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De las armas a enseñar béisbol: la historia de un grupo de reinsertados

Cinco personas en proceso de retorno a la vida civil crearon “escuela de talento” para generar conciencia de no guerra en los niños de Barranquilla.

Entre las calles angostas del barrio El Pueblo, en el que muy pocas casas tienen nomenclatura y todas las direcciones parecen ser iguales, se encuentra lo que habitantes del sector han llamado como “el salón comunal”. Ubicado en la última cuadra de ese pequeño laberinto, donde si enfocas la vista en el horizonte, más allá del característico polvo que genera el arenal de una calle destapada y el matorral de una trocha que colinda con el arroyo de Las Malvinas, se puede visualizar la Avenida Ciudad Caribe. Justo allí, sobre piedras, arena, charcos y maleza se puede escuchar, sin esforzarse demasiado, el sonido del bateo, la risa de decenas de niños, y el alarido de darse aliento entre ellos mismos para ver si alguno, al fin, logra hacer un jonrón.

Para los niños del sector no existe una cancha. Hasta hace poco no tenían ningún implemento, pero con una improvisada indumentaria defensiva —los retazos de las ropas que ya no solían usar— vestían a su catcher; las ramas y los palos de las escobas —en lo que algunos llamarían “efecto cenicienta”— tenían el derecho de convertirse en bate por una tarde; y cualquier bola de papel, checa o tapa hacía las veces de pelota en un espontáneo juego que solo se resume en una cosa: amor al béisbol.

Nunca han estado solos

A pesar de las carencias, los niños van de la mano de un acompañamiento emocional, social y cultural de “la escuela de talento”, un proyecto de fortalecimiento comunitario que desarrollan los líderes comunales de ese barrio, entre ellos cinco exintegrantes de las Farc-Ep, que buscan transferir conocimientos en deportes, artes y cultura a los jóvenes con el fin de que estos aprovechen su tiempo libre.

Leonardo, un hombre de aproximadamente 50 años, de tez media y mirada sonriente es uno de los excombatientes que hoy, alejado del monte y las armas, empuña ideas de cambio y de la mano de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) busca devolverles a los niños “algo que pueda resarcir  cualquier impasse que haya cometido”.

“La iniciativa de empezar este trabajo comunitario estaba desde hace rato. Esta comunidad convive con diferentes factores del conflicto y lastimosamente nuestros niños y jóvenes no son ajenos a ello. A través de un proceso con la comunidad y en articulación con la ARN hemos tratado de mirar cómo podemos interactuar y aportarles a los niños para que el flagelo de la guerra no les golpee como nos golpeó a nosotros”, afirma Leonardo.

Con el apoyo de la ARN los niños recibieron sus implementos.

Con la voz pausada que lo caracteriza y fuera de la grabadora de voz, señalando a los niños, expresó: “Fue por ellos”, como respuesta a la inquietud de por qué había tomado la decisión de acogerse a un proceso de retorno a la vida civil. “Los niños necesitan saber que hay quienes creen en ellos”, culminó la frase Leonardo.

Cuando se firmó el Acuerdo de Paz en el año 2016, él y cinco compañeros más decidieron acogerse a este. Desde entonces han estado unidos en el proceso de mejora y embellecimiento de un barrio “por el que nadie daba ni un peso”, según afirman ellos mismos. El barrio El Pueblo, ubicado en el suroccidente de Barranquilla, en el año 2019 ocupó el puesto número 20 en el ranking de los 165 con más riñas en la ciudad.

De los seis excombatientes solo quedan cinco, uno de ellos falleció en medio de la cuarentena estricta que generó la Covid-19. Gustavo Pérez, a quien recuerdan con nostalgia, generó empleo a 58 familias del barrio en un taller de confecciones, que logró sacar adelante con el apoyo para proyectos productivos de la ARN, en el que hacían uniformes para los colegios y prendas carnavaleras, y en medio de la pandemia se convirtió en un taller de diseño de tapabocas, gorras con protector de ojos y uniformes para médicos. 

A mediados de mayo de 2020, en una entrevista que concedió a EL HERALDO, Pérez confesó que su sueño era “la fundación legal de una escuela que capacite a su gente y la planificación de una empresa comunitaria”, hoy parte de ese sueño de Gustavo se empieza a materializar.

“Creemos que esto es un comienzo. En unas facetas futuras esperamos vincular a los padres de los niños a los proyectos para ver si de una u otra forma se ayuda a desterrar esa estigmatización que tiene nuestra sociedad con los distintos sectores que conviven en ella”, explicó Leonardo.

