdad sea dicha. Mi abuelo también dice que lo sacan de este barrio solo si es muerto', insiste Martha Amador, mientras se echa fresco con la mano en la puerta de su casa.
Para ella -como otros vecinos- el 'único problema' ha sido combatir entre el auge de las bodegas y 'el ideal' de un barrio residencial, pero que por el atractivo de su ubicación, se ha convertido en el punto de interés de los empresarios para comprar viviendas de familia y construir sus empresas.
En la cuadra de Amador, justo donde se encuentra la popular tienda de esquina Tokio, hay tres grandes fábricas. El resto son casitas abochornadas en una calle entre familiar e industrial, como es el resto del barrio.
Por esto, el Plan de Ordenamiento Territorial exige al Distrito un Plan Parcial de renovación urbana del Barrio Abajo, con el propósito de proteger este sector y dar un 'adecuado equilibrio' para que sean recuperados los núcleos urbanos (Ver recuadro)
El proyecto
En estos últimos cinco años, la inversión más significativa para el sector ha sido las obras del Par Vial de la Carrera 50, ejecutadas por Transmetro, que dejaron cuatro carriles de 3.5 metros cada uno y ciclorutas de 1.2 metros de ancho. Para lo anterior, se necesitaron unos $10.150 millones de pesos.
De acuerdo con el subgerente de Planeación e Infraestructura de Transmetro, Carlos Jimeno, 'la ampliación permite que el sector adquiera una importancia, y de acuerdo al POT, pase a ser más cultural e institucional'.
'El Par Vial separa al barrio residencial de una zona comercial que está entre la carrera 50 y la Olaya Herrera (carrera 46). Es decir, esa franja industrial va a quedar aislada del barrio en sí', explica Jimeno.
Destaca que, además, se logra que la fachada de la Aduana esté despejada, se generan diferentes puntos de encuentro cultural y se duplica la valorización de los predios ubicados allí.
Con sus trabajos en el corredor, la empresa proyecta a Barrio Abajo como un conector del Centro Histórico, la Avenida del Río, con barrio El Prado y el norte de la ciudad, que brinde espacios para ciclorutas y ciclovías.
Con respecto al ámbito cultural, el secretario de Cultura del Distrito, Juan Jaramillo, visualiza al barrio como un educador cultural, teniendo en cuenta los planes de la Alcaldía sobre construir la ‘Fábrica de la Cultura’, que será la primera sede institucional de la Escuela de Arte y Tradiciones Populares, EDA y que estará ubicada en la carrera 50 con calle 40.
'Esta será el ancla del barrio porque va a formar culturalmente a los barranquilleros y en especial a la generación joven', expresó Jaramillo.
El jefe de esta cartera resaltó además que el barrio contará con un Museo del Carnaval, que proyecta una inversión cercana a los $10.000 millones.
'Estamos trabajando en los diseños de esta obra y queremos que esté lista de cara a los Juegos Centroamericanos y del Caribe 2018', aseguró el jefe de esta cartera, quien hizo hincapié en que Barrio Abajo tendrá este año más Baila la Calle y Killart.
Según el Pot
La zona de conservación patrimonial del Centro Histórico comprende barrios como San Roque, Rosario, Centro y Barrio Abajo. De acuerdo con el anexo del POT, que establece condiciones urbanísticas, este tipo de sectores deben tener un tratamiento dependiendo del tipo de bien, que puede ser conservada integralmente, de tipo arquitectónica o contextual. La primera se caracteriza por su valor excepcional por lo que deben ser preservadas. La segunda permite modificación del tipo interno, siempre y cuando se mantenga la autenticidad de su estructura, mientras que en la tercera se permiten demoliciones y modificaciones.


