El acto de entrega del proyecto CasaO11ce: Café/restaurante por la Paz y la Memoria en el municipio de Toluviejo, Sucre, por parte de la Embajada de Noruega y de las Naciones Unidas para el Desarrollo, estuvo marcado por una serie de momentos claves en los procesos de reconciliación y perdón.
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El más llamativo y que cerró la programación fue, sin embargo, el de siembra y perdón público –con manos estrechadas– entre las víctimas de los ‘falsos positivos’ de Toluviejo y los exintegrantes del Ejército Nacional, hoy comparecientes ante la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP).
Ante un selecto grupo de invitados a la entrega del proyecto, que además de ser un lugar de memoria y de dignificación de los 11 muchachos asesinados también será un sitio de productividad para las víctimas, el exsoldado profesional Carmelo Pereira Espitia reconoció haber participado en el reclutamiento de Ebin David Paternina Parra, el único menor de edad, y con discapacidad cognitiva, quien fue el último en ser llevado a la falsa promesa laboral que le costó la vida y de quien casi 19 años después aún su cuerpo no aparece.

Ratifica el perdón
Frente a él, lleno de mucha fortaleza y con la serenidad que solo da el perdón, Jesús Paternina Parra, hermano de Ebin David y quien para la época de los hechos tenía 15 años, se volvió a estrechar las manos con el confeso victimario y ratificó su perdón sanador.
Jesús expresó públicamente que, por su salud y por su paz mental, perdona y se reconcilia, a pesar de las críticas de sus coterráneos que lo tildan de rodearse con el asesino de su hermano.
“Han sido 19 años muy duros, en especial cuando llegan fechas como su cumpleaños. También lo recordamos con esa alegría y con las ganas siempre de trabajar, y es más doloroso no poder tener su cuerpo en el cementerio para llevarle flores, para visitarlo y recordarle lo importante que es para nosotros”, contó Jesús.
En la entrevista con EL HERALDO, se ratificó en que su perdón al soldado Pereira “es de corazón porque el odio y el rencor no le hacen bien al alma. Además, perdonar es de valientes y si me toca perdonarlo las veces que sea necesario lo haré a pesar de las críticas hacia mí que la gente tiene en la calle, olvidando que, como seres humanos, todos cometemos errores”, añadió Jesús, el único de los Paternina Parra que hace parte, de momento, del proyecto Casa O11ce, pues su mamá y su abuela materna se salieron de este y de la Asociación de Víctimas de Toluviejo Hijos de la Verdad, cuya representante legal es la psicóloga María Margarita Flórez, a quien le asesinaron en estos mismos hechos del año 2007 a Carlos Valeta Jiménez, quien era su compañero sentimental y padre de su hijo, que no alcanzó a conocer.
Este perdón y el de las otras familias toluviejanas no hubiera sido posible sin la intervención de la Confraternidad Colombiana, a cargo de Jorge Ganchazo, quien le propuso a una abogada que los comparecientes que ella representaba se podían vincular a la construcción de la Casa O11ce, tarea en la que estuvieron por cerca de seis meses en medio de un ambiente de tranquilidad y respeto que quedó, además, sentado en un contrato que fue leído el día que por primera vez víctimas y victimarios se encontraron de frente en el mismo sitio y donde los últimos también pidieron perdón.

“La confraternidad se ha convertido en el mayor apoyo para nosotros a través de su programa de justicia restaurativa, que es tan bello, tan bonito, que nos hace conocer el verdadero valor del perdón”, anotó Jesús.
El beneficiario directo de este perdón de Jesús Paternina Parra, el soldado Carmelo Pereira Espitia, resaltó que con este acto se ha ido un peso más que cargaba en su vida, aunque se duele porque el cadáver de Ebin David no ha aparecido. Aseguró que no descansará en insistir en su verdad sobre los hechos –tantas veces contados– para que se produzca el hallazgo y la cristiana sepultura.
