Pocos han seguido con tanto detenimiento y juicio la historia de Barranquilla como el difunto historiador, cronista y dramaturgo Alfredo De la Espriella, quien no solo preservó la cultura ciudadana de la ciudad, sino que aportó por varias décadas a su crecimiento como director del Carnaval y redactor de muchos de los bandos de las reinas de las carnestolendas.
No fueron pocas las veces en que los académicos le consultaron sobre las razones que llevaron a que el 7 de abril se haya institucionalizado como el Día de Barranquilla.
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Y es que dicha fecha, en palabras de De la Espriella, encierra todo lo que define a la ciudad: “En 1813, Juan Manuel Rodríguez, presidente del estado soberano de Cartagena de Indias, reconoció una actitud heroica, el coraje y un valor civil de los barranquilleros que defendieron a Cartagena. Y en virtud de esa notable acción, la consagró con un título que pasaba de simple sitio a villa de Barlovento, capital del departamento de Tierra Adentro. Eso está consignado en un decreto que es el que nosotros hemos considerado nuestro punto de referencia de partida histórica, porque Barranquilla, como ustedes saben también, nunca fue fundada”.
Ese valor se supo ir mezclando con los años con el carácter alegre de los ciudadanos que erigieron a una ciudad que se pobló, pero que no se fundó de manera formal.
“El pueblo barranquillero fue un poblamiento, un lugar antiguo donde gentes populares, campesinos, negros libertos, indios mocaná, formaron el condominio social de aquel entonces”.
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Pausado y argumentativo, en más de una ocasión explicó que desde el Museo Romántico se propuso contribuir a la memoria histórica de la ciudad y por eso abrió las puertas del recinto un 7 de abril, pero de 1983.
Una mezcla única
En contraste, a la luz de los años, muchos investigadores y sociólogos han descrito las particularidades de una ciudad compleja, pero llamativa. Uno de ellos es Toni Celia, director del Programa de Arte y Cultura de la Universidad del Norte, quien compartió su perspectiva para EL HERALDO.
“Los valores que identifican al barranquillero son muchos y muy variados. Creo que cada persona tendrá los que cree que hacen parte fundamental de ese ser barranquillero”, agregó.
De esa mezcla de características entre lo afro, lo indígena, lo colono y lo europeo se creó un crisol interesante de aptitudes.
“Yo, personalmente, creo que la resiliencia es una de ellas. Esa resiliencia puede también significar o tener otras palabras como el rebusque o el perrenque, pero la resiliencia yo creo que es un valor fundamental del barranquillero en todas sus esferas socioeconómicas en la ciudad”, recalcó Celia a este medio.
Al tiempo, manifestó que dentro de esas características sociales se destaca “el humor, por supuesto, como parte fundamental de esos valores que tenemos. La amabilidad creo que también es otro de los valores muy propios del barranquillero; esos son solamente algunos”.
La fórmula no se altera
Celia señaló que la transformación urbana de Barranquilla, en especial durante los últimos 20 años, ha modificado muy poco el clima esencial de los principales valores de los ciudadanos.
“A pesar de que esta ciudad ha cambiado muchísimo en poco tiempo, realmente, unas cuantas décadas, desde el punto de vista estético, urbano, de crecimiento, etcétera, lo que se ha mantenido sin cambiar, o lo que se ha mantenido más estático en el tiempo, o más permanente, es el barranquillero”, recalcó.
Toni apuntó que lo que hace realmente importante a la ciudad es su gente: “Eso es lo que hace que esta ciudad sea tan atractiva. Esta ciudad sin el barranquillero es simplemente un cascarón con unas casas, unas vainas, unas partes lindas, otras no tan lindas, pero el barranquillero es el que hace a esta ciudad algo realmente especial”.
A su turno, el empresario Nicolás Renowitzky, colaborador habitual de esta casa editorial, tiene 80 años y desde hace varias décadas fue uno de los iniciadores de la Fundación Por Amor a Barranquilla. Por eso no titubea al decir que el crecimiento de la ciudad ha influenciado positivamente los valores de sus ciudadanos.
“Durante cuarenta y pico de años, mi tema recurrente para escribir columnas en EL HERALDO ha sido siempre Barranquilla y siempre tratando de aportarle, porque la ciudad tiene tantas cualidades y tiene también tantos retos que uno debe aprovechar estos espacios para ser propositivo”, comentó.
El renacer del orgullo
En ese marco, Renowitzky señaló que “hoy en día, Barranquilla es el mejor vividero que puede haber y lo digo no por mí, que vivo bien, sin problema; es por la cantidad de amigos relativamente nuevos, que en los últimos 5, 7, 10 o 15 años se han venido de otras tierras para acá”.
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En ese análisis sostuvo que “las últimas administraciones que ha tenido la ciudad y el cambio positivo que se ha dado estos últimos 20 años han influido positivamente en el orgullo del barranquillero, en el amor que le profesa a la ciudad y la forma de defenderla ante cualquiera; por eso no es en vano decir que ese sentido de pertenencia que hoy tenemos fue enriquecido en último tiempo”.
Es por eso que no dudó al decir que “el Día de Barranquilla, a la larga, para mí es el día de los barranquilleros también”, puesto que refleja todo lo que realmente hace especial esta ciudad, que es el clima de su gente.
Los valores que nos caracterizan, según la reina Michelle Char
Michelle Char Fernández, quien es la reina del Carnaval 2026, aseguró que el ADN del barranquillero está impregnado de diferentes valores: “Alegría, por la forma vibrante y espontánea con la que vivimos cada día; hospitalidad, porque somos una ciudad que se entrega con el corazón para hacer sentir a cada visitante como un barranquillero más; y pasión, ese motor que nos impulsa a darlo todo, a vivir con intensidad y a convertir cada momento en una celebración que deja huellas”.
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