Ángel Miguel Balaguera Jaimes no ha logrado encontrar las palabras para describir lo que han sido las últimas 72 horas de su vida. Lo mejor que puede llegar rebuscando dentro de su léxico es que está “abrumado” y “asustado”, aunque ha empezado a “asimilarlo todo”.
Pasó de ser un vendedor ambulante de tintos a ser una personalidad viral en redes sociales. Todo por cuenta de un personaje que se inventó con sus amigos y clientes para salir a vender, a punta de pedalazos, tinto en las calles de Barranquilla y así rebuscarse la vida. Esta historia inició hace cinco años cuando no pudo seguir desempeñando su oficio de peluquero, del que había trabajado toda su vida.
Ángel Miguel le contó a EL HERALDO que su emprendimiento nació por necesidad: “Me angustié en la pandemia. Quedé en cero trabajos en la peluquería y perdí todos los clientes, y yo venía anteriormente vendiendo un poco el café. La pandemia me obligó a meterme de lleno”.
De a poco, comenzó a hacerse un nombre entre sus clientes, surgió la amistad y el reconocimiento a su labor. Y es que no vendía un café cualquiera; los tintos que ofrecía, casualmente, todos han sido de la marca Juan Valdez.
Así que uno de sus amigos, Fidel Viviescas, le aconsejó ponerse el remoquete de ‘John Valdez’ y le regaló el uniforme: “Fidel me dio la idea y me regaló los uniformes, y yo porté ese uniforme con todo gusto y vea hasta dónde está dando”.
Su recorrido diario

Con el uniforme y su bicicleta cargada de termos, desde hace cinco años hace un recorrido ceremonioso.
“Yo empiezo a las 4:30 a. m. desde la carrera 41 con 69, bajo todo el bulevar de Siete Bocas, llego a los gimnasios por ahí, bajo a la carrera 38 con 52. Tipo 8:30 p. m., estoy arrancando para el parque Suri Salcedo y luego la calle 70 con 42, hasta la 45. Ahí se me cierra ya la venta, porque ya estoy agotado”, dijo.
En uno de esos viajes, le tomaron unas imágenes que circularon en redes sociales y llegaron a la marca Juan Valdez, el café más popular del país a nivel mundial.
Lejos de cualquier polémica por derechos de autor, les despertó ternura y llegaron a Barranquilla para buscarlo.
Se sorprendieron al saber que era cliente, pues los insumos que utilizan son de la empresa. El resultado: una dotación de un año de café para su emprendimiento y una bicicleta eléctrica para que pueda mejorar su recorrido.
“De pronto puede ser al estilo de Juan Valdez, que tenía una burra. Vamos a ver, recibo lo que sea, así sea un conejo”, expresó el hombre antes de recibir el regalo que le cambiará la vida.
Entre la tijera y el tinto

Aunque es santanderano, llegó hace más de 50 años a la ciudad a prestar el servicio militar y se quedó para siempre. Acá armó su peluquería y se tuvo que reinventar en el camino.
“Yo trabajo la peluquería a domicilio; a mí me llaman y cuadro el turno con la clientela. Esto va avanzando y los clientes me van solicitando. A veces vendiendo tinto me salen: ‘Oye, pero tú me puedes motilar’, pero no cargo con las herramientas”.
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Por eso les manda un mensaje claro a los emprendedores: “No tengan miedo, prueben, esto es de prueba y error. Que no le tengan miedo a los días malos. Es como con un aguacero: hoy llueve, pero mañana sale el sol”, cerró con serenidad.
