Condujo a Ebin
Él recordó que estaba en la ciudad de Montería, de donde es nativo y residente, cuando el entonces teniente coronel Luis Fernando Borja Aristizábal lo llamó por celular para ordenar su trasladado a la ciudad de Sincelejo a buscar “un paquete”, que resultó ser Ebin David.
“Lo recogí en Sincelejo, en el sector del Mercado Viejo, y lo transporté hasta Sucre-Sucre, donde fue muerto. A mí me lo entregó un reclutador que no sé cómo se llama porque yo solo cumplí la orden de recogerlo”.
También trajo a la mente que esa “misión” la cumplió el 8 de agosto de 2007 y que al llegar a Sincelejo se le reportó al cabo Daza, como le ordenó Borja en calidad de comandante de la Fuerza de Tarea Conjunta de Sucre, a la que Pereira estaba asignado. Para llevar a Ebin a Sucre-Sucre lo hizo en una motocicleta, y debido al mal estado de la vía tuvieron que quedarse en la noche en una finca antes de ese municipio y al día siguiente el muchacho de Toluviejo ya se encontró con quienes le dieron un arma de fuego haciéndole saber, de forma engañosa, que iba a integrar Águilas Negras. Lo recibió el cabo primero Daza.
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El soldado aseguró que él había presenciado, el 9 de agosto al mediodía en Sucre-Sucre, la muerte de Ebin. Hubo balazos, y tras fallecer lo recogieron soldados campesinos y “hasta donde sé y por los exámenes de necropsia, el cuerpo debería reposar en Sucre-Sucre”, cementerio que ha sido objeto de tres intervenciones por parte de la Unidad de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas (UBPD), sin resultados positivos hasta el momento.
Sobre su trabajo en la construcción de Casa O11ce, el soldado Pereira sostuvo que, al principio, fue difícil por la vergüenza que sentía al tener que darles la cara a las personas a las que él les hizo daño con su participación, “pero poco a poco se ha convertido en algo gratificante y reconstructivo para mí al estar haciendo estos aportes de verdad y reparación, aunque no existe nada que alivie y olvide ese dolor que les causé”.
El soldado Pereira estuvo 20 de sus 46 años de vida en las filas del Ejército, pagó cinco años de prisión por estos hechos de ejecuciones extrajudiciales o ‘falsos positivos’ en una guarnición militar en la ciudad de Montería, tiene dos hijos, adelanta estudios profesionales en Derecho y quiere seguir aportando su verdad para que aparezca Ebin David.
Trabajo de sanación
Desde la Confraternidad Colombiana, a través de su Fundación Llevando Esperanzas, destacaron este proyecto de perdón y reconciliación, que es uno de los más de 35 que ellos han liderado en Colombia, todos con buenos resultados. Y anunció su próxima intervención en Chengue y El Salao, poblaciones de los Montes de María también afectadas por el conflicto armado.
“Los miembros de la Asociación de Víctimas de Toluviejo Hijos de la Verdad han salido de ese estatus de víctimas con nuestro programa restaurativo y ahora son sobrevivientes que han salido adelante con sus propias manos”, anotó Jorge Ganchazo, indicando que el perdón tarda, pero llega y en todo el proceso “Dios está con nosotros para acompañarnos, sanarnos y darnos la fortaleza. Somos unos facilitadores de la justicia restaurativa y creemos en las segundas oportunidades”.
Roberto Vidal López, magistrado de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP), también presente en este acto, destacó en su integridad el proyecto Casa O11ce, “porque es la muestra de la construcción de la reparación desde las mismas víctimas”.
“Es una muestra maravillosa de lo que podemos lograr aplicando la justicia como una herramienta para construir la paz. Aquí la justicia no obra como un mecanismo de castigo, sino que lo que trata es de apoyar a las víctimas, cosa que la cárcel no puede hacer. Aquí hay una gran organización de las víctimas. Además, la justicia restaurativa ha logrado, en este caso, un proceso transformador en los victimarios que valoran la segunda oportunidad”. Agregó que Casa O11ce ayuda también a reconstruir a la sociedad, “por lo que esto es un gran ejemplo para Colombia”.





















