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Pedrería, lentejuelas, hilos decorativos y fragmentos de palma de iraca coexisten en el taller de Tomás Urueta, un microcosmos en que cada detalle da cuenta del oficio de este artesano por 'accidente', quien a sus 81 años ha dejado una marca estética en la historia del Carnaval de Barranquilla con su arte y oficio.

'Yo soy profesor, pero la pedagogía no me ha dado a mí lo que ha dado el arte', dice con firmeza antes de abrir las puertas de su taller.

El maestro camina sin prisa, baja un muro que divide la terraza de su casa con lo que parece un garaje. Dice bromeando que los años pesan. Abre la puerta y salta a la vista un maniquí con una capa de congo, adornada con borde de encaje y figuras del Carnaval formadas por hileras de lentejuelas y apliques de piedra sobre el fondo negro.

'Esta capa la hice hace veinte años. Me la trajo un personaje para que la reparara. Ha pasado ya por cinco manos distintas y de tanta fiesta le quedaron estragos', comenta mientras toma, de la pedrería multicolor, una pieza redonda de un rojo intenso y la pega con cuidado sobre la capa.

'El año pasado me dieron una medalla en Carnaval S. A., y Carlos Anaya, un artista que fue estudiante mío, también me ofreció una distinción', cuenta Urueta, quien es pedagogo de profesión, pero artesano y director de teatro por vocación.

Fotos archivo EL HERALDO

María Alicia Gerlein, reina en 1997, fue una de las soberanas que lució las capas de plumas de Urueta.

La semilla del arte. 'Soy de Usiacurí, que es un territorio netamente artesanal, allí nací. Me trajeron a Barranquilla a los 7 años, llegué en el 41. Yo conocí el Carnaval en todo su esplendor original. Conocí a José Terán, también las danzas del Carnaval que no tenían mujeres. La Batalla de flores era en el Paseo Bolívar y las casetas alrededor... Barranquilla era sana en ese tiempo', expresa con añoranza.

En este contexto inicia la historia de Tomás Urueta como artesano, creador de bellos tocados para reinas. Para él, esta faceta de su vida comenzó de forma 'accidental'.

'Un día pasé por un almacén en que estaban haciendo un tejido parecido al de la palma de iraca, pero no les quedaba bien, así que llegué y les indiqué cómo era. Les dije que venía de Usiacurí y luego ellos me pidieron que me quedara para ayudarlos a crear adornos. Así comencé', cuenta el artesano, sin interrumpir su labor con la capa de congo.

'Trabajando allí se presentó un encargo que ellos no podían tomar y me recomendaron. Eso fue para el tiempo en que Ligia Salcedo era capitana del Country Club. Recuerdo que en esa época salieron a 5 mil pesos cada tocado', relata antes de describir detalles de la técnica perfeccionada desde entonces.

'Lo más trabajado siempre es la estructura, la base, allí radica todo. En Usiacurí, el alambre lo trabajamos bien porque se utiliza en la tejeduría del pueblo', explica, y añade que sus tocados fueron adquiriendo más calidad cuando empezó a trabajar con Sonia Osorio, de quien afirma aprendió el don de la espectacularidad; 'pero la influencia de la artesanía se la debo a mi mamá', recalca.

Su trabajo fue adquiriendo prestigio dentro de la esfera del Carnaval. Aunque no hay registros oficiales, y él tampoco lo recuerde con facilidad, muchas de las reinas lucieron sus creaciones, que complementaban los diseños de Amalín de Hazbún y Alfredo Barraza.

María Alicia Gerlein, reina del Carnaval de 1997, recuerda que a Tomás Urueta encargó varios de sus tocados. 'Entre todos los tocados que me diseñó, recuerdo con aprecio el que usé en la Gran Parada, que era de india Mokaná. Ha pasado el tiempo y sigue intacto', cuenta la exreina, quien señala que el prestigio del artesano fue creciendo por su experiencia, talento y originalidad.

'Este año no he hecho tantos tocados como antes. Solo el del Rey Momo y la Reina de Usiacurí de este año, porque son de mi pueblo. Ahora los estudiantes míos asumen varios encargos. No me molesta, porque están aplicando lo que les enseñé... y yo no voy a existir para siempre. ¡Imagínate, ya voy a cumplir 81 años!', dice entre carcajadas y luego agrega: 'cada adorno deja una experiencia, vivo por la satisfacción de hacer una cosa bella'.