Entre las acciones de la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN) está promover espacios de participación, empatía, convivencia, construcción de confianza y reconciliación entre habitantes de las comunidades y excombatientes. Por lo anterior, desde el año 2007, la Agencia ha liderado la implementación de Modelos de Fortalecimiento Comunitario (MFC), realizando 161 intervenciones en 122 municipios del país.

En su más reciente visita a esta casa editorial, Andrés Stapper director general de la ARN, afirmó que en el Atlántico se concentra un grupo de 64 exintegrantes de las Farc-Ep que adelantan su proceso de reincorporación en el departamento, principalmente en Barranquilla, Soledad, Malambo y Galapa. De estos, la agencia ha impulsado 17 proyectos productivos y comunitarios individuales.

“Los reincorporados no solo han logrado construir un futuro de oportunidades y han fortalecido sus habilidades, sino también impactan de manera positiva la sociedad poniendo sus conocimientos al beneficio de las comunidades”, aseguró Stapper.

Por el apoyo que la ARN ha brindado a este grupo de reinsertados hoy, los niños que hacen parte de “la escuela de talento” del barrio El Pueblo no tienen que usar la imaginación para practicar el béisbol. “Los profes”, como le llaman a Leonardo y su grupo, gestionaron para dotarlos de los implementos básicos para entrenarse en este deporte insignia de la región Caribe.  

“La proyección de lo que queremos hacer aquí es apoyar a 500 niños y eso demanda una infraestructura, pero nos estamos atreviendo a sacar adelante esta iniciativa, no sabemos cuánto tiempo duraremos en el proceso, pero ya empezamos que es lo más importante”, afirma otro de los afiliados al proyecto y quién es el encargado de entrenar a los pequeños.

El hombre de tez oscura y una edad un poco más avanzada que la de Leonardo afirma que “a los niños les gusta el beisbol, desde hace más de doce años en esta localidad se practica el deporte, se había acabado por falta de implementación, pero en el suroccidente de Barranquilla,en barrios como La Manga, La Paz, Los Olivos y El Pueblito, hay mucho talento”.

Este grupo de personas en proceso de reinserción y otros líderes comunales tienen el compromiso de brindarles a los niños del sector “una alternativa” y buscan para este 2021 el apoyo de la Alcaldía de Barranquilla para fortalecer la “escuela de talento” e impulsar procesos de formación ciudadana, empresarial, social, entre otros temas de interés comunitarios.

“No ha sido fácil, ha sido un acompañamiento de comunidad, jóvenes, adultos mayores, a través de la ARN focalizamos las necesidades de la comunidad, pero no lo hacíamos de frente por la situación de estigma que tiene la sociedad, lo visualizábamos como una proyección comunitaria, la finalidad es ayudar a la juventud del barrio que en vez de estar en las esquinas ‘vagando’ se fortalezcan en el deporte”, aseguró el hombre.

“No vamos a decir que tenemos el 100% de la aprobación del barrio, pero sí, la comunidad está viendo que nosotros hacemos algo para mejorar las cosas, y a pesar de todo lo que uno ha sido recibe el cariño y la gratitud de los niños. Esto no es para nosotros, es para la comunidad, para que vean que sí se está trabajando y para que pueda haber paz verdadera, porque los niños deben saber que ‘Mambrú no va a la guerra’ ”, finalizó.

Desde que inició el proceso de desmovilización de las Farc, 13.200 excombatientes han llegado a la ARN para recibir acompañamiento en su proceso de retorno a la sociedad y aunque una gran mayoría ha optado por una reincorporación social, pacífica, enfocada en la construcción ciudadana, sienten temor debido a la cantidad de excombatientes que han sido asesinados desde la firma del Acuerdo de Paz en el año 2016.

Algunos nombres en este artículo fueron omitidos y otros cambiados por seguridad.

El temor de los excombatientes

En lo que va del 2021, cuatro excombatientes de las Farc han sido asesinados. Durante el pasado 2020 se presentó el homicidio de 64 de estos. Desde la firma del Acuerdo de Paz en 2016 el Instituto de Estudios para el Desarrollo y la Paz (Indepaz) registra el asesinato de 253 firmantes del Acuerdo de Paz. Según informó la Agencia para la Reincorporación y la Normalización (ARN), las medidas de seguridad para los excombatientes se realizarán de manera regionalizada para lograr de esta forma brindar las garantías políticas y legales a reinsertados para que puedan culminar su proceso de manera exitosa.

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